miércoles, 4 de noviembre de 2009

CONDENADA (Parte 8).

Cuando la mujer fue desnudada, sus frenéticos movimientos hicieron que recibiera innumerables patadas en el suelo de parte de los custodios hasta que cayó en la inconsciencia, luego, arrastrando se la llevaron de vuelta por la galería, camino al ascensor. La marcha se reanudó, esta vez con sólo el gordo delante. Caminaron mucho rato antes de dar una vuelta en una esquina; las dos mujeres habían pensado que la galería tan sólo era un estrecho túnel recto, pero había otros perpendiculares a éste.
Al doblar la esquina se vieron las mismas celdas con abiertas rejas en las paredes y en el suelo, mas algunas tenían sus rejas cerradas y dentro a sus reclusas; en la mayoría de ellas las prisioneras estaban todas apretujadas entre sí. En compartimentos hábiles para dar lugar a una reclusa con dificultad, podían verse hasta tres; sus caras presionadas contra las rejas revelaban una inmensa angustia e incomodidad, gemían y gemían y, las que podían hacerlo, extendían sus manos al ver pasar a los custodios, implorando agua. Si el hedor era inmenso en las celdas vacías, este se volvía insufrible en las ocupadas, mezcla de sudor, flujo menstrual y mierda. Cada tanto comenzaron a ver prisioneras encadenadas a los aros fijados a la pared, ya sea colgadas de las muñecas o de cabeza, colgadas de los tobillos; en todos los casos sus cuerpos, cruzados por rayas sanguinolentas, revelaban haber sido flagelados con ferocidad. Al doblar otra esquina, una reclusa era doblemente penetrada por dos custodios, uno adelante y otro detrás, estaban en medio del laberinto y obstruían el paso; el gordo se limitó a mover las cejas a sus colegas en señal de saludo sin manifestar la menor sorpresa ninguno de los hombres. Si bien la compañera de Claudia no gemía ni expresaba una conducta intranquila, demostraba su desazón a través de las profusas lágrimas que se iban derramando por su cara. Después de pasar por el lado de los dos hombres que violaban a la reclusa, el gordo se volvió y dirigiéndose a Claudia dijo,

-¡hey¡ tetona, no pareces tener miedo, te ves muy controlada, me gusta eso. No has llorado, conozco a las de tu tipo, me gustan así ya que cuando les llega la hora es divertidísimo.

Cuando les llega la hora ¿a qué se refería? era una amenaza ciertamente pero ella no temía, aún le parecía raro esa tranquilidad, había visto lo más degradante de su vida y ella estaba a punto de vivirlo, mas la dejaba casi indiferente, era raro considerando que al escuchar la sentencia en el tribunal casi se había orinado por la impresión.
Llegaron a una puerta de hierro que el gordo abrió, daba a una habitación un tanto amplia, esculpida también en la roca, las antorchas la iluminaban con algo más de luz que el laberinto anterior. Dentro también había celdas con las rejas abiertas y vacías pero lo que, de inmediato, llamó la atención de Claudia y su compañera fueron dos enormes cepos de madera y metal: uno para atrapar la cabeza y las manos y otro para los tobillos. Al lado, unos instrumentos de variado diseño hicieron suponer a Claudia que se trataba de otros artilugios de tortura. Tres custodios, muy pálidos y flacos se encontraban allí y saludaron con sonrisas al gordo, quien volviéndose hacia ellas comenzó a hablar.

-Bien, perras, es éste lugar en el que oficialmente serán incorporadas a "Las entrañas del dolor" por lo que les doy la bienvenida de rigor….. de mucho rigor JAJAJAJAJAJA. Se les despojará de sus ropas y deberán andar completamente desnudas. Serán afeitadas de cabeza y marcadas con el signo infame de "las entrañas ", es una marca hecha por un hierro candente; en verdad dos serán las marcas, la I de infame en la frente y el número que les corresponde aquí dentro y que reemplazará al nombre de ahora en adelante, dicho número irá en la nalga derecha. Además sus narices serán atravesadas por una argolla metálica, ella servirá para que, con posterioridad, los custodios las manipulen con mayor facilidad, similar función cumplirán los aros en los pezones de sus tetas y en sus lenguas y luego serán incorporadas de inmediato al lugar que les corresponderá.

1555 y 1556 fueron los números asignados a las mujeres. Claudia fue la 1556. La 1555 fue tomada de los brazos por dos custodios y se le quitaron los grillos del cuello y muñecas, rasgaron sus vestidos quedando desnuda. En un movimiento reflejo trató de taparse con las manos el pubis y los pechos, pero una fuerte bofetada en la cara la hizo comprender que eso no era del agrado de los custodios quienes la sobajearon con lascivia por todo el cuerpo, a pesar de ello los hombres no se mostraban entusiasmados y parecía ser un hábito casi rutinario el de sobar. Se le puso su cabeza en el cepo quedando fijados su cuello y manos y su cuerpo en ángulo recto, con el culo exponiéndose a los hombres. Cuando estuvo instalada en la incómoda posición se tomó a la 1556 (Claudia) y se le desnudó; también, instintivamente, la 1556 procuró cubrirse las tetas con las manos pero los pechos eran de tales dimensiones que era prácticamente imposible lo que causó risa en todos los hombres. El gordo se acercó y con una mano agarró una teta y con la otra una gordura de su cintura, apretó fuerte, la 1556 sintió dolor pero aguantó el quejido, el gordo, sin soltar la teta, acarició toda la redondez de su enorme trasero y luego la peluda entrepierna, pasó los dedos por la vagina y tiró fuerte de sus vellos, nuevamente la 1556 ahogo un grito. El gordo, luego de lamer su cara, se dirigió a sus compañeros.

-¡Como me gusta esta gorda tetona¡ es una zorra, lo sé bien y se hace la valiente, cree ser mejor que las otras perras e incluso les aseguro que las desprecia, pero les apuesto que sus berrinches serán chillones al extremo, sufrirá un ataque de nervios precisamente porque es una zorra, una perra, mírenla.

Al decir eso agarraba brutalmente las enormes tetas de la 1556 y les daba de palmadas para que se balancearan.

-¿Lo ven? ¿miran esto? ¿éstas ubres?, estos volúmenes, aquí se acumulan los berrinches, acá, aquí están los ataques nerviosos jajajajaja, en éstas gorduras, en éstas tetas; este animal exuda alaridos agudos, es toda una mujer y gritará, ya lo verán, llorará histéricamente porque eso es, es una mujer, la más mujer que he visto pasar por este penal y por eso se cree lista y tiene esa actitud de reina, es una zorra. AAAAAAH, ¡COMO ME GUSTA¡ ¡COMO ME GUSTAS, GORDA TETONA¡ SERÁS MIA.

El gordo, hambriento de lujuria, apretaba una y otra vez los senos, los estrujaba, daba palmadas en sus nalgas, la tironeaba del cabello y la cacheteaba en la cara. La 1556 no demostraba emociones y se mantenía, en lo posible, fría, sin temor e indiferente ante la lascivia del gordo. Podía oler la transpiración de ese hombre y sentir repugnancia, pero no estaba intimidada y esperaba resistir así hasta el final. No lo lograrás, gordo asqueroso, pensaba, te ganaré, no me verás llorar porque no tengo miedo y ya estoy muerta. Fue puesta también en el cepo. Cuando les metieron los enormes cilindros metálicos ¡tan helados¡ por el ano, se escucharon los gritos de dolor de las dos, mas sólo los de la 1555 se prolongaron en todo el tratamiento. La 1556 se reprimió y se decía mentalmente que al fin y al cabo no era tan doloroso, aunque si incómodo y desagradable, sólo cerrar los ojos y resistir.Terminado el tratamiento de cilindros, comenzó el corte de cabello y posterior afeitado. La 1555, al ver su pelo en el suelo, lloraba sintiéndose impotente y ultrajada; la 1556 nada decía. El gordo, dando una palmada en el culo de la 1556 dijo.

-Me gusta escuchar los quejidos de las mujeres en esta parte del tratamiento, pero la 1556 no nos colabora, se resiste ¡vamos, tetona¡ llora de una vez ¿no ves que eso me excita?, me hará quererte más, no lo entiendes eh.

El gordo pellizcaba el rollizo cuerpo de la 1556, pero nada lograba, algún pequeño grito pero ninguna lágrima.

-¿Crees que no te quebrarás eh?, o crees que lo harás si te causo dolor, créeme que lo harás y no necesitaré ponerte la mano encima, gorda tetona, mira como quedas pelada.

Cuando estuvieron completamente afeitadas, ambas sintieron la cabeza muy fresca en ese lugar tan caluroso; lo sintieron más caluroso que nunca y era porque detrás de ellas y sin repararlo hasta el momento, los hombres calentaban los hierros en una fragua. Sin mediar aviso la 1555 recibió su bautizo de fuego en su nalga; su fuerte grito estremeció a la 1556, la que trató de girar su cabeza para mirar el rostro de su compañera sin lograr ver demasiado. Gotas de abundante sudor llenaron la calva y frente de la 1555 y ese mismo número quedó estampado para siempre en su trasero. La 1556 se preparó para recibir el punzante dolor del rojo metal y cerró los ojos apretadamente.

-¡AAAAAAAAAH, AAAAAAAAY¡.
-JAJAJAJAJAJAJAJA ¿duele, tetona?, ¿duele? desde ahora en adelante tu nombre es 1556, pero de cariño siempre te llamaré gorda tetona, aunque si te quedas conmigo demasiado tiempo te aseguro que muy pronto ya no serás gorda, JAJAJAJAJA.

La 1556 sintió que se le mojaba el rostro y la cabeza rapada de transpiración, también le salieron lágrimas pero aún así ella no estaba vencida. Sintió un mareo y la vista se le humedeció. Un grito (de la 1555) la vino a sacar de su momentáneo sopor y de primeras no se explicó la razón de ese alarido hasta que un calor la hizo reaccionar, el hierro candente y rojo se acercaba a su rostro, la iban a marcar en la frente, de ahí en adelante ya no habría esperanza de nada, era mierda ¡oh, no¡ ¡cuanto va a ser el dolor¡.
Gritó la 1556 con todas las fuerzas de su garganta, se le cayeron babas de la boca y parecía sentir que se derretía su cabeza entera, que se quemaría en sus ojos, en su cerebro y hasta en su corazón, luego, todo se oscureció. La frescura la sintió primero en su cabeza y luego en la frente, tomó algo del agua que le daba el gordo, trató de mirarlo levantando las cejas pero al hacerlo, la frente recién marcada le provocó un dolor de mil aguijonazos. El gordo le echó, luego, agua sobre su espalda inclinada y en la quemadura de la nalga. La 1556 sentía todo su cuerpo bañado en sudor y agradeció mentalmente el agua que se le echaba encima; volvió a desmayarse. Ahora el dolor dentro de su boca casi en la garganta la despertó abruptamente y pudo ver que unas tenazas metálicas atrapaban su lengua desde casi el nacimiento, se la sacaron fuera y una gruesa aguja la traspasó, acto seguido atravesaron un aro por el agujero; el gusto amargo de su propia sangre pudo sentir y estaba concentrada en eso y con los ojos cerrados cuando un fuerte dolor los hizo abrir. Un instrumento de metal había, ahora, agujereado su nariz la que fue atravesada por una enorme argolla que le llegaba hasta el mentón; sintió que esa argolla sí que era ridícula en extremo y denigrante, pero de inmediato eliminó ese pensamiento. La sangre caliente descendió hasta su boca y la amargura que percibió su lengua fue mayor. Cuando fue sacada del cepo y le ayudaron a ponerse de pie, vio que la 1555 no dejaba de llorar; lo hacía como una niña pequeña, con hipos y carcajadas de llanto y muy suave, no había ataque nervioso como la histérica que fue mandada a la cruz, pero lloraba con pasión; la 1556 sintió pena de ella hasta que la otra fijó su mirada en ella y recrudeció su llanto al verse a sí misma a través de la cara de su compañera: rapada, marcada y denigrada con un aro en la nariz; la 1556 se dio cuenta de eso, de la razón del recrudecido llanto y quiso llorar por efecto demostración, pero se reprimió y pensó que sólo le sucedía aquello porque la histeria es contagiosa, mas en realidad no le daban auténticas ganas de lagrimear.
Un custodio tomó por detrás a la 1555, pasándole su brazo por el cuello mientras otro agujereaba las areolas de las tetas: chillidos de la prisionera y ya estuvieron las grandes argollas colgando como adornos desde las abultadas femineidades; dos pequeños hilos de sangre dejaban su rastro hacia el vientre de la mujer dolida. Le tocó el turno a la 1556 y cuando la punta metálica se abrió paso entre la suave piel y carne de sus pechos, ella pensó que, después de todo, el dolor de los hierros candentes hacía que éste otro dolor de las argollas no fuera nada en comparación, de modo que la 1555 estaba exagerando al chillar cuando le atravesaban los pechos.
-Serás mía, tetona, te ves bonita con tus aros- decía el gordo y le lamía la cara con su lengua viscosa. La tetona 1556 mantenía su vista baja mientras el gordo la babeaba en la cara y cuello, sin moverse en absoluto. Ponte en cuatro patas, 1556- le ordenó y ella lo hizo dispuesta a aguantar los embestidas de todos los custodios que se encontraban presentes, mas el gordo dijo a sus colegas,

-diviértanse con la 1555, que ninguno de sus hoyos quede sin ser bautizado por ustedes; ésta tetona es mía así que déjenmela, quiero gozar solo esta carne de mujer antes de que la escuchemos relinchar de desesperación JAJAJAJAJAJA. CONTINUARÁ.

jueves, 29 de octubre de 2009

CONDENADA (Parte 7).

Este será otro juego cruel, en eso consiste la estadía aquí, se divierten con juegos crueles, sólo somos piezas de un gran tablero, sólo juguetes; así pensaba Claudia cuando el gordo explicaba.

- La primera alternativa es: castigarlas a ustedes dos por el berrinche de
ésta perra ¿cómo ha de ser?, serán colgadas de las tetas y desnudas en la superficie, bajo el sol, deberán pasar tres días así, sin comer ni beber, y antes de eso, se les dará una azotaína. Si aparecen cuervos, no les espantaremos; a los cuervos les encanta el sabor de los ojos humanos, JAJAJAJAJA. Es claro que es probable que mueran antes o, si completan los tres días, mueran luego por los padecimientos o queden con las tetas horribles o hasta sin tetas. Si fallecen, serán cocinadas y servirán como alimento para las demás reclusas, un aporte nutritivo para la débil dieta que llevan acá, seguramente ya habrán oído que ese es el fin de los cuerpos de las que mueren en "Las entrañas".
La otra alternativa contiene dos subalternativas, la primera: arrojaré al abismo ahora mismo a ésta egoísta, morirá sin mayor dolor, aunque con un poco de vértigo, JAJAJAJA; la otra alternativa también es de muerte: será clavada en la cruz, en la superficie, quedará al sol, desnuda, quemándose y desangrándose de a poco hasta que muera; creo que a ella le gustará ya que no ha dado muestras de gustarle nuestra casa, parece que la encuentra algo lúgubre y oscura, entonces que se quede tomando el sol JAJAJAJAJAJA.

Los demás custodios también carcajeaban cada vez que el gordo reía y Claudia percibía, por el temblor de manos, el terror que ahora estaba apoderándose de su compañera que tenía al lado; si ésta caía en un ataque de histeria, entonces ahora ella debería pagar según las reglas de la cárcel y no habría alternativas ya que entonces sólo sería ella y nada más que ella, pero también pensó que a fuerza de ser un juego de diversión completamente arbitrario y cruel, nada podía preverse tratándose de los custodios, el capricho de ellos era el que mandaba. Si la arrojaban al abismo no sería tan malo, el pozo era profundo y nada podía verse, caería y caería y no vería nada, absolutamente nada por la oscuridad y sería mejor así, el miedo estaría aminorado y al llegar al fondo un impacto daría cuenta de ella y ya no quedaría rastro de una mujer que alguna vez se llamó Claudia; ciertamente eso era mejor a cualquier cosa, ¡que feliz se sintió de pensar así¡ sí, ella deseaba ser arrojada a lo insondable, la tierra se la comería.

-Vamos, decidan, perras, les estoy dando una oportunidad, decidan o las crucificaré a todas después de torturarlas durante una semana. TÚ (dirigiéndose a la compañera de Claudia), DIME ¿QUÉ DECIDES?.
-arroja al abismo a la egoísta.
-JAJAJAJAJA, NO DEMORASTE DEMASIADO EN DECIDIR JAJAJAJA; dime ¿por qué debería a ella arrojarla al abismo y no a ti? tú también eres una egoísta ya que prefieres la muerte de ésta y no ser tú la colgada de tetas, vamos, recuerda que debes fundamentar tu elección, vamos, has de convencerme ¿por qué debo lanzarla al abismo?.

He ahí con el jueguito otra vez, se dijo Claudia; ella ya había decidido y su fundamento lo consideró irrebatible, de eso estaba segura, la elección de ella sería la que el gordo adoptaría; ya sé cómo funciona este lugar, pensó. La otra mujer, después de dar su respuesta, no sabía cómo debía fundamentarla, no encontraba el argumento preciso y que dejara satisfecho al gordo, ¡que juego más cruel¡ se sentía perdida ya que, pensó, cualquier cosa que dijera podría volverse en su contra ¿cómo dejar contento a ese gordo horrible? Mientras, la histérica se había recuperado en algo y había oído lo que hablaba el gordo sobre su nefasto futuro que habrían de decidir sus compañeras por lo que sus gimoteos y llantos se reanudaron con más fuerza; la interrupción que significaba el nuevo escándalo dio tiempo a la mujer para pensar en lo que diría al gordo, mientras éste daba de latigazos a la llorona. Una patada en el vientre volvió a callarla y el gordo dijo:

-DAME TU RESPUESTA AHORA.
-debes arrojar al abismo a ésa gritona, nos perjudica, es egoísta y altera el equilibrio del penal, será mejor para todas, además es justo, ella fue la que cometió la infracción.
-no eres muy solidaria, ni compasiva ¿no piensas en su dolor y angustia? eres también cruel y más egoísta que ella.
-sólo soy justa.
-y cruel como bandida que eres, por eso estás condenada a este presidio.
-no soy cruel, señor, sólo pido un castigo para quien lo merece y pido que sea arrojada al abismo y no crucificada, ya que la cruz prolongaría su dolor y eso sí es cruel, en cambio cuando la lances al vacío todo terminará para ella en forma rápida, es un castigo compasivo.

Ante aquellos argumentos el gordo quedó estupefacto sin saber qué decir, era muy razonable la fundamentación. Claudia también pensó lo mismo y ya no estuvo tan segura, como antes, de la solidez de los fundamentos que pensaba argüir.

-Has razonado en forma brillante, reclusa, debo reconocerlo ¡uf¡ hasta me gustaste, me gustan las perras inteligentes como tú, ¿o debo decir zorras? JAJAJAJA, sólo una zorra astuta podía contestar así; cuando ya estés oficialmente declarada reclusa, con la marca infame y los aros, te sodomizaré, sentirás la fuerza de mi sexo en tus entrañas, esa será tu recompensa y bienvenida JAJAJAJA ¿qué opinas?.

La mujer se quedó callada, el gordo la abofeteó fuerte y dijo,

-CONTESTA CUANDO SE TE DIRIJA LA PALABRA, ESA ES UNA NORMA AQUÍ QUE DEBES APRENDER.
-SÍ, sí, sí, señor, opino que está bien, gracias por tu regalo.
-JAJAJAJA, así está mejor ¿ves que es fácil la vida en "las entrañas" si se tiene paciencia y se respetan las reglas? JAJAJAJAJAJAJAJA.

Al reír el gordo movía involuntariamente la barriga, Claudia se imaginó desde ya a esa barriga encima del cuerpo de su compañera cuando la estuviera sodomizando. Todos los custodios que había visto hasta el momento le parecieron hombres feos o en estado lamentable por lo viejos o gordos o demasiado escuálidos de carnes, todos tenían una expresión triste en los ojos cuando no era siniestra como la del gordo, sudaban hediondo y sus pieles lucían pálidas o en extremo bronceadas, ninguno vio que le mereciera al menos una admiración a primera vista. De improviso el gordo se volvió hacia ella diciéndole,

-ahora tú, gorda tetona, dime tú ¿qué has decidido?, ¿has decidido algo para la egoísta?
-sí, señor, he decidido que debería ser crucificada bajo el sol.
-¿QUÉEE? ¿en verdad, hablas en serio?
- muy seriamente, señor.
-eso sí que es cruel, no tienes nada de compasión.
-puede ser, mas es lo que se merece.
-y tú ¿qué te mereces? eres egoísta también, más bien cruel.
-no sé lo que soy exactamente, pero como has dicho, soy como todas aquí una condenada y una cosa, no tengo derechos, no pretendo ser otra cosa, mi vida ya acabó y no tengo miedo de decir que prefiero ver a ésta chillona colgada de la cruz.

-nada de solidaridad tienes en tu corazón.
-ella tampoco la tuvo.
-AAAAH , ¿ERES RENCOROSA?.
-sólo elijo de entre las alternativas que tú me diste.
-y ¿qué te parece si decido colgarte de tetas allá arriba? tus tetas son grandes, eres especial para eso, además tu corazón duro se lo merecería.
-si me cuelgas sólo me queda aceptar con humildad y resignación.
-¿eso es humildad o un desafío de orgullo?.
-sólo la verdad, no hay más reglas que el capricho de los custodios y el sufrimiento de nosotras las reclusas de "las entrañas del dolor".
-eso es cierto, hablas con verdad, pero no me has dicho por qué debo crucificar a ésta y no arrojarla al abismo o colgarte a ti de las tetas; quiero que fundamentes tu elección porque así como vas creo que terminaré colgándote de las ubres por falta de solidaridad y egoísmo.
-cuélgame si es eso lo que deseas, mas te digo que ésta se merece la cruz porque es egoísta, llevó al castigo a su compañera allá arriba hace un rato pensando que su vida, que su miedo, eran más importantes que la vida o el temor de nosotras, a pesar de tu advertencia y de la lección contundente que le diste, y yo diría, generosa lección; no escarmentó y volvió a fastidiar en este lugar cuando ni siquiera es oficialmente una reclusa marcada y cuando su condena no pasa de un año de prisión, estimulando con sus berrinches aterrorizados el miedo de nosotras y no importándole.
-es verdad todo lo que dices, pero debo decir que es un castigo cruel el que eliges para ella, hay rencor en ti e ira, creo que te colgaré de las tetas, los rencorosos lo son debido principalmente a su egoísmo, eres egoísta, al fin y al cabo no dejas de ser una delincuente que sólo piensa en sí misma.
-en realidad, si pensara en mí misma elegiría el abismo para ella, así se acabarían sus molestos gemidos de una vez y para siempre, pero elijo la cruz ya que si la lanzas al abismo su carne se perderá, en cambio si muere arriba, colgada de los clavos, al morir se aprovechará su cuerpo y mis compañeras reclusas se verán beneficiadas con algo más de nutrición a sus escuálidas dietas de tal modo el sufrimiento de ella no sería en vano y en algo aliviaría el dolor de la demás.
-JAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJA, en verdad me sorprendes, tetona; si tu compañera es una zorra, tú eres una serpiente de la cual se debe uno cuidar, tu inteligencia es proverbial JAJAJAJAJA. Creo que has comprendido más que tu compañera el espíritu que gobierna "las entrañas". Custodios, desnuden a la gritona y que vuelva a la superficie y sea clavada en el acto a la cruz.

CONTINUARÁ.

miércoles, 21 de octubre de 2009

CONDENADA (Parte 6).

Esta vez sí, Claudia se extrañó de no sentir temor ni horror, tan sólo miró la escena de la chica siendo arrojada a lo insondable y se quedó como si nada extraordinario hubiera ocurrido; debía de estar enferma, sólo una enferma era tan indiferente; miró a las compañeras de la arrojada y se sintió plenamente identificada con la indiferencia de ellas ¿sería que ya estaba aprendiendo a comportarse como le corresponde a una perra condenada a "las entrañas"? si era así entonces aprendía muy rápido. Los sollozos malamente reprimidos de la histérica ahora le causaron desprecio, sólo un año de condena y se comportaba mal, ¿qué le quedaba a ella que estaba condenada a diez años? un castigo a la histérica le habría parecido bien merecido, el más humillante, el más degradante le habría producido placer; interesante sería comprobar la reacción de la mujer al anuncio de algo así, seguro se habría meado, jajajaja ¡que divertido¡ con sorpresa comprobó que ya asumía sin culpa su condición de criatura despreciable, le serviría sin duda para soportar lo que se le venía, así todo sería más fácil.
Emprendieron marcha las tres mujeres por el laberinto de la galería; atrás quedaron las otras esperando el ascensor con sus cestos de mierda, el gordo iba delante y dos custodios atrás de ellas. Cada dos pasos dos argollas sobresalían de las paredes y cada cinco se veía una celda, todas estaban vacías y con sus rejas de metal abiertas. Las reclusas se encontraban en la superficie trabajando en el campo; cada tanto además, un pequeño foso (en el suelo) les obstaculizaba el paso, por lo que debían bordearlo; esos fosos eran también celdas; hay que decir que no había patrón común en diseño y tamaño, las había muy amplias, otras de techo curvado, unas estrechísimas como una tumba en donde una sola persona habría cabido con esfuerzo y apretujada, aquellas en donde se percibía claramente que a gatas se entraba o en donde sólo era posible permanecer con la espalda curvada y las piernas encogidas. Las celdas estaban esculpidas en la roca y mal olían.
Los sollozos de la mujer histérica causaban una sonrisa en los custodios, aunque no parecían tener ánimo de castigarla. Caminaban y caminaban y no encontraban más que penumbra y un calor que, si bien era similar al del desierto que estaba en la superficie, se sentía más sofocante debido al enrarecimiento del aire. Claudia vio que las ropas de sus compañeras y de los custodios estaban mojadas, se miró las suyas y comprobó que también lo estaban, se tocó entonces la frente y se dio cuenta que empapaba en sudor. Los sollozos histéricos se detuvieron de improviso y Claudia, que venía con la vista pegada al suelo, levantó la cabeza y se tropezó con la visión de una prisionera que se encontraba parada en un costado del camino; les daba la espalda, la que estaba cruzada por marcas frescas y rojizas de latigazos en nalgas y piernas, su nuca echada hacia atrás permitía apreciar plenamente su cabeza rapada brillante de transpiración; unos grilletes en los tobillos le mantenían las piernas juntas y otros en sus muñecas con los brazos cruzados por detrás. Se quejaba y parecía respirar con dificultad, lo que era efecto de tener su lengua atravesada por un fino anzuelo metálico unido a una de las argollas que pendían de la pared por sobre su cabeza; su lengua fuera de la boca se mantenía estirada al máximo y la chica debía hacer un esfuerzo continuo por permanecer en puntas de pies si no quería desgarrarse la lengua; las lágrimas le corrían por las mejillas y una abundante baba le chorreaba de su boca sin poder evitarlo. El gordo, volteándose hacia sus conducidas, dijo:

-Colgada de la lengua por hablar demasiado, JAJAJAJAJAJAJA ¿qué les parece, recién llegadas? un tratamiento que no falla. Hace una hora dejamos aquí a la reclusa 1009 y ya no da más, estará tres días allí, sin comer ni beber, no dormirá demasiado cómoda, JAJAJAJAJA, pero no debe reclamarnos ya que quedará exenta de trabajar en las extenuantes jornadas del campo, YA VEN, NO SOMOS TAN DESCONSIDERADOS, JAJAJAJAJAJA.

La risa del gordo fue coreada por los otros custodios y ya la histérica estalló en un berrinche; se comenzó a dar golpes ella misma en la cabeza y a rasgar sus vestiduras. El gordo la miró serio y la que acompañaba a la gritona padeció terror al recordar que un error de una reclusa era pagado por la compañera de al lado. A Claudia nada le pasó y no sintió miedo. El gordo tomó a la histérica por el cabello y principió una lluvia de cachetadas en la cara las que no eran suficientes para acallarla, por lo que un fuerte puñetazo en el abdomen dio cuenta de su algarabía; cayó al suelo aturdida y sin aire en los pulmones, abriendo al extremo sus ojos y boca tratando de recuperar el aliento. Mientras la histérica aún boqueaba en el suelo, el gordo hizo ademán de dirigirse a las demás; Claudia se dijo, este es el final, anunciará mi fin o el fin de nosotras dos, y todo por culpa de ésa, pero mejor así, no temo.

-Amigas mías, ustedes han sido testigos de que he explicado a su compañera la regla según la cual el error de una es pagado por las demás o por la que está al lado, ello para estimular la solidaridad y buenos sentimientos generosos en las delincuentes cuyo defecto radica precisamente en su egoísmo malsano; pero veo que esta prisionera no tiene remedio alguno, es muy egoísta y no le merece importancia la vida de su prójimo, el comportamiento que ella acaba de tener debería ser pagado por ustedes dos pero, por otro lado, soy un hombre justo y no puedo amparar una iniquidad como esa, menos viniendo de una mujer egoísta a la cual ya antes se le había explicado el sistema de sanciones y que ya había enviado al castigo a una compañera. Recuerden que le di una oportunidad de arrepentirse y cambiar de lugar con la que quedó colgada de tetas allá arriba, ustedes son testigos, nada invento, no pueden reprocharme, pero debo observar reglas a cabalidad y una infracción ha de ser pagada siempre, es menester que así sea para mantener los equilibrios de "Las entrañas del dolor" por lo que les daré a elegir a ustedes entre tres alternativas, lo que ustedes elijan eso cumpliré, lo prometo y sólo de ustedes dependerá lo que ha de suceder, mas cuando elijan una alternativa han de darme un buen fundamento, debe ser convincente y de acuerdo al espíritu de lo que se pretende inculcar en este recinto de dolor y castigo; recuerden, deben convencerme y yo ejecutaré lo que decidan, JAJAJAJAJAJA, NO pueden decir que en este lugar no hay diversión, JAJAJAJAJAJA.
CONTINUARÁ.

miércoles, 14 de octubre de 2009

CONDENADA ( Parte 5).

El ascensor se detuvo, habían llegado a la última galería. Un laberinto estrecho se prolongaba hacia el interior, en las paredes había una antorcha cada diez pasos de modo que siempre la penumbra era la que reinaba. Los recibió un custodio viejo y barbado; sus ojos le parecieron tristes a Claudia, supuso que él tampoco era feliz en "Las entrañas del dolor" y que pocas eran sus salidas a la superficie. En la entrada había otra de esas ruedas de ventilación, aunque de menor tamaño que aquella de la superficie; la prisionera que le daba vida tenía un cuerpo que parecía de bronce: brillaba y el sudor del esfuerzo le daba un aspecto armónico, como de estatua, era el efecto de la escasa luz de las antorchas. El gordo hizo ademán de que les iba a hablar algo y requería atención.

-Bienvenidas a "Las entrañas del dolor". Han sido condenadas a este lugar para que sufran, sólo eso deben saber. Se llama "entrañas" porque es ahí donde estamos, en las entrañas de la tierra y porque experimentarán lo más profundo que puedan conocer en cuanto a sufrimiento. Ustedes sólo son "cosas", ya no tienen nombres, nuestro capricho las gobierna y tenemos licencia para todo, menos para que disfruten. Las reglas se les irán enseñando a medida que pasen los días aunque, ya saben, no hay más reglas que nuestro arbitrio. Cuando necesitemos que aprendan algo se lo haremos saber y seguramente recibirán algún castigo para que de inmediato se les quede grabado a fuego en sus cabezas.

Casi no había terminado de decir lo anterior cuando, de pronto, aparecieron fantasmalmente tres prisioneras venidas desde el interior de la galería, cada una con un cesto sobre la cabeza y las manos manchadas con algo oscuro. Al acercarse el trío las mujeres percibieron que olían a mierda, llevaban en los cestos mojones de excremento y las manchas de sus manos ciertamente correspondían a eso.
Se detuvieron cabizbajas al borde del abismo y esperaron el ascensor.

-Miren, recién llegadas, éstas perras que nos salen a recibir y que pronto serán sus compañeras, llevan su propia mierda hasta la superficie, la que servirá para abono de nuestros campos. Esta es una de las labores diarias que deberán realizar, es decir, limpiar sus propias celdas de sus mismas heces, lo deben hacer con sus manos; demás está decir que no hay retretes en las celdas. Esta labor es fundamental y si no la hacen serán duramente castigadas. A éstas que ven aquí se les juntó mierda ya que debieron estar encerradas por una semana, una de ellas fue la que motivó esa sanción ya que vomitó encima de uno de los custodios, por eso se les castigó a todas, las tres debieron estar encerradas sin ver la luz del sol.

El gordo se acercó a una de las chicas y la tomó del brazo con fuerza lo que hizo que la cesta de mierda se cayera.

-Esta es la perra regurgitadora de la que les hablo. Ya les dije que nuestro capricho es el que gobierna la prisión y que no deben esperar nada; serán testigos de nuestra arbitrariedad para que no lo olviden jamás.

En el acto la chica fue levantada con toda facilidad por el gordo, la tomó en sus brazos, ella no decía nada ni tampoco protestaba; se acercó al borde del pozo y la arrojó al abismo oscuro sin más. La joven lanzó un grito espantoso y no dejó de hacerlo mientras caía. En vano, Claudia esperó escuchar el golpe de su llegada al fondo, mas no se oyó nada y su grito simplemente fue alejándose paulatinamente hasta desaparecer. Las otras chicas con sus cestos sobre la cabeza, se quedaron estáticas sin chistar y esperando su ascensor como si nada hubiera pasado. Las compañeras de Claudia abrieron los ojos muy grandes y horrorizados y la histérica de antes comenzó nuevamente sus chillidos y temblores; lanzaba hipos y su respiración parecía irse a ratos.
CONTINUARÁ.

miércoles, 7 de octubre de 2009

CONDENADA (Parte 4).

El cuerpo desnudo y colgado de los pechos quedó atrás meciéndose; Claudia lo miró por última vez antes de llegar a la entrada de "las entrañas", se oían los quejidos inútiles de la mujer, luego se volvió hacia la otra por cuya causa había ocurrido esa desgracia, ésta no dejaba de derramar lágrimas de remordimiento, mas ahogaba sus sollozos. Claudia no se habría sentido culpable, claro, es cierto que el ataque histérico no le habría ocurrido a ella porque encontraba que su mente y su espíritu estaban tranquilos y resignados, esperando en cualquier momento una muerte violenta y dolorosa, pero si hubiera sido el caso ella no se habría sentido culpable; ahora tenía licencia para no temer a nada, tampoco a la culpa, ya era una condenada y en el infierno todo está permitido, a los custodios cometer arbitrariedades y a las condenadas comportarse como viles criaturas; razonó que una actitud digna no sólo era fuera de lugar sino además ridícula y chistosa.
Llegaron finalmente a la entrada de "Las entrañas del dolor". Una torre de vigilancia plantada al lado de la entrada, la custodiaba. En realidad no había puertas, la entrada era un hoyo en el suelo, un pozo profundo y de gran diámetro a través del cual se bajaba por un ascensor accionado por un sistema de poleas y controlado por un custodio. Una gran rueda de madera, algo así como un cilindro gigante, se movía permanentemente por el continuo caminar de una condenada similar a como lo hace un ratón en una jaula; una cadena partía de su cuello y su cuerpo, desnudo y quemado por el sol, brillaba de sudor; su rostro revelaba un profundo cansancio y cuando disminuía la velocidad era estimulada por el azote de un custodio. A pesar de que las mujeres ya habían visto a las crucificadas absolutamente desnudas, se impresionaron al ver a esta prisionera, anuncio de la vida que les esperaba de ahora en adelante. La espalda de la mujer estaba atravesada por las marcas de los latigazos y se veían numerosas cicatrices en todo el cuerpo; su frente marcada como ganado lo mismo una nalga; sus pezones atravesados por aros al igual que su nariz. Jamás se borrará la marca de su frente y lo mismo me harán a mí, pensó Claudia, eso era definitivo, aunque lograra salir de ése lugar con vida, la marca la delataría como una ex-reclusa de "Las entrañas del dolor" y el desprecio siempre la perseguiría por siempre, pero claro estaba que no saldría jamás de allí.
La chica de la rueda se veía muy enjuta y magra, de contextura fina, pero sus piernas eran notoriamente musculosas y gruesas, ello advirtió a Claudia que el caminar en la rueda era su trabajo de todos los días. La rueda era el mecanismo que accionaba la ventilación del penal; había otras más en cada una de las galerías que se repetían conforme se bajaba y siempre una condenada era la encargada de mantenerlas funcionando, día y noche, sin parar, en dos turnos de 12 horas; era uno de los trabajos más duros ya que no tenía descansos intermedios como en el campo.
La mujer de la rueda provocó una suerte de vergüenza ajena en el grupo y horror de saber que ellas también serían rapadas de cabeza, marcadas y atravesadas con aros como si fueran reses. Se detuvieron a esperar el ascensor mientras miraban a la caminante.
Claudia vio que el pozo era oscuro; ese sería su hogar de ahora en adelante, nunca más la comodidad, nunca más la higiene ni la tranquilidad; sólo la oscuridad y la nada, sólo el dolor. Detectó en sí misma una ansiedad por comenzar ya, de una vez, su nueva vida de condenada, lo deseaba, lo estaba asumiendo.
Apenas el ascensor comenzó su descenso, el aire se enrareció al instante y un olor fuerte y desagradable se hizo sentir; todas las mujeres arrugaron sus narices, salvo Claudia que ya se esperaba algo así. Bajaban y bajaban y la luz se iba quedando atrás en un círculo que se veía cada vez más pequeño arriba de sus cabezas. Abajo, un pálido resplandor de antorchas anunciaba las galerías. Pasaron el primer piso de la primera galería, pero no se detuvieron y siguieron bajando, llegaron al segundo y continuaron, así pasaron 8 de ellas y cada vez el aire era más escaso y maloliente, en una mezcla de mierda, sudor, humedad, pudrición y minerales. Las llevaban al último piso, el más profundo y oscuro. Algunos alaridos y quejas seguidos de las voces masculinas de los custodios se escuchaban al pasar por la entrada de las galerías. La mujer que antes se había comportado histéricamente ahora venía aumentando su llanto otra vez, pero hacía esfuerzos ingentes por contenerlos o ahogarlos. CONTINUARÁ.

jueves, 1 de octubre de 2009

CONDENADA (Parte 3 ).

Cuatro vigas de madera se alzaban ante ellas seguidas de tres cruces de las que colgaban unas prisioneras; sus cuerpos absolutamente desnudos chorreaban de hilos de sangre que provenían de sus muñecas las que estaban fijadas al madero travesaño por clavos; sus pies también se cubrían de espesa sangre ya que, al igual que las muñecas, eran atravesados por enormes clavijas de metal; sus cabezas afeitadas brillaban con el resplandor solar. Dos tenían su rostro inclinado y los ojos cerrados y la otra se agitaba y quejaba como si le costara respirar; su pecho subía y bajaba con desesperación -piedad, piedad- decía, -agua por favor- . Las que parecían desmayadas presentaban una delgadez impresionante; sus costillas podían fácilmente contarse; a Claudia se le ocurrió pensar que ello se debía a que precisamente esas dos, llevaban un tiempo largo recluidas; la otra se veía bien alimentada y de hecho su abdomen era algo prominente lo mismo que sus tetas; esto último no dejó de llamar la atención de Claudia ya que se sintió proyectada en esa mujer crucificada; sus cuerpos eran similares (Claudia era tetona y algo regordeta) ciertamente era nueva en "las entrañas" y eso significaba que bien podía ser ella la que terminara así o éste era un aviso premonitorio del futuro que se le avecinaba. Aunque se impresionó de ver el suplicio de las mujeres no tuvo miedo, no se dejaba de preguntar las razones de ello y sabía que no era valentía. Una de sus compañeras, una mujer delgada y de cabello negrísimo, al ver a las tres crucificadas estalló en llanto lanzando gritos agudos y desesperados; sus manos temblaban y no podía contenerse. Los custodios rieron ante la impresión de ella y el gordo habló.

-Prisioneras, esto será lo que les sucederá si no son obedientes, JAJAJAJAJAJA.

Los otros custodios siguieron riendo maliciosamente y entonces la mujer que había empezado a llorar se echó a correr en dirección al desierto arrastrando consigo a sus compañeras que estaban unidas a ella a través de la cadena en la argolla del cuello. Debido al tirón que frenó su carrera, cayó de espaldas e hizo caer a todas las demás. Los custodios carcajearon de buena gana y recogieron a la histérica; el gordo la tomó fuertemente del brazo y le dijo,

-con el ejemplo aprenderás y te aseguro que serás una reclusa modelo ya que te daré una lección que no olvidarás. La lección está dada por el ejemplo ¿me entiendes? el ejemplo.
-PIEDAD, SEÑOR, PIEDAD, ENTIENDO, ENTIENDO, SÉ LO QUE QUIERES HACERME, PERO TE PIDO PIEDAD, NO LO VOLVERÉ A HACER, NO ME CRUCIFIQUES, POR FAVOR NO QUIERO MORIR ASÍ, TAN SÓLO HE SIDO CONDENADA A UN AÑO, POR FAVOR.
-JAJAJAJAJA, veo que comprendes rápido las cosas, mejor así, ya que esta lección jamás se te borrará.
-NOOOO, NO, NO QUIERO SER CRUCIFICADA.

La mujer chillaba desesperada pero no podía moverse un ápice, el gordo era un hombre muy fuerte.

-Calma, mujer, te dije que es sólo una lección para que veas como funcionan las cosas en "las entrañas". Si una perra se equivoca se le alecciona y se le da un ejemplo que es un castigo físico a la compañera que tiene a su lado.

La histérica calló de pronto y todos miraron a la condenada que estaba a su lado; era una mujer de busto prominente. Rápidamente, los otros dos custodios desengrillaron a ésta y le quitaron la argolla del cuello, la desnudaron completamente y ya la gritona fue ésta otra mujer que trató en vano de protestar y zafarse de lo que se le venía.

-NOO, LA CRUZ NOOOOO, ES INJUSTO, NO PUEDEN HACERME ESTO, YO NO HE HECHO NADA.
-JAJAJAJAJAJAJA. No, perra, no tendrás cruz, aprovecharemos esas ubres que tienes, son demasiado “pequeñas” para nuestro gusto y te haremos un tratamiento para agrandártelas todavía más, JAJAJAJA.

La anterior histérica se quedó mirando callada y estupefacta la escena, mientras le corrían gruesas lágrimas a través de las mejillas. Claudia se preguntó qué le iban a hacer, ya que la cruz no era lo anunciado; esta mujer también poseía grandes tetas y nuevamente Claudia se sintió identificada y proyectada; perfectamente podría haber sido ella si hubiera estado encadenada al lado de la gritona histérica, mas tuvo suerte ¿suerte? que rara sonaba esa palabra en el infierno, casi divertida. Quiso reír pero se contuvo, pensó en que era cruel al querer reírse, pero ella no se mofaba de ninguna de las dos mujeres, más bien le provocaba hilaridad la situación, su propia situación de estar pensando como si viviera una vida normal y de ciudadana decente, ella ya no podía pensar como una ciudadana libre, era una condenada, es decir una cosa sin vida, tan sólo un objeto animado.
La mujer fue atada de manos por detrás de la espalda y luego de pies, a la altura de los tobillos. El gordo y los otros le sobajeaban los voluminosos pechos de manera grosera y desvergonzada, ella se retorcía con frenesí y lloraba con profusión.

-AAAAH, PERRA, ERES UNA PERRA, YA VERÁS, QUEDARÁS BONITA Y TETONA, JAJAJAJAJA. Espero que resistas.

La mano del gordo agarró brutal la punta de un pecho y lo estiró mientras otro le comenzó a poner alrededor de él una cuerda, luego estrangularon salvajemente; la teta quedó convertida en una especie de globo a punto de estallar; acto seguido hicieron lo mismo con el otro pecho; así, con las tetas atadas, la comenzaron a suspender en el aire paulatinamente desde una de las vigas; sus pies atados se fueron despegando del suelo y ella gritó esta vez con verdadera convicción. El látigo del gordo comenzó a caer sobre el cuerpo colgado haciendo que este se balanceara provocando aún más dolor y desesperación en la pobre mujer. Los golpes llegaban a cada rincón y dejaban una marca rojiza de la que manaba, de a poco, gotitas de sangre. El dolor de los golpes hacía que la mujer se retorciera tratando de escapar de él, mas al retorcerse se provocaba más dolor aún por estar colgada y soportando sus nobles pechos todo el peso de su cuerpo. Ante tanta crueldad, la anterior condenada se arrojó a los pies del gordo y le imploró piedad para su compañera.

-SEÑOR, PIEDAD PARA ELLA, HA SIDO MI CULPA, YA APRENDÍ LA LECCIÓN, ME CONTROLARÉ EN LO SUCESIVO, POR FAVOR TE PIDO QUE TE DETENGAS, NUNCA MÁS VOLVERÉ A COMPORTARME ASÍ.

El gordo se detuvo en la azotaína y le contestó,

-de modo que reconoces la culpa.
-así es, señor.
-veo , y veo también que te nacen sentimientos generosos, al parecer la cárcel ya ha suscitado en ti un efecto benéfico, las delincuentes también pueden tener nobles sentimientos ¿me equivoco?.
- no, señor.
- te reconoces culpable y generosa a la vez ¿es eso lo que pretendes decirme.

-sí, señor, es eso.
- si es así, entonces deberás sufrir este castigo también ya que eres culpable y generosa. Te cambiaremos por ella ¿qué te parece?.

La mujer miró pálida al gordo y nada dijo.

- Si así lo deseas bajaremos a ésta y entonces tú deberás ocupar su lugar y quedarás tres días colgada sin comer ni beber, al cabo de los cuales te bajaremos; con suerte vivirás y te quedarán unas largas tetas o tal vez no te quede ninguna, jajajajaja, aunque te anuncio que debido a tu poco busto no eres para esto, las tetonas resisten mucho más, te lo digo yo que me lo paso colgando perras tetonas, jajajajajajaja.

Al decir aquello, el gordo, miró involuntariamente el busto de Claudia.

-¿Qué me dices? tú eliges, tú o ella, vamos, dime ahora o sino las cuelgo a todas.

Mejor así, se acaba esto de una vez, se dijo mentalmente Claudia que ya se imaginó colgando bajo el sol.
La mujer seguía callada ante lo cual el gordo la agarró del cabello y le volvió a repetir la pregunta.

-¿TÚ O ELLA? .
-no quiero ser colgada, señor.
-JAJAJAJA, ESTÁ BIEN, de modo que eliges que tu amiga se quede colgada. Te reconoces culpable, mas no generosa, eres una egoísta como todas las delincuentes; vamos, dilo, di que eres egoísta, di o te cuelgo a ti también.
-soy culpable y egoísta, señor.

-JAJAJAJAJA, LO SABÍA. Como te dije antes, esta será una lección que no olvidarás en tu vida, lo hago por tu bien y ahora incorpórate a la fila de las perras.

La mujer se levantó cabizbaja y llorosa se puso junto a las otras.El gordo continuó azotando a la colgada por un rato y luego la dejó desmayada bajo el sol. CONTINUARÁ.

miércoles, 23 de septiembre de 2009

CONDENADA (Parte 2).

Una vez fuera del palacio de los tribunales, el guardia que la llevaba la entregó a otro el que la colocó en una fila de mujeres, todas condenadas y unidas por una cadena que pasaba por la argolla que cada una llevaba al cuello. De inmediato serían trasladadas a "Las entrañas del dolor". Se procuraba evitar que se vieran condenados caminando por las calles de la ciudad de modo que los dos jinetes que las conducían aceleraron el paso hasta que las mujeres hubieron de trotar para seguirlos.
"Las entrañas del dolor" estaba ubicada a las afueras de la ciudad, a media hora de camino debajo del desierto implacable. El penal estaba constituido por una serie de largas galerías subterráneas que se extendían muy profundas en el interior de la tierra, antiguas minas que habían sido adaptadas como prisiones. En la roca viva se habían esculpido minúsculas celdas en donde eran encerradas las prisioneras; poca era la luz que proporcionaban las antorchas y poca también la salubridad, de hecho el subterráneo apestaba a un extraño olor y la ventilación no era de las mejores. Las condenadas no estaban privadas de ver el sol ya que debían ser sacadas a la superficie para trabajar los campos lo que se hacía desde el alba hasta el crepúsculo; el trabajo era duro, pero las reclusas lo preferían a estar encerradas en la pestilencia ya que, aparte de la insalubridad, el interior de la prisión era escenario de aberraciones y crueldades hacia aquellas que se quedaban dentro. No todas eran sacadas a trabajar y dicho favor era objeto de disputas entre las reclusas y diversión para los custodios, éstos (que eran hombres) también eran prisioneros de "las entrañas" ya que vivían allí y estaban ligados de por vida a ése lugar y ocupación, era un trabajo considerado miserable y despreciado, en compensación ellos tenían derecho sobre las prisioneras para hacer todo lo que su capricho les dictara sin más límite que el no permitir que se fugaran: podían violar, tomar la mujer que quisieran, golpearlas sin más motivo que su arbitrio, torturarlas e incluso matarlas. Como las mujeres ya no eran ciudadanas sino "cosas" no poseían ningún derecho; parte de esto les fue explicado a las condenadas por uno de los guardias antes de penetrar en el terreno que era considerado el límite de la prisión; a partir de allí serían entregadas a los custodios de "las entrañas". Claudia no temía a aquellos guardias, sólo hacían su trabajo con bastante indiferencia y se notaba que deseaban entregarlas y largarse a la ciudad. Por un instante pensó que eran muchachos atractivos y con cuerpos bien formados, pero esa luz de vida se apagó de inmediato dejándole un sabor amargo; ella ya no debía pensar en eso, eso quedaba para las mujeres que aún vivían, ella estaba muerta, una muerta caminando. Se sentía triste, pero a pesar de que los horrores anunciados estaban próximos, no había inquietud. Esa tranquilidad se le hacía sospechosa como si alguien la estuviera engañando; se inventó entonces una explicación: ella estaba tranquila porque los muertos están muertos y ya no temen, luego, los muertos son libres, a ella nada le podía afectar.
Debieron esperar bajo el sol a que llegaran los custodios de la prisión para conducirlas al subterráneo. Había tres mujeres más; eran de piel morena casi canela, sólo Claudia tenía la piel blanca; pensó que ellas estarían mejor adaptadas para el trabajo del campo en razón de su color y ella a la vida oscura de abajo. Era la más joven de las cuatro, las otras ya habían pasado de los 30 o eso creía; había una de cuerpo curvilíneo y con senos abultados, casi tan grandes como los de ella; las otras dos eran delgadas y finas al contrario de Claudia más bien rellena y de un prominente busto y trasero. Se avergonzó un poco porque consideró que su vestuario era más elegante que el de las otras y eso le podría jugar en contra; era curioso pensar así ya que en la vida de la ciudad siempre destacaba por su buen vestir y era la envidia de las demás mujeres, el vestuario era algo primordial en la vida social para una mujer de su categoría; ahora el vestuario también parecía tener importancia pero era al revés, ambicionaba verse más raída y sin gracia. Miró alrededor y vio la lejanía del horizonte, toda una planicie amarilla y polvorienta que se prolongaba hasta algún punto que no alcanzaba a visualizar. Ella ya había muerto y había sido enviada al infierno, eso era lo que pasaba, esto no podía compararse con una pesadilla ya que de las pesadillas una se podía escapar despertando, acá no había retorno, por eso estaba muerta, muerta, muerta, muerta, se repetía a sí misma.
Un hombre gordo y bronceado llegó acompañado de otros dos. Vestían una tela liviana y llevaban al cinto un garrote cada uno, el hombre gordo portaba además un látigo; venían a pie. El guardia a cargo le dijo algo al oído al gordo y le extendió el extremo de la cadena que unía a las prisioneras, acto seguido los guardias se marcharon. Siguieron esperando bajo el sol, hasta que los guardias se perdieron de vista, cuando esto hubo ocurrido el gordo sonrió y emprendieron la marcha. Los custodios que acompañaban al gordo no decían nada y las mujeres los seguían sometidas, resignadas y mudas. A unos cincuenta pasos se veía una especie de promontorio, en la cima del cual un centinela observaba arrobado el horizonte; cuando llegaron cerca de él, Claudia pensó que los custodios no eran tan terribles ya que le pareció que el centinela estaba distraído y su cara hasta aparentaba bondad. Bordearon el promontorio y al completar la vuelta vieron detrás de él algo inesperado.
CONTINUARÁ.

martes, 15 de septiembre de 2009

CONDENADA.

Cuando Claudia escuchó su sentencia le pareció que ésta hacía referencia a otra persona con su mismo nombre, simplemente era imposible que ella hubiera sido la condenada a diez años de prisión en "Las entrañas del dolor"; era como un sueño, algo irreal e inverosímil. Se demoró en tomar consciencia de lo que la lectura del juez significaba para ella y para el resto de su vida, en realidad ésta ya había acabado.
Al ser retirada de frente del estrado y recién cuando el guardia le puso los grillos en las muñecas se percató de su situación y de la profunda desgracia en la que había caído. Ya no existía. Una mujer condenada a "Las entrañas del dolor" era borrada de la memoria de todos: amistades, familia, registros, ya nada quedaría de ella y de su paso por la sociedad. Nadie se acordaría y los que sí se acordaran simularían no hacerlo ya que era mal visto revivir en la memoria a quien había manchado una parte de su vida y la de los demás.
La argolla en su cuello la sintió pesada en extremo y un sudor helado le recorrió el cuerpo, se puso pálida, la garganta se le secó y se paralizó por completo; sintió que pronto se desmayaría pero al instante recordó que al ser una condenada a prisión no tenía ni siquiera ese derecho; si se hubiera desvanecido, el guardia simplemente la habría arrastrado por el suelo tirando de la cadena ajustada por la argolla a su cuello sin la menor muestra de piedad la que, dicho sea de paso, también era mal vista cuando se trataba de condenadas a "Las entrañas del dolor". Unas diminutas gotas de orina alcanzaron a salir por su uretra, mas logró retener. Detrás de ella volvió a escuchar la voz del juez que terminaba de leer la sentencia de la otra acusada.
-condenada a un año en prisión en "Las entrañas del dolor".
-NOOOOO, NO, NO, POR FAVOR PIEDAD.
El abrupto grito de la otra acusada y su posterior llanto estremeció a todos los presentes a pesar de que esas demostraciones eran habituales ante el estrado. El ataque histérico de la mujer fue rápidamente sofocado con un puntazo que un guardia le dio en el abdomen con su garrote, luego se le colocaron los grillos y se le arrastró por el suelo hacia afuera. Claudia pensó que en justicia ese ataque de histeria le hubiera correspondido a ella ya que su pena era mucho más terrible(diez años de prisión). Las condenas a más de un año de prisión en "Las entrañas del dolor" hacían que a la condenada se le confiscaran los bienes, se le despojara de sus derechos de ciudadanía, transformándose en cosa, se le quitara su nombre, el que sería cambiado por un número y, una vez completado su periodo de reclusión, se le expulsara de la ciudad hacia las soledades del desierto más árido e inhabitable que se conocía, absolutamente desnuda y previo flagelo de cuarenta latigazos; nunca más podría volver desde su exilio el que no era más que un decir ya que si no moría producto de los azotes, terminaría devorada por los animales salvajes o las inclemencias del desierto en menos de una semana, sin hablar de los bandoleros en extremo malvados que merodeaban por el páramo. Si la condena era de menos de un año, al salir de prisión, les era devuelto el nombre y aunque sin derechos, se podía vivir siendo sirvienta o mendigando por las calles de la ciudad.
Claudia hubiera preferido la muerte, de hecho su tristeza fue tan grande que la deseó con todas sus fuerzas. Si tenía suerte no pasaría de uno o dos años, no por nada la cárcel era llamada "Las entrañas del dolor"; se sometía a las internas a diarias torturas y humillaciones, absolutamente arbitrarias y si la población penal se excedía, simplemente se ejecutaba a las que sobraban, sin consideración alguna. Se sabía que era raro que alguien durara más de tres años en cautiverio."Las entrañas del dolor" se autoabastecía, es decir, las internas debían trabajar para poder comer en unos exiguos campos cultivados que producían algunas raquíticas hortalizas, además de unos cuantos árboles frutales. Cada cierto tiempo la dieta consistía en carne la cual era obtenida de las mismas internas que por una u otra razón morían o eran ejecutadas. Si llegaba a faltar la comida simplemente las cautivas morían de hambre o se les mataba contribuyendo de éste modo a la alimentación de sus compañeras. Como la prostitución estaba prohibida en la ciudad y el estado tenía el monopolio de dicha actividad económica, "Las entrañas del dolor" era la que proveía mujeres a este respecto, recibiendo el penal recursos por este concepto. Para los hombres condenados existía "Las entrañas de la pasión", pero dicho penal no tenía mayores problemas ya que las penas masculinas eran sólo de dos tipos: la ejecución en la cruz inmediatamente después de ser leída la sentencia condenatoria o la prisión por un término de siete días cada uno de los cuales era destinado a torturar salvajemente al condenado de modo que nadie o muy pocos lograban llegar vivos al día siete y si lo hacían quedaban irremediablemente lisiados. Esta diferencia para con los hombres se justificaba en consideración a que los delincuentes masculinos eran de mayor peligrosidad para la ciudad por lo que era más provechoso eliminarlos. De las mujeres, en cambio, podía extraerse algún beneficio. Claudia pensaba en todo esto cuando era tironeada por el guardia ¿cómo soportaría tanto sufrimiento? Iba con la cabeza inclinada, mirando el suelo; la levantó y vio que los transeúntes de la calle no la miraban y hacían como que no reparaban en ella, era lo usual; no lo hacían en consideración a ella para que no se avergonzara sino porque no era bien visto mirar a un condenado y la argolla en su cuello la delataba. La condenada era "cosa" y no merecía una mirada, si alguien lo hubiera hecho se le habría considerado tonto o inmaduro; los niños lo hacían, mas los niños nada temían aún y son por antonomasía seres libres.
Por un momento, Claudia se dijo que si tenía 27 años (ésa era su edad) saldría de "las entrañas " a los 37, pero de inmediato borró ese dejo de esperanza de su mente ya que no hacía bien tener esperanza y por lo demás era totalmente iluso esperar cumplir la totalidad de su condena; no se sabía de nadie que hubiera sobrevivido más de cuatro años. Cuando era pequeña había sido testigo de la liberación de una mujer después de haber estado 5 años en "Las entrañas del dolor", tenía 25 años y se encontraba muy desmejorada; presentaba cicatrices, estaba desdentada, con una delgadez extrema, escaso cabello y con una mirada funesta; a la salida de la ciudad se la había desnudado y azotado públicamente de manera brutal; se había desmayado antes de llegar al latigazo número 30; como no se movía, fue arrastrada por un jinete a caballo hasta unos cien pasos de los límites de la ciudad y dejada allí, bajo el sol, no se movió más y al día siguiente era posible observar a una bandada de buitres dándose un festín con su cadáver. No, ella no resistiría por demasiado tiempo.
CONTINUARÁ.

miércoles, 9 de septiembre de 2009

AVERNO.

-¿Qué puedo hacer para ayudarte?
-"muéveme" un trabajito aquí en la biblioteca o en la bodega, cualquier cosa; puedo limpiar baños, atender gente, ordenar archivos, quitar el polvo.
-Ya, tráeme tu curriculum y referencias de otros trabajos.
-No tengo.
-¿cómo que no tienes? , no puede ser, todo el mundo tiene curriculum y referencias.
-pues, no tengo.
-no puede ser, algo habrás hecho de tu vida ¿qué has hecho?
-a ver, mmmm, a ver; una vez estuve en la universidad y estudié algo allí, hice mi practica pero no me gradué, algunos trabajos esporádicos y en los últimos años me lo he pasado en el infierno.
-¿qué te lo has pasado dónde?
-en el infierno.
-¿qué es eso del infierno?
-el lugar donde he estado, es terrible.
-¿sí? ¿dónde queda?.
-es aquí mismo y en todo lugar.
-¿cómo? ¿cómo que en todo lugar? ¿acá estamos en el infierno? no entiendo.
-Mmmmmm, sí, no me explico bien. Para que se entienda podríamos decir que el infierno es un estado de ánimo, un espacio físico y un espacio temporal.
-y ¿cómo llegaste allí? ¿quién te cagó? ¿alguien te envió ahí?.
-No, nadie me envió: uno solo se mete al infierno casi sin quererlo y después no se puede salir ¿cómo podría definirlo, mm? digamos que es un temor, un temor a perder.
-¿a perder? ¿a perder qué? .
-puede ser cualquier cosa; perder la vida, la dignidad, la libertad, la comida, la riqueza, la pobreza, el placer, el dolor, la seguridad, la incertidumbre, el amor; cualquier cosa, da lo mismo lo que sea, ese temor te hace entrar en el infierno. Lo más curioso es que una vez dentro, terminas por preferir el infierno, pero como nunca deja de ser infierno sufres igual y deseas siempre salir de allí.
-¿Por qué no sales de ese lugar? ¿te vigilan, hay alguien que lo impide?
-Hay guardias, carceleros, pero ellos son fácilmente eludibles. La primera línea es muy sencillo traspasarla, cuando ya lo has hecho, a veces necesitas un puente para cruzar el foso que rodea al infierno o que alguien al otro lado te ayude.
-¿y?
-No hay puente y no he visto a nadie del otro lado, la gente no se acerca a los infiernos, los rehuye; en el averno se está solo.
-aaaah ¿y ahora, estás en el infierno? .
-sí, lo estoy, pero quiero salir, por eso vine para acá.
-Okey. Tráeme tu curriculum y consigue referencias, luego hablamos.
-pero no tengo.
-¿cómo que no tienes? algo debes haber hecho ¿qué has hecho? ¿algún estudio?
-recuerdo que alguna vez fui al colegio, a la universidad , tuve unos cuantos trabajos sin importancia y he estado en el averno últimamente.
-Averno ¿qué es eso?.
-Es un lugar lúgubre, un estado de ánimo, la soledad violenta, un poder inmovilizante, es el mundo entero que se te viene encima ......
-ya, ya, ya, está bien, ya me lo dijiste, lo se. “Inventa” un currículo, falsifica referencias y tráelas mañana; veré qué puedo hacer, pero no prometo nada. Me permito darte un consejo: véndate los ojos y tápate los oídos y nunca más se te ocurra quitártelos; es mejor así ......aaah, se me olvidaba, jamás hagas preguntas......sé humilde.

viernes, 28 de agosto de 2009

REINA Y CONDENADA.

Uno de los verdugos coloca la punta del clavo en el antebrazo, muy cerca de la muñeca, en ese preciso espacio entre los huesos cúbito y radio. El verdugo presiona hacia abajo y la clavija se hunde en la piel de la condenada. Mana algo de sangre y la mujer cierra los ojos y arruga la nariz en señal de dolor, un dolor pequeño y soportable, antesala minúscula de lo que se avecina. Cae el martillo y el clavo atraviesa la carne abriéndose paso hasta alcanzar la madera de debajo del brazo. Cinco serán en total los martillazos necesarios en la operación que realiza el verdugo y, por cada uno de los cinco agudos alaridos correspondientes, la mujer condenada recibe una fuerte bofetada en las mejillas de parte del asistente del verdugo clavador; al parecer le está prohibido gritar y debe ser castigada por eso también. Vuelve a repetirse lo mismo en el otro antebrazo y ya está la condenada con los brazos abiertos y fijos al patíbulo. Los verdugos se ponen de pie y se retiran un paso hacia atrás como para observar con perspectiva cómo va quedando su trabajo. La condenada acostada boca arriba, encima de la cruz, absolutamente desnuda, no para de sollozar.
Para la etapa siguiente es llamado un tercer hombre; la mujer es pequeña y delgada, bastante menuda, sin aparente fortaleza física, pero el entramado compacto de los tendones, nervios y huesos metartasianos de los pies ofrecerán su resistencia a la invasión de los clavos y se necesita de más brazos para sujetarla ya que el dolor que experimentará será 20 veces mayor a lo que sufrió cuando fueron clavados sus antebrazos. El pie de uno de los hombres se hunde con brutalidad en el bajo vientre de la condenada a fin de inmovilizar su pelvis mientras otro, utilizando el peso de su propio cuerpo, asegura las piernas a la altura de sus muslos. Una vez los tobillos fuertemente atados, el verdugo clavador no pierde más tiempo y con la mayor fuerza de que es capaz su brazo deja caer los martillazos. Los primeros dos segundos que siguen a la penetración de los clavos, anuncian unos alaridos agudos y desgarradores, mas enseguida la mujer los ahoga como gritando hacia adentro, como perdiendo la respiración. Los dos hombres que la sujetan se ven en dificultades al principio pero son más fuertes y logran inmovilizar los involuntarios sobresaltos reflejos de ese pequeño cuerpo desnudo y sufriente; como contrapartida a esa represión y escape al dolor, la condenada suda helada y copiosamente, pone blanco los ojos y tiembla como si estuviera aterida. Cuando ya el verdugo principal ha terminado de clavar, los tres hombres miran su obra a medio terminar como apreciándola y para descansar ellos mismos y también dar tregua a la supliciada. Con rostros serios y atentos miran el cuerpo moreno de la mujer que no ha dejado en ningún instante la agitación ni los estertores desesperados. Su tórax sube y baja convulso y lo mismo su abdomen. Los hombres parecen solemnes ante la visión, se diría hasta respetuosos y nada dicen, mas uno de ellos -el que dio los martillazos- parece sufrir un trance hipnótico; no pestañea y sus sienes comienzan a manar transpiración. Se fascina observando la sudorosa desnudez de la condenada y su atroz sufrimiento; su boca abierta anhelante de aire, la hondonada que se forma en sus axilas abiertas, sus pechos derramados hacia los lados, las costillas marcadas y el vellón negro de su sexo desnudo; sus muslos morenos le parecen insoportablemente bellos y deleitosos. Casi sin percatarse, la mano del hombre perturbado va hacia su propio sexo enhiesto y comienza a refregarlo. Sus compañeros trasladan ahora sus miradas ceñudas hacia él y quedan, por un instante, estupefactos antes de estallar en sonoras carcajadas, pero el masturbador parece no escucharlos ni verlos y no se detiene sino hasta eyacular.
Dos proyectiles de semen, blancos y viscosos, se precipitan encima de la condenada: uno cae sobre su nariz y el otro en el pecho; casi enseguida de este bombardeo, la mujer se mea producto de la fatiga. La visión del charco amarillo que se ha formado en el suelo redobla las risotadas de los otros hombres que se desternillan llevándose las manos a sus vientres. Ella quiere unirse a la fiesta y yo también voy- dice uno y acto seguido, descubriendo su pene, orina encima del rostro de la mujer que crucificarán.
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¡RINGGGGGGG¡, suena el despertador, son las 7 AM. La mujer despierta abruptamente, su mano izquierda está metida en su entrepierna y la derecha soba sus abultados pechos. Se sorprende al ver su camisón de dormir abierto. Al principio no entiende y la cabeza se le confunde por unos instantes. Soñaba y era tan real la imagen de pesadilla. Se da cuenta que su sexo está húmedo. Se sienta en la cama y se lleva los dedos embadurnados de sus jugos a su nariz; ahí está el olor a almizcle, a concha excitada, a zorra diría su hermano. Lo que más la impresiona, hasta casi avergonzarla, es descubrir que se ha estado masturbando mientras dormía; sí, se ha calentado con ese sueño cruel y macabro. No puede ser, dice en voz alta y se cierra el camisón guardando otra vez su pesado busto. Había algo extraordinario en esa pesadilla -bueno, no podemos llamarla pesadilla considerando la excitación- lo extraordinario, aparte de la calentura, fue que ella observaba la escena de la mujer siendo clavada, como una espectadora, era una voyeur mirando desde afuera sin participar y sin embargo ella sabía que la condenada era ella misma y eso era precisamente la causa de su excitación. Había sido condenada a la crucifixión en ese sueño y eso ¿le gustaba?, pero no era ella y se recordaba claramente como espectadora. Nunca estuvo acostada de espaldas encima de la cruz cuando los clavos atravesaban la carne y los huesos, pero era ella y lo sabía bien. Ella era una mujer de piel blanca, rellenita, de busto y trasero grande, de curvas, sus tetas estaban coronadas con una gran areola, su entrepierna la llevaba afeitada, su cabello era liso y castaño y sus ojos hacían juego con él. No se parecía en nada a la crucificada, ésta era de piel morena, delgada, parecía ser de menor estatura, sus ojos eran negros lo mismo su cabello azabache el cual era ondulado y muy largo, y el sexo estaba oscurecido por un matorral de vellos muy espeso y negro. Ella había estado presente como testigo en la crucifixión, pero sabía que de algún modo era "su propia crucifixión"; sintió un escalofrío al pensar esto y al mismo tiempo le cosquilleó el bajo vientre. Había sido como estar desdoblada observando su propia muerte. Tal vez sea un recuerdo de mis vidas pasadas, pensó, pero seguía intrigándole las sensaciones placenteras que le había provocado el sueño. Tengo una sensualidad-dad-dad; tengo una voluptuosidad-dad-dad masoquista, decía, remarcando con los labios y la lengua, la sílaba "dad"; sin darse cuenta sus dedos se habían posado otra vez encima del clítoris.
Se levantó, se desnudó y se metió bajo la ducha. No pudo evitarlo (no quiso evitarlo) y otra vez evocó el sueño de la condenada retorciendo su cuerpo ante los martillazos y el semen y la orina de esos bestiales hombres cayéndole encima.
-Yo soy esa, soy esa, soy la clavada, la humillada, la ultrajada y comenzó a restregarse el clítoris con furia como si fuera una posesa, mientras el agua tibia le corría por su cuerpo y abría su boca imaginando que el agua que tragaba era la orina y el moco blanco de esos sucios y brutales bárbaros. Al correrse gritó de placer al punto de derramar lágrimas, luego continuó bajo la lluvia unos minutos, sin moverse, sentada ya en el suelo. Mientras se maquillaba ante el espejo se lamentó de que la campana del reloj la sacara de su sueño sin dejarla terminar de presenciar la escena; había faltado la segunda etapa, el izamiento de la cruz con la condenada colgando de ella. Cuando ya estuvo lista salió rauda de su departamento rumbo al trabajo.
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¡Cuanto sufrimiento, cuanto dolor¡ en esto pensaba la condenada cuando habían terminado de clavarle en sus antebrazos. Sus brazos abiertos habían quedado fijos al patíbulo de madera. Era aterrorizante para ella pensar que aquello había sido sólo el inicio y lo más suave ante lo que se anunciaba. A continuación atravesarían sus delicados tobillos y romperían sus huesos -hasta ahora sólo habían taladrado su carne- Seguramente se cagaría de dolor como se sabía que pasaba con la mayoría de las crucificadas y todos verían cómo su mierda maloliente brotaría de sus entrañas y su desnudez y su humillación ¡que horrible¡ y no tenía sentido solicitar piedad, tan sólo le quedaba gritar y gritaría, y gritaría y lloraría más aún.
Cuando sus pies fueron claveteados, un sudor helado nacido de sus últimas vértebras subió por su espina hasta la cabeza, llegó a su frente y de allí se derramó por todo el cuerpo. Se supo untada de transpiración y no pudo lanzar el alarido que tenía atrapado en su garganta. Sentía que perdía el aliento. Se desesperó. En vano esperó el desmayo que no llegó y quedó en ese estado de suspensión donde todo el universo fue dolor y ella su juguete pequeño y sin importancia. En un momento abrió los ojos y vio que sus tres verdugos estaban observándola con seriedad; quería decirles algo pero no sabía qué, tal vez un ruego de piedad o puede que un insulto impotente. Tanto fue su padecimiento que pensó que lo que siguiera ya no le importaría así fuera más dolor y degradación y precisamente comenzó a percibir que sus esfínteres se soltarían de un momento a otro, cuando unas gotitas tibias que cayeron en su nariz y pecho ocuparon su atención. Le costó comprender que se trataba de la simiente blanca de uno de sus verdugos; vio, entremedio de su desfallecimiento, cómo los otros dos se burlaban, pero a ella ya no le importó toda esa crueldad; casi no se dio cuenta de que se había orinado, pero sí volvió a reaccionar y a mortificarse cuando el chorro amarillo del meado del otro verdugo le salpicó en el rostro, entonces fue como si los dolores se reanimaran. Ella ahí, sufriendo y ellos riéndose a carcajadas ¡cómo podía ser¡ ¿por qué eran tan crueles? ¿por qué la vida era tan horriblemente injusta y tirana? mas otra vez volvió el sudor helado y entonces las voces de los hombres se alejaron como si de pronto se fueran ellos a kilómetros de distancia de ese lugar, luego, todo se oscureció.
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Se vio en un lugar extraño y totalmente desconocido, parecía ser una casa y se le ocurrió que ricamente amueblada aunque no sabía si ese juicio era exacto. Ante ella se encontraba una mujer en sus aposentos, de alguna manera supo que aquella mujer no la podía ver ni oír. Era una señora hermosa o a ella le parecía hermosa. Estaba semidesnuda con una túnica transparente pero tenía sus pechos descubiertos, estos eran muy grandes como los de una madre lechera y se le ocurrió que aquella señora debía de tener muchos críos; parecía bien alimentada y sana, su piel era muy blanca y tersa y su cabello lacio y sedoso. Vio que tenía la mirada puesta en el infinito y ¡OH¡ se estaba manoseando sus vergüenzas y sus pechos; practicaba indecencias, tal vez fuera una mala mujer, pero después reflexionó, se dio cuenta que la señora se encontraba sola, es más, vivía sola en esa casa y algo le dijo que no tenía marido, tal vez fuera viuda ya que a juzgar por la edad que aparentaba no podía ser una doncella, luego pensó que la indecente era ella al espiar la intimidad de otra mujer. A pesar de la extraña situación sintió simpatía por esa mujer de abultados pechos, pero no sabía por qué.
La mujer extraña se levantó y caminó hacia otra habitación (ella la siguió), ésta era un lugar muy limpio y parecía hecho de mármol. Esta mujer debía de ser una reina considerando los lujos entre los cuales vivía. Vio que se desnudaba y se introducía en una fuente de la que emanaban tibias aguas claras. Comenzó a bañarse. Su sexo estaba completamente depilado y lo mismo sus sobacos. Sí, ella era una reina. Mientras le caía el agua sobre la cabeza, la mujer volvió a procurarse deleite haciendo indecencias, al parecer era una reina muy ardiente ya que cayó en un éxtasis que la hizo bufar y gemir como lo hacen los animales, luego se untó el cuerpo con espuma y volvió a quitársela con el agua que emanaba de la pared de al lado de la fuente. Salió de la fuente y se secó la piel con una manta de vivos colores para luego untarse el cuerpo con esencias muy olorosas y agradables. Se pintó los ojos y los labios como lo hacen las mujeres de mala vida - y también las reinas- y se vistió con extraños ropajes y se calzó con unas sandalias duras y estrechas; tomó un morral como de pellejo elaborado (muy lindo) y caminó hasta el portal; iba a salir de su palacio; ella la seguiría para saber donde iría, mas todo se oscureció.
Abrió los ojos y seguía acostada boca arriba sobre la cruz. Los verdugos se disponían ahora a izarla. Ella sabía que al quedar suspendida de los clavos sus dolores se multiplicarían en veinte veces a lo que ya había vivido, y no obstante tardaría muchas horas en morir, todos la verían en su suplicio humillante, pero ahora tenía un consuelo y acaso una esperanza. Cuando plantaran el poste de la cruz en el suelo, el primer remezón repercutiría en sus muñecas y pies taladrados y entonces sí se le soltarían los esfínteres y se cagaría por el dolor, mas ese dolor la transportaría otra vez a ese mundo extraño y entonces averiguaría a qué lugar se había dirigido la mujer de grandes pechos, la seguiría porque ella estaba cierta (y no sabía cómo es que lo estaba, pero eso no le importaba), cierta de que aquella extraña mujer era ella misma con otro cuerpo y otra vida, otra existencia en que era una elegante y extravagante reina que vivía sola en un su propio palacio .

sábado, 22 de agosto de 2009

FELINO ROJO.

Los femeniles alaridos de aquellas mujeres torturadas con azotes o en el potro de estiramiento no salieron de mi cabeza en toda la noche, así como tampoco los movimientos de sus cuerpos desnudos y desesperados, se diría que yo también era un torturado al no poder conciliar el sueño, habría bastado una paja y listo, a dormir se ha dicho, mas no quería dejar de pensar en ellas las cautivas supliciadas y es que el sufrimiento (ficticio) de ellas me enamora, me hace arrobarme a mundos de sádicas fantasías románticas y es más poderoso que cualquier alucinógeno. No me canso de preguntarme la causa, el alfa y el omega de esas imágenes.
Le hablé de aquellas películas a Claudia, me dijo que no dejaría de verlas. Sospecho que a ella no le entusiasman tanto como a mí; ella me dice que no es así, que siempre ve ese tipo de filmes con avidez y que se excita con ellos, pero me parece que no es lo mismo (lo mismo que me sucede a mí). Siempre me queda la sospecha de que me lo dice tan sólo para complacerme; por lo demás reconozco que casi todas son películas hechas por hombres y para hombres, en donde se muestra el martirio de mujeres en descuidadamente arregladas y estéticas poses y movimientos. Si Claudia me dijera que su entusiasmo por ese tipo de cine es menor al mío, yo lo aceptaría y entendería, mas ella insiste en que me equivoco al tener esa duda respecto a ella.
Como ya dije, muchas de ellas son películas hechas por hombres y para hombres pero conozco el caso de una cineasta que hace ese tipo de filmes, se llama Camille Duka, actriz boliviano-francesa. Jamás he visto alguna película de la Duka, tan sólo un trailer. Su productora se llama "El felino rojo" (redfeline.com). En su página, Camille aclara que aunque de un carácter sado-erótico en sus filmes casi no aparecen penetraciones, ni escenas de sexo explícito; lo que en realidad quiere decir es que no aparecen penes erectos ni vaginas penetradas ya que no se trataría de pornografía, ella se empeña mucho en diferenciar su trabajo de lo porno.
El tema principal estaría dado por la crucifixión, de hecho siempre se trata de la crucifixión de una mujer; el cuerpo de la mujer y lo femenino es lo principal. La misma Camille confiesa tener esa inquietud a nivel personal y es ella la que protagoniza a la heroína sufriente en todas las películas; creo que hay otra actriz llamada Margot que la acompaña. Demás está decir que Camille y la dicha Margot son chicas muy atractivas y de hermoso y estilizado cuerpo. La cineasta pretende con su trabajo en este tema (que al parecer le obsesiona como a otro que conozco) hacer una reflexión y presentarlo como cine arte; con sus declaraciones no hace más que estimular mi morbo curioso. Claudia me dijo que eran películas extremadamente caras, de hecho las más caras que ella había visto en la red; me producen una gran curiosidad, si tuviera dinero pagaría por ver, soy voyeurista, lo confieso (y en extremo fetichista): por otro lado leí en un sitio un post de un sujeto que las catalogaba de filmes "extremadamente sádicos y masoquistas" y que le merecían la duda de si se trataba o no de flagelos reales los que él veía recibía la protagonista, al parecer eran reales según él.
Me encantaría traspasar mi entusiasmo a Claudia, lo he tratado de hacer de mil maneras, pero no me doy por satisfecho; aclaro que ella es sexualmente masoquista, muy masoquista, sin embargo hay ciertos detalles que creo no compartimos. Cuando Claudia lea este texto, me recriminará una vez más, dirá que coincidimos plenamente en nuestras inquietudes sadoeróticas ..pero bueno.
POST DATA: Me entero a última hora que Camille Duka ya no trabaja en Red Feline y que en realidad el cineasta es un tipo llamado Jan Jac aunque la niña Duka, si fue parte activa en muchas ideas que conformaron los primeros filmes del Felino rojo.
http://redfeline.com/vod/ En este link algunos traillers de las películas.

viernes, 14 de agosto de 2009

CARRETERA.

Ruta hacia la costa, a la vera de la carretera hay una casa estilo cabaña, está debajo de unos árboles frondosos; al fondo se ven las siluetas de los cerros de la cordillera de la costa. Nadie o casi nadie, parece reparar en esa casa. La brisa que viene del mar siempre está refrescando el lugar. Cuando llega la noche la oscuridad lo invade todo; la luz eléctrica está lejos, la urbe también. La casa es solitaria, el entorno tranquilo. En este lugar nadie me encontrará, es un sitio que a nadie interesa, en alguna medida está fuera del tiempo. Vivo aquí, solitario. No siempre el generador tiene la batería cargada por lo que no siempre hay luz en la noche, entonces la radio guarda silencio; tampoco hay tele. En esas noches negras me siento en el umbral de la puerta y me quedo observando las luces de los autos que pasan raudos por la carretera. Desde los autos no se ve la cabaña, sólo el fondo negro de una noche rural. Me acompaño de un cigarrito y me siento a echar humo. Veo las luces de los autos detrás de ese humo; el humo es una cortina. Entre la cabaña y la carretera hay unos cien metros, no, doscientos, o tal vez trescientos, la verdad no se. Las gentes de los autos no se imaginan que desde la oscuridad alguien los mira. Los grillos cantan, el aroma a hierba llega a mis narices traído por el viento, inspiro y exhalo.

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Voy en el bus, me devuelvo a la ciudad, es la tarde; en unos minutos estará totalmente oscuro. Reclino mi cabeza a la derecha, la apoyo en el vidrio de la ventana. Pienso en ella dejada atrás con su carita de resignación, en su tristeza; pienso en que me podría devolver, bajarme en Cartagena, tomar un colectivo y llegar de noche a Isla Negra, darle la gran sorpresa; toc toc, aquí estoy ¿te devolviste, perro-salvaje? si, corazón, me devolví, acá estoy; abrazos, besos con lengua , manoseos, lo típico y etc.
El bus llega a Cartagena, hace su escala para recoger a más pasajeros, estoy a punto de bajarme, veo unos colectivos amarillos al lado del bus esperando; parecen decirme baja te llevamos a Isla negra de regreso. Me decido, me levanto del asiento, pero no, no puedo, es imposible, debo estar en la ciudad mañana temprano.
De seguro, después de que partí de Isla negra, ella se fue a sentar a los roqueríos para contemplar el ocaso; estaría allí llorando largo rato, pensando un montón de imágenes sombrías y desgastantes; ya desaparecido el sol estará caminando en medio de la oscuridad, lentamente, rumbo a la cabaña; no quiere llegar. Para hacer tiempo decide pasar por el minimarket a comprar una caja de vino, pero se acuerda que en la cabaña quedó bastante así que tiene lo suficiente para la noche, sólo compra cigarros. Llega a la cabaña y empieza tomar echada en la cama, bebe hasta que estalla el llanto; se acaba el llanto y se queda dormida.
El bus arranca, Cartagena queda atrás, ya no se ve la costa, tampoco los cerros ni los bosques. Por más que mire por la ventana la oscuridad lo inunda todo salvo las luces de los vehículos que van delante del bus. Aún me planteo el retorno; me digo que si se detiene más adelante entonces si que me bajo y vuelvo como sea a Isla negra, pero no, el bus ya no se detendrá. Sigo mirando por la ventanilla, Veo las luces de una cabaña a la orilla de la carretera ¿quien vivirá allí? son las únicas luces en medio de una boca de lobo de tinieblas; son unas luces agonizantes.Algo me dice que el que vive en aquella cabaña es un solitario que se sienta en el umbral de su puerta por las noches a observar las luces de los vehículos que transitan por la carretera; es un viejo delgado y de largas barbas. El solitario está fumando. Me gustaría también fumar en este instante, pero no tengo cigarrillos y no se puede fumar dentro de un bus.
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Me reclino perezoso en la silla, saco un cigarro y lo enciendo, me pongo a mirar la carretera; pienso que sigue siendo rico fumar cuando la noche está fría y hoy está fría. No pasan demasiados autos esta noche. Allá va un bus rumbo a la ciudad. Me imagino que algún tonto irá mirando por la ventana hacia afuera, tratando de ver algo en la oscuridad y sabiendo de antemano que nada verá, sólo unas luces agonizantes; sentirá el mirón alguna melancolía por lo dejado atrás que no lo dejará dormir en su viaje ¡ Bah¡ no hay como vivir aquí al borde de la carretera y fumar durante las noches frías.

sábado, 8 de agosto de 2009

LA INTRUSA.

¿Quien está detrás de la pantalla del computador? Me conecto desde los PC del cyber que está cerca de mi guarida. Tal vez sea alguien de ese lugar el que me hace una jugarreta. Desde hace algún tiempo una persona anónima que se hace llamar "La Intrusa" ha estado enviando mensajes a mi correo; dice ser una mujer que sueña, que tiene fantasías como las que describo en los cuentos morbosos que siembro por la red y que a veces edito en mi blog. Aparece y desaparece cada cierto tiempo.
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Esperanza ¡que intrusa es la esperanza¡ esperanza viene de esperar ¿esperar qué? , ¿esperanza de qué? y es inevitable la esperanza, consustancial a la vida ¡Que intrusa, que metiche es la esperanza¡ . Esa chica anónima SPAM es una intrusa.
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Una de las cosas que me dice la intrusa es que me acecha durante todo el periplo que hago durante el día; a la salida y a la entrada de mi madriguera. La intrusa me vigila. Me pregunto ¿quien será la intrusa? repaso mentalmente todas mis amistades y conocidos (que no son muchos) cybernéticos y reales y no acierto a dar con su identidad. La intrusa sabe detalles de mi vida que sólo podría saber alguien que conozco, incluso está enterada de cosas que jamás le he confesado a nadie. A veces creo que es JOTA. Estuve tan cerca de JOTA, pero en realidad nunca supe quien era ella; parecía perversa, y me gustó por eso. Hasta en esa loca y efímera relación se metió la esperanza la que me impulsó a inventarme una imagen de ella y a creerla como si fuera cierta. Vestí a JOTA de víctima desamparada, de fémina dolorosa y la puse en el lugar en el que guardo mis fetiches íntimos, sin saber mayor cosa de ella. Debo aclarar que con JOTA tuvimos una relación. Era una relación extraña, ni siquiera relación cyber, de esas por chat, sino que epistolar; puros mails. Nunca la vi por fotos, ni ella a mí. De puros carteos huevones pasamos de "rompe y raja" a encontrarnos un día, en vivo, una cita a ciegas.Cuando la vi por primera vez me pareció fea, pero mis poderes obsesivos la embellecieron arbitrariamente. En honor a la verdad -hay que dar a JOTA lo que es de JOTA- no era fea, pero fue chocante saber que su aspecto no era como yo lo había imaginado; probablemente a ella le pasó lo mismo.Hay fuertes antecedentes que hacen improbable que la intrusa sea JOTA ¿Cómo puedo afirmar eso si nunca supe quien era realmente JOTA? es decir, supe muchas cosas de ella y de cómo era su personalidad, pero hubo áreas totalmente desconocidas. Cuando lo de JOTA pasó, un haz de luz llegó a mi mente y pensé que estaba padeciendo esquizofrenia y que JOTA era producto de mi imaginación, algún otro ente que convivía dentro de mi cabeza conmigo mismo y me hacía bromas pesadas y que todo lo acontecido: el carteo, los poemas, el encuentro en la cafetería, las nalgadas, el olor de su piel, el revolcón al aire libre y todo lo demás, no habían sido más que alucinaciones de mi mente febril. Pero todo había sido real, lo confirmé y tengo pruebas que lo certifican. Puede que ahora si sea el caso y que la intrusa no sea más que un espejismo.
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La intrusa volvió a dejar mensajes en mi bandeja de entrada. Me anuncia que pronto revelará su identidad, que tiene todo preparado para llevar a cabo las fantasías sadomasoquistas de mis historias, que será un juego riesgoso y que cuando yo sepa quien es ella, me gustará.¡que la sorpresa me gustará¡ jajajajajaja.Eso y lo demás está escrito de una manera como si la intrusa y yo nos conociéramos, pero no se parece a nadie; su redacción es rara, no tiene casi faltas de ortografía y las que tiene son ridículamente inverosímiles. Si la misteriosa es JOTA o alguien que conozco -real o cyber- entonces debo reconocer que esta mujer misterio se ha camuflado muy bien y disimulado muchas cosas ¡Que la sorpresa me gustará¡ No se si mi estado de ánimo actual, bastante devastado, permita entusiasmarme con supuestas sorpresas previamente anunciadas.
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La persona anónima que intrusea escribe semana por medio a fin de despertar mi ansiedad y volverme loco; logra su objetivo. Estamos en la semana en que no aparece. Sabe lo del abismo, sino lo sabe, lo supone, lo que no es muy difícil de hacer. Una de las personas que supo algo (tan sólo algo) del abismo fue JOTA. Ya dije que es una de las sospechosas con algunas probabilidades de culpabilidad. En su defensa debe mencionarse que su carácter, orgulloso y aristocrático no hace sentido con este tipo de juegos bobos y ociosos, pero por otro lado, Jota es perversa y morbosa, de hecho es nacida en el año de la rata (como yo), lo que la hace ser muy astuta, rencorosa, egocéntrica y narcisista, aún así, algo me dice que no es.Podría ser Claudia, siempre dispuesta jugar y fantasear, pero ahora ella está "en otra" volvió a ser la monja que un día fue, vive retirada y está en paz consigo misma . ¿Quien será? cuando lo descubra, tal vez lo cuente y escriba algo al respecto. Hasta pronto.

sábado, 1 de agosto de 2009

PAJA INVERNAL.

No sé con exactitud cuál es la fecha de hoy, pero sí puedo asegurar que es una de las noches más frías del año; cero a 2 grados bajo cero se pronostica. Me preparo a taparme la cabeza con "chorrocientas" frazadas para después de que apague la luz, no para dormirme inmediatamente sino para pensar y pensar, imaginar fantasías y pajearme y calefaccionarme así el cuerpo y el espíritu debajo de las tapas en la oscuridad de mi cama.
Tengo la cabeza llena de perversas fantasías sadomasoquistas y de mujeres exacerbadamente tetonas; pero vamos por parte. No estoy debajo de las frazadas sino que la oscuridad ciega que me rodea pertenece al umbral de mazmorras subterráneas. Yo, siendo arrojado a ellas completamente empelotas; yo, descendiendo kilómetros hacia el interior de la tierra. Son cientos de galerías que funcionan como prisión y cámaras de torturas. Lúgubre y penumbroso panorama. Me reciben con latigazos las mujeres lagarto, fuertes y altas guardianas de esbelta y estilizada figura y de cola escamosa. Hay más condenados como yo que deben soportar humillaciones y castigos físicos al por mayor. Se me coloca una argolla de metal en el cuello, muñecas, tobillos y alrededor de mis genitales. Se me marca a fuego con un hierro candente en la espalda y no puedo reprimir un grito de dolor que me hace llorar. La mujer lagarto que me ha quemado se rie y burla de mi llanto, luego me hacen formar en una fila junto a los demás condenados. Es la misma figura de la mujer lagarto (tan llena de curvas) la que me excita e involuntariamente se me erecta el pene, pero a ella, al parecer, no le agrada esto y delante de los otros presos, y para humillarme, me ajusta más aun la argolla de metal alrededor de mis legumbres, extrangulándome los genitales y exacerbando la erección; acto seguido, la enorme lagarta me cuelga de cabeza y me anuncia que mientras mi pico no vuelva a reposar no dejará de darme latigazos, pero es imposible que el pene deje de estar erecto con la espantosa y dolorosa presión de la argolla por lo que estoy irremediablemente perdido.
Saco la cabeza fuera de las frazadas buscando aire y compruebo que la atmósfera de esta noche se ha puesto más gélida conforme avanza la noche, por lo que me vuelvo a sepultar.
Se me aparecen las tetas húngaras de Tundi Horvath, tan grandes, erguidas e imponentes. Un collar de perlas pende de su cuello y recorre sus pechos haciéndomela arrebatadora. Es tan bella esta mujer, es tanta la admiración y arrobamiento que me provoca su hermoso cuerpo que no logro imaginármela encadenada, azotada o torturada como siempre imagino a las mujeres lindas y sensuales; se vuelve una diosa en vida, una ídola impresionante ante la cual se me caen las babas, entonces me arrodillo desnudo ante ella, me humillo y arrastro como un gusano diciéndole, implorándole más bien, que me sentiría dichoso si ella me golpeara con un látigo.

Tundi se pasa su lengua por el labio superior, juega con su collar de perlas metiéndolo entremedio del abismo de sus dos enormes pechos antes de comenzar a vapulearme y todo eso es para que yo me derrita y ya no puedo más y empiezo a refregarme violento el pene usando toda la fuerza de los músculos de mi brazo y mano. Caen los lamidos cortantes del látigo y me hundo en la dicha amarga-dulce de esa paja furiosa; Tundi, Tundi, Tundi, bella húngara putona, mijita rica, preciosa, cosita, hermosa mujer, háceme mierda si eso te da tan sólo un segundo de dicha. Pero a pesar de la paja y de encontrarme sepultado por las cobijas no logro calentarme los pies y las manos en esta noche invernal; me las froto y me las froto nerviosamente sin ningún resultado.
Ciento veinte centímetros es la medida real del busto de Claudia, a veces es menos otras más pero siempre anda por ahí alrededor. Son unos pechos muy lindos, erguidos, duros, increíblemente duros y parados, como para no creerlo, un verdadero busto que hace que la palabra busto sea orgullosa y plena, que hace que un huevón como yo se vuelva loco. Me vienen los recuerdos. Claudia no fue sádica conmigo cuando estuvimos juntos, hubiera querido que lo fuera, haber sido sometido y azotado por ella, carácter no le falta para eso, pero no quiso, no pudo. Si no goza no me agradaría que lo hiciera tan sólo para complacerme ¡como me encantaría que gozara¡ que se mojara al verme gritar de dolor, al ver mis muecas de sufrimiento así como yo gozaba con las de ella cuando le daba de correazos en su propio cuerpo desnudo; el temblor de sus nalgas, el bamboleo de sus ubres cuando le caían los golpes y ella se queja, dice AY, AY y vuelve a decir ay, con esos ahogos de tetona ardiente, cierra apretadamente sus ojos y mi lengua de vicioso ya está afuera casi involuntariamente para lamer su rostro de mujer sufrida y abofeteada. Con sólo pensar en la palabra "cachetada" o "bofetada" la erección del pico se me vuelve a recrudecer, con sólo recordar cuando la Claudia me confesó que le gustaba, que se le humedecía la concha con las cachetadas en el rostro, mi glande comienza a segregar viscosidad y ya derramo sobre mis palmas frías que sienten ese líquido caliente tratando de que no se manche la cama y ahora se me hace el poto tener que levantarme para ir al baño a lavarme con este frío endemoniado, pero debo tener coraje ¡vamos¡ a caminar por el piso helado hasta el baño.