Afuera hay un viento bastante cálido, es el viento anunciador de lluvias. Estoy solo en casa. Hoy no hablaré con Claudia ya que no puedo moverme de aquí. Sé que en estos precisos instantes (lo sé, lo siento en mi pecho y no es metáfora ni exageración, lo juro) ella piensa en mí. Hay algo esotérico en los últimos sucesos, algo como mágico. Ayer ella me dijo que el sur era el lugar que ella elegiría para morir, yo le dije que si era así a mi me gustaría morir con ella; es decir, no morir onda de suicidarnos o algo por el estilo sino que lo imaginamos como el lugar para terminar la vida que nos queda. Lo dije y lo pensé sinceramente, al menos en ese instante lo pensé así; otra coincidencia ya que el sur de Chile es el lugar que siempre ha estado en mi imaginario soñador y alucinado. ¡Por dios¡, ¿qué es todo esto?, hago el tonto. Sé que también ella tiene iguales dudas, que su pecho se le estremece y que se siente tonta. Necesito fuerzas y una mano por favor para asumir lo que viene. Yo llamé a Claudia, grité tan fuerte con toda mi piel, mi cuerpo y energía, lo hice y alguien escuchó. Me queda algo de optimismo delirante y él me dice que Claudia es un regalo, ¡chuta¡ tengo que ser digno de tamaño regalo, y fuerte, muy fuerte.
Sé que tus dudas respecto a mí han de ser monstruosas, Claudia; lo se, mi princesa y sé que lloras y tienes miedo, tal vez el más grande miedo de tu vida porque deberás salir de tu infierno y caminar por entre la nada sin saber a ciencia cierta si más allá habrá otro infierno o sólo existe el tuyo y sola tú eres en este mundo, sola tú entre todas las mujeres, entre todos los hombres, entre todas las piedras, entre todas las montañas, entre todos los bosques.
¿Quién se apropió de la memoria?
Hace 1 semana