Estoy de rodillas ante ti y te miro hacia arriba, estás desnuda. En ese ángulo te veo las tetas enormes, mucho más de lo que son: me siento amenazado, impresionado, apabullado.
Te adoro, quisiera meterme dentro de ti, abrirte la vagina, que fuera en extremo elástica para meter mi puño hasta la muñeca y luego mi cabezota hasta el cuello. Escarbarte el ano también..........estoy de rodillas ante ti y te miro pah rriba .....etc etc..y etc y etc hasta el infinito.
sábado, 18 de agosto de 2012
martes, 31 de julio de 2012
VISIONES, SUEÑOS 2.
TSUNAMI.
* A cada rato, en la tele, muestran una casa de madera flotando en el agua: es grande y bonita; se la lleva el mar para adentro cuando éste se recoge después del tsunami. Es muy posible que dentro vayan personas heridas o muertas, si estuvieran vivas se habrían subido a cubierta y harían señas pidiendo auxilio, pero no se ve nada. El cementerio de esas personas será el mar, se dice, y es como si la imagen de la casa navegando mar adentro fuera una despedida; los vino a buscar Caronte en su balsa. Pero, ¡ATENCIÓN¡ ahí se ve alguien,sobre el techo de la casa flotante, un bulto, una silueta que se agita; mueve su brazo, no se alcanza a distinguir si es un hombre o mujer, niño o adulto. Nadie se percata de la imagen, ni los periodistas que reportean ni la gente que ve la tele, sólo él se da cuenta mas nadie le cree o, más bien, es ignorado.
Un día antes del terremoto tuvo un sueño horrible. Se veía a sí mismo haciéndole el amor a unos cuerpos desnudos insoportablemente blancos y tiesos, parecían maniquíes, hombros más estrechos que las caderas, cabelleras largas sueltas y negras. Estaba chupándole la vagina a una de esas muñecas: eran varias y estaban regadas por el suelo de una playa solitaria y brumosa. Chupaba y chupaba los choros depilados hasta que reparaba en que no eran maniquíes sino cuerpos humanos reales, cadáveres fríos. Le daba un asco tan grande que se desdoblaba y luego se contemplaba él mismo por detrás: se veía a sí mismo de espaldas y desnudo mirando, a su vez, horrorizado a esos asquerosos y blancos cadáveres, pero luego caía en la cuenta de que ése otro no era él o de que ése yo que observaba por detrás se transformaba en otro sujeto, un fulano desconocido y flacuchento que, igualmente, sentía asco ya que comenzaba a hacer arcadas hasta vomitar encima de las muertitas chorros de un líquido color tierra mezclado con algo de sangre. ¿Era ese un sueño premonitorio de la tragedia del terremoto?
A pesar de tsunamis, el mar le sigue gustando, lo mismo la costa, le sigue gustando a pesar de la desolación y de las gaviotas rastrojeando muertos en la playa.
Pobre costa, querida y amada costa, tan fresca, tan vital y húmeda.
* A cada rato, en la tele, muestran una casa de madera flotando en el agua: es grande y bonita; se la lleva el mar para adentro cuando éste se recoge después del tsunami. Es muy posible que dentro vayan personas heridas o muertas, si estuvieran vivas se habrían subido a cubierta y harían señas pidiendo auxilio, pero no se ve nada. El cementerio de esas personas será el mar, se dice, y es como si la imagen de la casa navegando mar adentro fuera una despedida; los vino a buscar Caronte en su balsa. Pero, ¡ATENCIÓN¡ ahí se ve alguien,sobre el techo de la casa flotante, un bulto, una silueta que se agita; mueve su brazo, no se alcanza a distinguir si es un hombre o mujer, niño o adulto. Nadie se percata de la imagen, ni los periodistas que reportean ni la gente que ve la tele, sólo él se da cuenta mas nadie le cree o, más bien, es ignorado.
Un día antes del terremoto tuvo un sueño horrible. Se veía a sí mismo haciéndole el amor a unos cuerpos desnudos insoportablemente blancos y tiesos, parecían maniquíes, hombros más estrechos que las caderas, cabelleras largas sueltas y negras. Estaba chupándole la vagina a una de esas muñecas: eran varias y estaban regadas por el suelo de una playa solitaria y brumosa. Chupaba y chupaba los choros depilados hasta que reparaba en que no eran maniquíes sino cuerpos humanos reales, cadáveres fríos. Le daba un asco tan grande que se desdoblaba y luego se contemplaba él mismo por detrás: se veía a sí mismo de espaldas y desnudo mirando, a su vez, horrorizado a esos asquerosos y blancos cadáveres, pero luego caía en la cuenta de que ése otro no era él o de que ése yo que observaba por detrás se transformaba en otro sujeto, un fulano desconocido y flacuchento que, igualmente, sentía asco ya que comenzaba a hacer arcadas hasta vomitar encima de las muertitas chorros de un líquido color tierra mezclado con algo de sangre. ¿Era ese un sueño premonitorio de la tragedia del terremoto?
A pesar de tsunamis, el mar le sigue gustando, lo mismo la costa, le sigue gustando a pesar de la desolación y de las gaviotas rastrojeando muertos en la playa.
Pobre costa, querida y amada costa, tan fresca, tan vital y húmeda.
viernes, 1 de junio de 2012
VAMPIRO 3.
Ser vampiro da una sensación de inmovilidad; en verdad es estar inmóvil, como ver por la ventana de un tren que se desplaza a gran velocidad, el paisaje transcurrir.
La niñita que hace un tiempo jugaba con muñecas es ahora una adulta que amamanta a su propio bebé, la mujer madura sexy y atractiva de ayer se ha transformado en una anciana con los mofletes y el busto caído, mi amigo Marco de cuerpo atlético con el que salía acorrer y a subir cerros es hoy un calvo y barrigón padre de familia que tiene las carcajadas raspadas de un hombre que se hace viejo; y yo, yo, yo sigo prácticamente igual desde hace décadas: no me sale barriga, estoy soltero, no tengo hijos ni los tendré, puedo correr a gran velocidad casi sin cansarme, mi futuro no cuenta ni me preocupa, no tengo trabajo ni oficio o profesión y sólo pienso en follar y nada más que follar, soy inmune a las enfermedades, prescindo de la tecnología, el dinero no me interesa.
Ser vampiro es estar indiferente ante los demás, mirar con distancia a los hombres y andar siempre melancólico; de hecho la melancolía es una especie de placer, el único, quizás, que un vampiro puede tener.
Ser vampiro es quedarse para siempre como un niño en su inocencia y egoísmo, pero un niño solo: es paradójico eso porque un niño solo no puede jugar de verdad, puede jugar solo, mas ese juego no es duradero ni real, sólo una ilusión y un niño, para ser niño, necesita jugar.........con otros.
Ser vampiro es ser amante del placer y amante del querer compartir ese placer sin jamás hallar con quien compartirlo.
Puedo correr a más de 30 kilómetros por hora sin cansarme, puedo leer los pensamientos de la gente y manipular con astucia, subir a la azotea de un edificio de 8 pisos en dos brincos y quedarme arriba disfrutando de las luces de la ciudad de noche mientras el viento golpea mi cara; puedo hacer todo aquello y más, pero no lo hago y espero en la noche
La niñita que hace un tiempo jugaba con muñecas es ahora una adulta que amamanta a su propio bebé, la mujer madura sexy y atractiva de ayer se ha transformado en una anciana con los mofletes y el busto caído, mi amigo Marco de cuerpo atlético con el que salía acorrer y a subir cerros es hoy un calvo y barrigón padre de familia que tiene las carcajadas raspadas de un hombre que se hace viejo; y yo, yo, yo sigo prácticamente igual desde hace décadas: no me sale barriga, estoy soltero, no tengo hijos ni los tendré, puedo correr a gran velocidad casi sin cansarme, mi futuro no cuenta ni me preocupa, no tengo trabajo ni oficio o profesión y sólo pienso en follar y nada más que follar, soy inmune a las enfermedades, prescindo de la tecnología, el dinero no me interesa.
Ser vampiro es estar indiferente ante los demás, mirar con distancia a los hombres y andar siempre melancólico; de hecho la melancolía es una especie de placer, el único, quizás, que un vampiro puede tener.
Ser vampiro es quedarse para siempre como un niño en su inocencia y egoísmo, pero un niño solo: es paradójico eso porque un niño solo no puede jugar de verdad, puede jugar solo, mas ese juego no es duradero ni real, sólo una ilusión y un niño, para ser niño, necesita jugar.........con otros.
Ser vampiro es ser amante del placer y amante del querer compartir ese placer sin jamás hallar con quien compartirlo.
Puedo correr a más de 30 kilómetros por hora sin cansarme, puedo leer los pensamientos de la gente y manipular con astucia, subir a la azotea de un edificio de 8 pisos en dos brincos y quedarme arriba disfrutando de las luces de la ciudad de noche mientras el viento golpea mi cara; puedo hacer todo aquello y más, pero no lo hago y espero en la noche
martes, 15 de mayo de 2012
VISIONES, SUEÑOS.
Soy una voz que habla en un desierto, soy una voz, una sola voz.
¿Qué pasará? no sé.
Hay una casa. Es mucho decir una casa. Son unas ruinas que, al menos, tienen un techo y paredes. Es una construcción añosa y polvorienta enclavada en medio de un desierto desolado, amarillento y en extremo seco. Yo vivo en aquellas ruinas viejas. Tal vez sea mucho decir que "vivo" en esas ruinas: me cobijo bajo ese techo mugroso, me protejo del sol abrazador y abrasador durante el día y me protejo de la helada en la noche. Allí vivo y soy sólo yo; nadie llegará a aquel lugar, ni animales ni humanos ni microbios, ni crecerán vegetales y, por eso en el día ando semidesnudo (en calzoncillos) o desnudo entero; mis pies descalzos pisan el suelo polvoriento de esa casa y la tierra pedregosa y amarilla de afuera: los pedruscos están calientes y filudos.
Miro el horizonte al amanecer, al mediodía y al atardecer. En el ocaso me visto y me preparo para ir a la ciudad, para bajar a la ciudad que está a la orilla del mar; sé que a la tarde iluminan un bulevar costanero con ampolletas de colores diversos y la gente pasea alegre y festiva. Me excita pensar en eso mientras me visto y cómo andaré yo entremedio: las luces de colores encendiéndose cuando atardece y el viento marino meciendo las ampolletas multicolores y colgantes; mas luego me digo, estoy solo, soy sólo una voz que habla en un desierto, no hay ciudad ni gente que pasea en un bulevar costanero ni menos ampolletas multicolores.
¿Qué pasará? no sé.
Hay una casa. Es mucho decir una casa. Son unas ruinas que, al menos, tienen un techo y paredes. Es una construcción añosa y polvorienta enclavada en medio de un desierto desolado, amarillento y en extremo seco. Yo vivo en aquellas ruinas viejas. Tal vez sea mucho decir que "vivo" en esas ruinas: me cobijo bajo ese techo mugroso, me protejo del sol abrazador y abrasador durante el día y me protejo de la helada en la noche. Allí vivo y soy sólo yo; nadie llegará a aquel lugar, ni animales ni humanos ni microbios, ni crecerán vegetales y, por eso en el día ando semidesnudo (en calzoncillos) o desnudo entero; mis pies descalzos pisan el suelo polvoriento de esa casa y la tierra pedregosa y amarilla de afuera: los pedruscos están calientes y filudos.
Miro el horizonte al amanecer, al mediodía y al atardecer. En el ocaso me visto y me preparo para ir a la ciudad, para bajar a la ciudad que está a la orilla del mar; sé que a la tarde iluminan un bulevar costanero con ampolletas de colores diversos y la gente pasea alegre y festiva. Me excita pensar en eso mientras me visto y cómo andaré yo entremedio: las luces de colores encendiéndose cuando atardece y el viento marino meciendo las ampolletas multicolores y colgantes; mas luego me digo, estoy solo, soy sólo una voz que habla en un desierto, no hay ciudad ni gente que pasea en un bulevar costanero ni menos ampolletas multicolores.
jueves, 3 de mayo de 2012
NOTAS DE LA JECHU 4.
Es cierto, a veces soy muy mala, malvadísima y me pongo triste por ser así, por hacer sufrir a tanto pobre hombre ( Y A LA GENTE EN GENERAL) , es cierto que me divierto pero a la vez no me gusta, los pobres arrastrados colocan su carita triste y a mí, aunque no lo crean, se me parte mi cuore, corazón de mantequilla, que lo tengo ah, no crean que no.
Hasta mi Titán piensa que soy cruel, con él no, claro, no puedo ser con él cruel, él es cruel conmigo ( Y ME GUSTA que sea cruel), sé que piensa que soy mala, él no me lo dice pero sé que lo piensa, me lo dice con su mirada oscura, él tiene una mirada oscura, con una sombra debajo de sus ojos, me mata con su mirada. Ayer le mostré una foto de una mina que encontré en el feisbuk, se llama Bárbara la huevona, es crespita y tiene los ojitos así como con sombras, como las árabes, es una cantante rock de un grupo metalero, por lo que sé. Bueno, le mostré las fotos de ella y le dije que esos ojos me gustaban y que se parecían a los de él y que a mí me gustaria tenerlos así y también le dije que me calentaría mucho si él se la follara delante de mí mientras me miran los dos (la rokera y mi Titán) con sus ojos negros de vampiros, sus ojos latinos de rumanos gitanos, me excitaría tanto; le decía eso pero él no me decía nada, y sé que estaba enojado por tanta cosa mala que hago, entonces le dije que por qué estaba así, él me dijo nada, que no estaba enojado, y yo le pregunte si no le había calentado la fantasía con la ojerosa Bárbara y entonces me dio una cachetada y me dijo, hablai puras huevás, y ahí yo cagué porque al tiro me humedecí como si me hubiera meado en los calzones y entonces le bajé los pantalones y los calzoncillos y me metí su pico rico en la boca y se lo chupé como le gusta a él que se lo chupe, lamiéndole bien el cabezón, ojo el cabezón, el glande, eso es lo que le gusta y yo ya sabía ahí que tenía asegurada mi culeada de la noche y que estaba perdonada.
Hasta mi Titán piensa que soy cruel, con él no, claro, no puedo ser con él cruel, él es cruel conmigo ( Y ME GUSTA que sea cruel), sé que piensa que soy mala, él no me lo dice pero sé que lo piensa, me lo dice con su mirada oscura, él tiene una mirada oscura, con una sombra debajo de sus ojos, me mata con su mirada. Ayer le mostré una foto de una mina que encontré en el feisbuk, se llama Bárbara la huevona, es crespita y tiene los ojitos así como con sombras, como las árabes, es una cantante rock de un grupo metalero, por lo que sé. Bueno, le mostré las fotos de ella y le dije que esos ojos me gustaban y que se parecían a los de él y que a mí me gustaria tenerlos así y también le dije que me calentaría mucho si él se la follara delante de mí mientras me miran los dos (la rokera y mi Titán) con sus ojos negros de vampiros, sus ojos latinos de rumanos gitanos, me excitaría tanto; le decía eso pero él no me decía nada, y sé que estaba enojado por tanta cosa mala que hago, entonces le dije que por qué estaba así, él me dijo nada, que no estaba enojado, y yo le pregunte si no le había calentado la fantasía con la ojerosa Bárbara y entonces me dio una cachetada y me dijo, hablai puras huevás, y ahí yo cagué porque al tiro me humedecí como si me hubiera meado en los calzones y entonces le bajé los pantalones y los calzoncillos y me metí su pico rico en la boca y se lo chupé como le gusta a él que se lo chupe, lamiéndole bien el cabezón, ojo el cabezón, el glande, eso es lo que le gusta y yo ya sabía ahí que tenía asegurada mi culeada de la noche y que estaba perdonada.
jueves, 12 de abril de 2012
NOTAS DE LA JECHU 3.
Me persiguen, me persiguen y tú no me persigues, mi titán.
¿Qué tengo que hacer para que me pesques?
has sido malo conmigo y yo estoy dispuesta a ser tan buena contigo y más que buena, estoy dispuesta a ser mala contigo y más que mala, estoy dispuesta a ser la puta contigo, y más que puta estoy dispuesta a enamorarme de ti y, más que enamorarme, más que enamorarme es dar la vida, te doy mi life entonces, y mi cuerpo y toda yo para que hagas lo que te plazca.
Tristeza....buuuuh, y más tristeza, me duele el cuore, y no encuentro consuelo.....y me duele el ano por donde me lo metiste anoche y luego te fuiste sin despedirte esta mañana..y yo acá llorando de rabia.....buuuuuh.
¿Qué tengo que hacer para que me pesques?
has sido malo conmigo y yo estoy dispuesta a ser tan buena contigo y más que buena, estoy dispuesta a ser mala contigo y más que mala, estoy dispuesta a ser la puta contigo, y más que puta estoy dispuesta a enamorarme de ti y, más que enamorarme, más que enamorarme es dar la vida, te doy mi life entonces, y mi cuerpo y toda yo para que hagas lo que te plazca.
Tristeza....buuuuh, y más tristeza, me duele el cuore, y no encuentro consuelo.....y me duele el ano por donde me lo metiste anoche y luego te fuiste sin despedirte esta mañana..y yo acá llorando de rabia.....buuuuuh.
jueves, 15 de marzo de 2012
NOTAS DE LA JECHU 2.
Mucho jote por aquí (los jotes son los buitres), pero vos no te asomas, los jotes me ahogan y vos nah que nah. ¡Pucha¡ Como eres.
Recuerda que sólo contigo soy dolcettgirl: me puedes asar viva si quieres, y luego comerme y luego cagarme y luego cómete tu caca que soy yo o échala a las flores y cada vez que las veas florecer sabrás que allí resucito, Titán.
Es cierto que me calienta el que tanto huevón me escriba y me mande mensajes pero hasta yo me canso. Mi Titán me dijo que no quitara las fotos y que los jotes al final se iban a aburrir y yo siempre le hago caso a mi Titán. También me mostró unas páginas de sadismo que no conocia, quedé impresionada y caliente, claro. Había una mina muy linda a la que le aplicaban corriente, la pobre se retorcía como una lombriz, estaba atada a una mesa, parecía tan real, me humedecí toda. Algunas creen que exagero cuando digo que dejo los calzones estilando, pero yo no soy alharaca. Le dije a mi Titán si él sería capaz de ponerme electricidad, me dijo que no porque era peligroso, yo le dije que yo estaba dispuesta cuando él quisiera, después de eso follamos y se fue luego a la noche. Quedé sola y empecé a escribir esta nota.
Al Titán no le molesta que escriba mis intimidades, de hecho él me las corrige y me las publica por ahí, no sé dónde. Tengo un amigo al que sí le molesta mucho, se llama Pepo (no se llama así pero es su nick) Pepo es gay, jejejeje me da risa cuando me acuerdo lo que pasó el otro día. Bajamos al blucbaster a sacar una peli y yo elegí "Anaconda", él me dijo que también le gustaba y cuando la empezamos a ver de a poco me fui calentando, me fui mojando, me empecé a acariciar el cuello yo misma y me desabroché el marrueco de los jeans, comencé la paja ahí mismo delante de él con mi dedo supersónico y furioso. Se enojó mucho el Pepo, -¿qué estai haciendo, jechu?, me dijo -me masturbo poh, le dije, el hueón me quedó mirando como si estuviera loca y dijo una hueá que no me acuerdo pero que daba a entender que yo no lo podría seducir nunca y que dejábamos de ser amigos si yo seguía metiéndome dedo , yo le dije entonces que era un egocéntrico y que lo que me calentaba era la película "Anaconda" y no él, que pah mí era como una película porno, estás loca me dijo, no te creo nah. Sí poh, le dije, ¿no vis que yo me caliento con las anacondas?, me gustaria ser triturada por una bien grande, gorda y musculosa, que me apretara y me tragara entera, siempre me pajeo con eso, le dije; él me volvía a decir que estaba loca que cada dia estaba más loca, después me dijo degenerada, que eso era bestialismo, yo le dije nah que ver, que eso no era bestialismo. La loca maricona se enojó mucho, yo creo que cree que yo me lo quería follar. La primera vez que lo invité al departamento lo trate de hacer, le propuse que le chupaba el pico, que era rico y que a él le gustaría, él me recordó que era gay, pero yo le dije que eso no me importaba, que yo soy democrática, que igual le iba a gustar, entonces se puso serio y me lanzó un discurso como si fuera mi mamá, de ahí que ya no lo molesté más, pero con lo de la peli se enojó de verdad. Pepo es buen amigo y me da lata que se aleje. Mi Titán me dijo que escribiera sobre él y le mostrara la nota al Pepo pah que vea que yo no me lo quería comer, ojalá resulte.
Uf me cansé de escribir, mucho intelecto por hoy, me voy a la cama, tengo sueño, lástima que mi Titán no viva conmigo, pero él me dice que así es mejor.
sábado, 11 de febrero de 2012
NOTAS DE LA JECHU.
PRESENTACIÓN.
Después de sacarme el kino viviré de mis rentas y patanearé por el resto de la mía vita, jejejejejeje.
Nuevo departamento, nuevo compu, me falta un auto y estamos listas. Y a pesar de todo siempre te estaré esperando, guapo, chempre, te preocupas demasiado, la vita e simple y hay que disfrutarla jejejejejejejeje.
Soy la Jechu y éstas son mis notas corregidas por Titán.
Soy María de Jesús, mala por naturaleza, mina rica y curvilínea, enamorada de mi padre, parricida de mi madre, juguetona, loca, zorra astuta y calentona, ahora millonaria y con ganas de pasarlo bien cada minuto de la mía vita.
Eso es todo por hoy. Besitos.
Después de sacarme el kino viviré de mis rentas y patanearé por el resto de la mía vita, jejejejejeje.
Nuevo departamento, nuevo compu, me falta un auto y estamos listas. Y a pesar de todo siempre te estaré esperando, guapo, chempre, te preocupas demasiado, la vita e simple y hay que disfrutarla jejejejejejejeje.
Soy la Jechu y éstas son mis notas corregidas por Titán.
Soy María de Jesús, mala por naturaleza, mina rica y curvilínea, enamorada de mi padre, parricida de mi madre, juguetona, loca, zorra astuta y calentona, ahora millonaria y con ganas de pasarlo bien cada minuto de la mía vita.
Eso es todo por hoy. Besitos.
sábado, 10 de diciembre de 2011
ESPEJO 6.
Había dicho que el efecto espejo ocurre con la escritura: todo lo que se escribe, y siempre que lo escrito no haya ocurrido, se cumple. Y como se trata de la magia del espejo, es decir del rebote, lo que escribimos nos sucederá a nosotros los que escribimos, se nos devolverá. Los primitivos ya lo sabían, pero como no habían inventado la escritura entonces dibujaban sobre las paredes de las cavernas o en las piedras; el arte rupestre. Si querían acabar con el enemigo o tener buena caza, pintaban los dibujos correspondientes. A veces los muertos o cazados eran ellos, cómo no si se trataba de un efecto rebote, y a veces nada pasaba porque dibujaban el pasado. Para evitar las difusas interpretaciones inventaron las danzas: antes de ir al combate se echaban una bailadita. La danza de la guerra. Inventaron muchas danzas: de la guerra, la nupcial, de la muerte etc. Terminaron por darse cuenta que la magia no puede ser gobernada, ésta se manda sola pero no por eso dejaron de pintar o bailar, el impulso era más fuerte hasta que se olvidaron del efecto espejo y sólo pintaron y danzaron sin más.
Yo te venía dibujando desde hace mucho y después de dibujarte te escribí, te describí con detalles, con aquellos que me interesaban sobremanera, con los que me salían y los que ya sabes. Después hice cuentos e historias en donde eras la protagonista o aparecías tangencialmente, mas siempre aparecías o te las arreglabas para. Te ibas acercando. Yo, cómo no, también aparecía en esos cuentos de distintas maneras; pero no sabía, yo no sabía de dónde venían esas historias ni quienes eran esos personajes. Me dije que, tal vez, de otra vida o del abismo oscuro de mi cabeza; muchos avatares de un solo yo que era yo; eso pensé y me estaba convenciendo hasta que apareciste, te hiciste realidad, todo se cumplió y lo que había escrito en forma de cuento me fue devuelto con la fuerza de una ola de mar que me golpeó dejándome knot kout.
jueves, 17 de noviembre de 2011
ESPEJO 5.
Siento que anteriormente no me expliqué bien. Trataré de hacerlo ahora.
El espejo es el rebotador, sobre él rebotan nuestros deseos, aquellos que tenemos con respecto a nosotros mismos y aquellos que tenemos en relación a los demás. Si frente al espejo pronuncio (pienso, formulo) un deseo, éste se cumple con respecto a mí y sólo con respecto a mí porque soy yo quien estoy frente al espejo y, por tanto, se produce el efecto rebote y se me devuelve el deseo. Deseo la muerte de X frente al espejo, yo termino muriendo; deseo (sueño, imagino, fantaseo) poseer sexualmente a la vieja tetona de la esquina (frente al espejo, claro) terminaré por follar con ella; deseo que a don C se le sequen los ojos, se me secarán a mí los ojos etc. Por eso la magia del espejito es de doble filo.
Hay también efecto espejo en la escritura, esto es, lo que se escribe finalmente se cumple.
La magia del espejo pasa desapercibida, nadie se detiene a pensarla ni recuerda haber deseado algo frente al espejo, por eso nadie, o muy pocos, la creen.
Con el efecto espejo en la escritura la incredulidad también se da, pero no es porque nadie recuerde como en el caso anterior, sino porque generalmente se escriben cosas que ya sucedieron, se escribe el pasado, aunque ése pasado nunca haya ocurrido. Si escribimos lo que ya pasó, por supuesto lo escrito jamás se hará realidad, por ello cuesta creer que si escribimos, por ejemplo, un cuento de hadas o de horror, ése cuento se vaya a hacer realidad; la mayoría de los cuentos de horror o de hadas ya ocurrieron en alguna parte, en éste mundo o en otro, en ésta realidad o en nuestra fantasía; mas si escribimos y lo que escribimos es lo que deseamos, lo escrito se cumplirá; yo sé bien de eso, a mí me pasó, me ha pasado innumerables veces la magia del espejo, frente al espejo propiamente tal y con la escritura. Mi voluntad casi no ha jugado porque los deseos no tienen que ver con la voluntad, al menos no de la manera en que comúnmente se cree.
Últimamente ya no me sucede esta magia: escribo poco y nada, escribo sobre el pasado y, prácticamente, no me miro al espejo, sólo me observo en el espejo que hay dentro de mi cabeza y es frente a él que formulo maldiciones y bendiciones y tengo visiones de unos otros y de otros otros y de mí mismo.
El espejo es el rebotador, sobre él rebotan nuestros deseos, aquellos que tenemos con respecto a nosotros mismos y aquellos que tenemos en relación a los demás. Si frente al espejo pronuncio (pienso, formulo) un deseo, éste se cumple con respecto a mí y sólo con respecto a mí porque soy yo quien estoy frente al espejo y, por tanto, se produce el efecto rebote y se me devuelve el deseo. Deseo la muerte de X frente al espejo, yo termino muriendo; deseo (sueño, imagino, fantaseo) poseer sexualmente a la vieja tetona de la esquina (frente al espejo, claro) terminaré por follar con ella; deseo que a don C se le sequen los ojos, se me secarán a mí los ojos etc. Por eso la magia del espejito es de doble filo.
Hay también efecto espejo en la escritura, esto es, lo que se escribe finalmente se cumple.
La magia del espejo pasa desapercibida, nadie se detiene a pensarla ni recuerda haber deseado algo frente al espejo, por eso nadie, o muy pocos, la creen.
Con el efecto espejo en la escritura la incredulidad también se da, pero no es porque nadie recuerde como en el caso anterior, sino porque generalmente se escriben cosas que ya sucedieron, se escribe el pasado, aunque ése pasado nunca haya ocurrido. Si escribimos lo que ya pasó, por supuesto lo escrito jamás se hará realidad, por ello cuesta creer que si escribimos, por ejemplo, un cuento de hadas o de horror, ése cuento se vaya a hacer realidad; la mayoría de los cuentos de horror o de hadas ya ocurrieron en alguna parte, en éste mundo o en otro, en ésta realidad o en nuestra fantasía; mas si escribimos y lo que escribimos es lo que deseamos, lo escrito se cumplirá; yo sé bien de eso, a mí me pasó, me ha pasado innumerables veces la magia del espejo, frente al espejo propiamente tal y con la escritura. Mi voluntad casi no ha jugado porque los deseos no tienen que ver con la voluntad, al menos no de la manera en que comúnmente se cree.
Últimamente ya no me sucede esta magia: escribo poco y nada, escribo sobre el pasado y, prácticamente, no me miro al espejo, sólo me observo en el espejo que hay dentro de mi cabeza y es frente a él que formulo maldiciones y bendiciones y tengo visiones de unos otros y de otros otros y de mí mismo.
jueves, 15 de septiembre de 2011
ESPEJO 4.
Quiero que las cosas vuelvan a ser como antes, lo deseo tanto.
Pienso en un deseo y se cumple ¿por qué no ocurre eso?
antes me ocurrían cosas así, pero antes era el momento de los soñadores.
Pienso algo, luego lo escribo, luego se hace realidad; ya me pasó una vez.
Pienso ergo escribo ergo sucede.
Ahora sólo pienso en un ahorcado.
Ahora sólo pienso y escribo en un perro acorralado;
en una navaja rebanando una carótida (la mía), en cientos de pajaritos que caen al asfalto.
Ahora pienso y luego escribo sobre un viejo calvo, barbón, inmundo y piojento.
Pienso en un vampiro insomne y amargado y en un perro salvaje acosado por una jauría de lobos domésticos.
Pienso, escribo y veo a un caminante delirante que habla solo y furioso por las calles.
Y todo aquello se hará realidad y sólo en eso pienso y escribo.
Sólo quiero que vuelvas ¿cómo debo conjurarlo para que suceda?
¿cómo debo pronunciarlo y escribirlo para que vuelvas al mismo lugar debajo de la luna, para que vuelvas a ser la de antes, mi amor?
Pienso en un deseo y se cumple ¿por qué no ocurre eso?
antes me ocurrían cosas así, pero antes era el momento de los soñadores.
Pienso algo, luego lo escribo, luego se hace realidad; ya me pasó una vez.
Pienso ergo escribo ergo sucede.
Ahora sólo pienso en un ahorcado.
Ahora sólo pienso y escribo en un perro acorralado;
en una navaja rebanando una carótida (la mía), en cientos de pajaritos que caen al asfalto.
Ahora pienso y luego escribo sobre un viejo calvo, barbón, inmundo y piojento.
Pienso en un vampiro insomne y amargado y en un perro salvaje acosado por una jauría de lobos domésticos.
Pienso, escribo y veo a un caminante delirante que habla solo y furioso por las calles.
Y todo aquello se hará realidad y sólo en eso pienso y escribo.
Sólo quiero que vuelvas ¿cómo debo conjurarlo para que suceda?
¿cómo debo pronunciarlo y escribirlo para que vuelvas al mismo lugar debajo de la luna, para que vuelvas a ser la de antes, mi amor?
miércoles, 31 de agosto de 2011
MARGINAL Y VICIOSO (Parte 28 y final)
Toda la atención de los mirones, y también la de "Ojo torcido", estaba fijada en las dos crucificadas negras. Recién comenzaban sus suplicios por lo que los excitantes movimientos, propios de un cuerpo crucificado, se encontraban en todo su apogeo, máxime si se trataba de la desnudez de negras siempre tan llenas de curvas. Las tres cruces formaban un triángulo. La cruz de Claudia era la menos observada ya que ella prácticamente no se movía y estaba presa de una gran fatiga que me hizo temer su pronta muerte. No gritaba ni lloraba, su sangre estaba seca así como sus labios y sus ojos estaban a medias abiertos, tan sólo suspiraba de vez en cuando y contraía el vientre y pecho cada tanto, procurando respirar. También se había cagado, como las otras, mas al estar de espalda (con la cruz a sus espaldas) y su culo sentado en la protuberancia del tronco, sus heces habían ensuciado parte de sus pies y chorreaban por el stepe abajo; se me contrajo el corazón al ver ese escarnio, una tristeza mezclada de compasión y admiración inundó mi corazón y me acerqué a limpiarle la mierda con un pedazo de tela que arranqué de mis vestidos. Los soldados no impedían éstas muestras de piedad cuando el supliciado estaba agónico, en cambio las pobres negras aún recibían la parte más cruel del suplicio. Vi como, con el revés de su lanza, un soldado sodomizó brutalmente a una de las negras al tiempo que otro le daba los golpecitos típicos en los talones agujereados a fin de atormentarle. La negra aulló descontrolada y terminó desmayándose al tiempo que le extraían la lanza del culo provocando una caravana de mojones que cayeron uno tras otro ante la vista de su compañera. Ésta, a su vez, recibió lo suyo y al igual que la otra también perdió el conocimiento. Los soldados lanzaban chanzas y groserías entremedio de carcajadas. Me imaginé qué crueldades de ese tipo habría soportado Claudia en mi ausencia y mi embelesamiento hacia ella estuvo a punto de hacer que me pusiera de hinojos bajo su cruz."Ojo torcido", a invitación de un romano, participó también del escarnio a las pobres negras, mas no fue cruel, se dedicó a sobajear sus enormes culos cubiertos de sudor y pellizcarlos con avidez; su ejemplo animó a algunos mirones y ya todos estuvimos acariciando, en la medida de lo posible, los cuerpos de ébano aprovechándonos de la impotencia y la condena de ellas. La verdad, esas pobres mujeres apestaban, pero se soportaba el hedor atendiendo a la gratuidad de que ellas eran víctimas y nosotros favorecidos. Mientras transcurría el tiempo, "Ojo torcido" bebía vino de sus reservas como si no percibiera el calor que reinaba, se echó cerca de los caballos de los romanos los que no tardaron en ser objeto de la generosidad de mi amigo. Todos comenzaron a beber y entonces las risas arreciaron al lado de esos cuerpos humillados. Contrariamente a lo que pensé en un inicio, el vino pareció calmar la brutalidad de la soldadesca a modo de bebida amarga-dulce, ya que de ahí en adelante las crucificadas fueron prácticamente ignoradas por los romanos. Ya tenían bastante cada una con su cruz. Los soldados y "Ojo torcido" pronto se hicieron amigos y cada tanto mi compañero me lanzaba pícaras miradas y guiños de ojos que querían expresar su jactancia por estar bebiendo con los mismos que hacía unos días casi lo arrestan y mandan a la cruz.
Transcurrió el día lentamente y poco a poco los caminantes dejaron de mirar, luego de pasar por allí, las negras de retorcerse y los soldados de beber. Ya casi al crepúsculo se fueron los borrachos con "Ojo torcido" a la zaga, el que ni siquiera se acordó de mí dentro de su ebriedad. Claudia seguía viva, resistía, ya prácticamente no suspiraba. Al irse el pelotón de soldados me vi solo entre ése triángulo de mujeres crucificadas. Le di de beber a las negras: agua y del jugo amargo-dulce. Ambas deliraban y tenían la piel enfebrecida, pero se notaba que resistirían muchas horas más, incluso días, parecían no reparar en mi presencia, una tan sólo cerraba los ojos y la otra miraba a un punto fijo. Claudia, en cambio, estaba en sus últimos instantes. Me acerqué a ella y me quedé contemplándola por un buen rato, luego extendí mi mano y lentamente sobajeé sus piernas dobladas, les limpié la sangre, bajé a sus tobillos e hice lo mismo con ellos; besé sus ensangrentados pies, lamí un poco y probé algo de su amargura. Fui pasando la mano por ese divino vientre azotado y transpirado, su hedor de fatiga y entrepierna sudorosa era fuerte y dulzón pero me gustó, me inflamó y ya me disponía a poseerla agarrándome del patíbulo y subiéndome a los mismos clavos cuando ella abrió los ojos y comenzó a susurrar algo. Allegué mi oído a su boca mas nada escuché. Acaricié sus blandas tetas, olí sus axilas, derramé agua por su afeitado cráneo humillado, la besé en los ojos cansados, la hice beber jugo y agua. Una lágrima empezó a derramarse por el rabillo de su ojo derecho, se la lamí y le dije,
-ya todo pasará, divina Claudia, falta poco.
Ella abrió su boca y haciendo un esfuerzo fijó su mirada en mis ojos y susurró apenas,
-grrraaciassss- volvió a correr otra lágrima de su otro ojo. De nuevo le mojé el rostro cuando, fijando su mirada en un punto infinito, comenzó a hablar.
-¡Oh, que felicidad¡, el lago, dios mío, el lago, siento su frescura.
-¿qué estáis viendo, Claudia? decidme, por favor.
-allí, el lago, el lagg....
Dejó caer su cabeza y la coroné con la diadema de olivos que había elaborado, y ya comenzaba a llorar por mi desdicha y mala fortuna cuando comprobé, por el movimiento de su pecho, que Claudia aún estaba viva. Entonces se me ocurrió que no todo estaba perdido y que todavía podía hacer algo más, que todo debería tener un sentido y comencé a buscar un palo para que me sirviera de punto de apoyo y poder así desclavar a ésta divina prostituta, diosa de los oasis de mi negra alma y bajarla de su cruz de tormento y hacerla mía y regresar a las praderas y desiertos de mis ancestros con ella, pensé todo eso a pesar de que sabía que salvarle la vida era completamente imposible, yo lo sabía, ¿comprendéis?, sabía que era del todo imposible mas quise desafiar a todo lo que mi sensatez me enseñaba y volverme demente deliberadamente y ya no volver jamás a éste basural, sucedió todo eso cuando, de pronto y atendiendo a un llamado extraño, miré al punto fijo infinito al que había estado mirando Claudia y en ese momento el crepúsculo rojo hizo su entrada y el sol muriente enrojeció el cuerpo desnudo de mi crucificada, haciéndola perversamente hermosa y triste y, entonces, un punto verde que hizo su aparición en el horizonte se inflamó más y más, agrandándose y creciendo, mas no crecía sino que se aproximaba a donde estaba y luego el punto era una bola de fuego verde de la que salisteis vosotros con ésas vestiduras encandilantes a la vista y ajustadas a vuestra garbosa silueta, como si fuerais ángeles o dioses, pero vosotros me dijisteis que no lo erais, que yo no comprendería si me explicabais, que veníais a ayudar, que a pesar de no hablar mi lengua os haríais entender y que yo os entendería lo que vosotros me dijerais a pesar de que no veo que uséis mi lengua, mas yo de igual modo me puse de hinojos frente a vosotros, pero ignorándome desclavasteis con alguna ciencia que desconozco a Claudia y la acostasteis en aquel camastro hermoso y le colocasteis todos esos cordeles encima y esa máscara en su cara que veo que le insufla vida y la hace respirar otra vez.
Y esa es mi historia que os cuento porque vos me lo pedisteis aunque no lo reconozcais porque veo claramente que sois unos virtuosos en modestia y generosidad, mas retirad la oferta que me habéis hecho, yo no atravesaré la bola de fuego verde desde la que salisteis, sólo llevad de ésta tierra maldita a vuestro mundo a Claudia que, con seguridad, es a donde pertenece y creo que por eso habéis venido a rescatar a vuestra compañera que por algún error del destino vino a caer en éste infierno de incomprensión. No, no, os lo repito, declino la invitación, no iré, me basta saber que Claudia va a un mundo mejor, de sabiduría y buena voluntad, a la eterna belleza; yo me quedo aquí aguardando en mi basural maldito para cuando vengáis en otro momento, entonces la misma Claudia vendrá por mí y yo iré gustoso, por ahora he cumplido mi propósito más inmediato y urgente, adiós, la paz sea con vosotros, hombres misteriosos del otro lado.
FIN.
FIN.
miércoles, 24 de agosto de 2011
MARGINAL Y VICIOSO (Parte 27)
Me quedé arrobado un buen rato ante Claudia crucificada, no tuve conciencia del tiempo, me parecieron cientos de años los que estuve contemplándola en su suplicio desmayado. Reparé en que, si bien aún me quedaba una buena ración de bebida amarga-dulce, no sucedía así con el agua, y no me era concebible no tener agua en esta ocasión. El sol ya arreciaba cuando corrí a toda velocidad hasta la ciudad para llenar mi odre. La distancia me pareció mayor que nunca y sentí que esta vez me cansaba más que ninguna otra vez. Me desesperé por no llegar. Las murallas de Jerusalem se veían tan lejos. Pronto los caminantes se detendrían a contemplar la crucifixión de Claudia y me robarían la belleza, me la robarían a mí que era el único capaz de ver lo que los demás no veían. "Ojo torcido" decía que Claudia era una ramera cruel y merecedora del castigo que estaba recibiendo; los romanos la habían condenado a esa infame pena. Claudia era odiada por todos, mas yo veía claro, lo veía ¿cómo es que los romanos habían condenado a una maravillosa diosa como Claudia?, sólo podía explicarse por ceguera, los romanos y "Ojo torcido" estaban ciegos. Todos estaban ciegos, pero ella eran tan hermosa en la cruz, yo debía asistirla y verla en su agonía y descanso final, ella me diría lo que vería más allá, yo le daría el jugo amargo-dulce, el agua para calmar su horrible sed y olería su sudor de hembra sacrificada, le acariciaría en su vapuleada piel, en su rapada cabeza, besaría los labios que ya nadie codiciaría por infames, me la apropiaría, nadie me quitaría la inmundicia que significaba ahora la puta Claudia en la cruz, se la arrebataría a los cuervos, buitres y ratas. No me importaba que estuviera maldita, yo siempre había estado maldito, yo era un maldito, mis comidas habían sido los deperdicios del basural, nada cambiaría, me conformaría con ella, ahora nadie la quería, nadie la deseaba, no era la puta más costosa de la Palestina sino una inmundicia más y sería para mí porque sólo yo sabía quién era ella, sólo yo sabía ver la realidad y por eso era privilegiado, yo, el marginal y vicioso khazim, el visionario khazim. Todo me comenzó a dar vueltas, mas yo seguí corriendo. El día anterior sólo había bebido el jugo amargo-dulce y desde ahí nada había comido, pero no me importaba ni tenía sed ni hambre. Cuando llegué a la fuente todo fue oscuridad.
Desperté y lo primero que vi fueron los pies calzados de los transeuntes de la ciudad que caminaban a diferentes lugares llevando a sus dueños a los quehaceres cotidianos. El sol estaba quemante y me estaba castigando en la cabeza, procuré levantarme y cuando lo hice volví a caer, todo me daba vueltas y una suerte de escalofrío me recorrió la espalda. Metí la cabeza al agua de la fuente y me sentí mejor, más fresco y reconfortado.
-Estáis pálido, Khazim, apuesto a que no habéis ni comido ni bebido desde ayer. Era "Ojo torcido" el que me hablaba, sus ojos estaban rojos y percibí su resaca de vino. El ojo bizco se veía más feo que nunca al estar enrojecido. Mojó también su cabeza y bebió abundantemente. Invitóme al jardín de Getsemaní a comer algo. Mi amigo siempre escondía, en distintos lugares de Jerusalem, los productos de sus latrocinios para cuando se ofreciera, según era su decir. En el orificio de un tronco de olivo guardaba un gran trozo de pan, aceitunas, higos, un odre de vino y dátiles. Comí como hambriento que estaba ante la mirada burlona de mi compañero. Hube de hablarle de Claudia y una vez saciados en nuestra sed y apetito, nos levantamos y emprendimos marcha. Antes de salir de Getsemaní, corté una ramita de olivo y la guardé en mi morral. Caminamos bajo un implacable sol de mediodía. Pensaba que ya el lugar estaría lleno de transeúntes admirando a mi diosa víctima en su sacrificio. Así efectivamente era. Cuando llegamos al lugar un gran número de hombres se encontraban parados y mirando, mas no sólo estaba la cruz de Claudia, ahora había dos cruces más. Eran de unas negras. Sus cuerpos desnudos del color del ébano brillaban desde lejos y podían también escucharse sus alaridos. Las habían crucificado de pecho, no podría haber sido de otra manera ya que así, sus enormes redondos y protuberantes culos, se ofrecían ultrajados a las miradas de todos. Una de ellas tenía las tetas enormes y largas y estaban claveteadas a la madera, era la que más chillaba. El color oscuro de sus pieles no permitía ver en toda su magnitud lo ensangrentadas que se encontraban sus espaldas y nalgas por los azotes, pero en cambio el sudor hacía que sus cuerpos parecieran como recién salidos de un rio, refulgían y hacían resaltar todas sus formas curvilíneas propias de las razas oscuras de Nubia o Etiopía, naciones de donde, con seguridad, provenían aquellas dos supliciadas. Ya se habían cagado y sus mojones estaban en montículos debajo de sus cruces. Lloraban y bufaban sin parar y se decían palabras una a la otra en su lengua de negras. Los soldados vigilaban impávidos y no parecían querer irse, estaban complacidos viendo el espectáculo, lo mismo los mirones. Tres mujeres crucificadas era motivo suficiente para hacer una larga guardia y me preparé a esperar todo aquél día, sabía que al atardecer se irían definitivamente.
CONTINUARÁ.
Desperté y lo primero que vi fueron los pies calzados de los transeuntes de la ciudad que caminaban a diferentes lugares llevando a sus dueños a los quehaceres cotidianos. El sol estaba quemante y me estaba castigando en la cabeza, procuré levantarme y cuando lo hice volví a caer, todo me daba vueltas y una suerte de escalofrío me recorrió la espalda. Metí la cabeza al agua de la fuente y me sentí mejor, más fresco y reconfortado.
-Estáis pálido, Khazim, apuesto a que no habéis ni comido ni bebido desde ayer. Era "Ojo torcido" el que me hablaba, sus ojos estaban rojos y percibí su resaca de vino. El ojo bizco se veía más feo que nunca al estar enrojecido. Mojó también su cabeza y bebió abundantemente. Invitóme al jardín de Getsemaní a comer algo. Mi amigo siempre escondía, en distintos lugares de Jerusalem, los productos de sus latrocinios para cuando se ofreciera, según era su decir. En el orificio de un tronco de olivo guardaba un gran trozo de pan, aceitunas, higos, un odre de vino y dátiles. Comí como hambriento que estaba ante la mirada burlona de mi compañero. Hube de hablarle de Claudia y una vez saciados en nuestra sed y apetito, nos levantamos y emprendimos marcha. Antes de salir de Getsemaní, corté una ramita de olivo y la guardé en mi morral. Caminamos bajo un implacable sol de mediodía. Pensaba que ya el lugar estaría lleno de transeúntes admirando a mi diosa víctima en su sacrificio. Así efectivamente era. Cuando llegamos al lugar un gran número de hombres se encontraban parados y mirando, mas no sólo estaba la cruz de Claudia, ahora había dos cruces más. Eran de unas negras. Sus cuerpos desnudos del color del ébano brillaban desde lejos y podían también escucharse sus alaridos. Las habían crucificado de pecho, no podría haber sido de otra manera ya que así, sus enormes redondos y protuberantes culos, se ofrecían ultrajados a las miradas de todos. Una de ellas tenía las tetas enormes y largas y estaban claveteadas a la madera, era la que más chillaba. El color oscuro de sus pieles no permitía ver en toda su magnitud lo ensangrentadas que se encontraban sus espaldas y nalgas por los azotes, pero en cambio el sudor hacía que sus cuerpos parecieran como recién salidos de un rio, refulgían y hacían resaltar todas sus formas curvilíneas propias de las razas oscuras de Nubia o Etiopía, naciones de donde, con seguridad, provenían aquellas dos supliciadas. Ya se habían cagado y sus mojones estaban en montículos debajo de sus cruces. Lloraban y bufaban sin parar y se decían palabras una a la otra en su lengua de negras. Los soldados vigilaban impávidos y no parecían querer irse, estaban complacidos viendo el espectáculo, lo mismo los mirones. Tres mujeres crucificadas era motivo suficiente para hacer una larga guardia y me preparé a esperar todo aquél día, sabía que al atardecer se irían definitivamente.
miércoles, 17 de agosto de 2011
MARGINAL Y VICIOSO (Parte 26)
La volvieron a acostar encima del patíbulo, pero esta vez de espaldas y boca arriba, la iban a crucificar como a un hombre, de modo que la vería en su torturada desnudez de frente; era algo para no perderse. Quise acercarme para mejor ver, mas la mano de un soldado me indicó que mantuviera la distancia, no les gusta a los romanos tener gente cerca mientras están clavando a alguien. Nuevamente estuvo atada la mujer al madero y otra vez se disponían a golpear el clavo cuando otra señal vino a dilatar el momento. Un soldado distinto del anterior se montó encima del pecho de la mujer y restregó su sexo entremedio de las tetas. La semilla blanca y abundante del romano saltó sobre el rostro de la mujer la que sólo se limitaba a cerrar los ojos.
PAF, PAF, sonaron los primeros martillazos en las muñecas de la mujer y ésta arqueó su cuerpo de una forma tan impresionante que me hizo dudar de la firmeza de las ataduras al tablón. Junto con el grito la mujer lanzó, además, desde su boca, unas gruesas gotas de saliva que mojaron el rostro del romano que clavaba el cual, una vez terminado con el primer clavo, dio dos bofetones en el rostro de ella insuficientes para acallar su berrido de desesperación. La crueldad del soldado que no toleró ni siquiera un salivazo ante un castigo tan terrible me dejó perplejo pero a la vez excitado, la pobre condenada estaba atrapada entre el dolor y el dolor sin salida ni posibilidad de una muerte próxima y liberadora, y sobre un castigo le daban otro encima. Luego siguió la otra muñeca. Los arroyos de sangre emanaron enrojeciendo el patíbulo y luego la tierra pedregosa. La primera clavada de las muñecas había concluido y el sube y baja acelerado del pecho de ella y el sudor que abrillantaba su cuerpo daban cuenta de su lucha para controlar el dolor. La segunda etapa, la más terrible, vendría ahora. Los martillazos en los talones debajo del tobillo; y sin embargo no era lo más terrible ya que la eterna agonía que comenzaría en breve era el verdadero castigo, entonces el tiempo se detendría en un eterno presente, porque eso es el dolor, un presente que no acaba nunca, pero ella soportaría por muchas horas sin entregarse. Ya sé que os preguntáis el por qué os doy tantos detalles, mas yo sé que vosotros los solicitáis, sí, aunque no os entiendo, aunque no hablo vuestra lengua algo me dice que me pedís más detalles y que me entendéis todo lo que os hablo.
Todos los soldados colaboraron para levantar del suelo a la mujer clavada, lo hacían con mucho cuidado como si procuraran que ella no se lastimara. Al izarla en el stepe, la suspensión hizo que la mujer lanzara otro grito desgarrador que terminó con un desmayo. Fijaron el patíbulo, ataron fuertemente sus piernas flectadas, sentaron su culo en la protuberancia del tronco y colgaron sobre la cabeza de ella la tablilla que informaba del delito cometido. La mujer parecía profundamente dormida. Cuando clavaron debajo de los tobillos, volvió a gritar saliendo de su sueño. Esta vez sí el sufrimiento era estremecedor. Sus ojos se volvieron enormes y redondos como si fueran a salirse de sus órbitas, rojos en lágrimas y miles de gotas de sudor perlaron su cabeza pelada y el rostro; su boca se volvió un pozo oscuro e insondable que se me antojó lo más sublime que había visto en mi vida, mas aquéllos ojos eran tan bellos y yo los conocía, lo mismo ésa boca y luego la nariz ¡por los dioses¡ era Claudia, la diosa Claudia. Un sudor helado me embargó, sentí un mareo en la cabeza. Esos sueños que había tenido se estaban haciendo realidad, supe que tendría las respuestas que esperaba, que sabría todo lo que había detrás, ¿detrás de qué? no sabía, pero estaba cierto que dentro de poco sería partícipe de una maravilla, la más grande maravilla jamás vista. Después de terminar, los soldados, de horadar los talones y cortar las amarras de brazos y piernas, Claudia siguió unos segundos más con la cara de espanto y temblando el cuerpo hasta que volvió a caer en la inconsciencia. Su cuerpo se veía maravilloso, sus pechos eran bellos y excitantes: grandes, fértiles; un vellón negro cubría su sexo, y sus axilas estaban depiladas como puta que era. El reposo que le daba la fatiga era el más hermoso de los adornos que yo le había visto, toda ella era armoniosa. Ni las marcas de los azotes ni los arroyuelos de sangre que dimanaban de sus orificios lograban hacer mella en su belleza divina y cada espacio de su cuerpo tenía su misterioso encanto: el hueco de sus sobacos depilados y transpirados, la areola y pezones temblorosos, el abultamiento de sus tetas, sus frágiles brazos estirados, sus flectadas piernas apetitosas, el ombligo en el que estaba desaguando un hilo de sangre proveniente de su muñeca izquierda, ni la cabeza infamantemente afeitada ni su sexo peludo y orinado a la vista de todos ni ninguna de las cosas que se le habían hecho para afrentarla eran aptas ni suficientes para borrar el encanto que una diosa como ella obsequiaba a la vista. Si se pretendía darle una muerte oprobiosa para humillarla y maldecirla, había sido un fracaso ya que ni la agonía en la cruz lograba siquiera atenuar sus dones, más bien descubrían otro ángulo de su eterna belleza. Me había convencido de que Claudia era la diosa de la que mis ancestros hablaban, mas me preguntaba con qué fines se había vuelto hembra carnal; vosotros ahora, tal vez me lo podéis decir, decídmelo no seáis egoístas, decídmelo, no estoy loco ¿o vos también lo creéis?, ¿quiénes sois?, ¿ángeles, genios, dioses? no me lo decís, mas sé que tenéis una sabiduría superior, lo presiento, mi instinto de nómade me lo dice.
CONTINUARÁ.
PAF, PAF, sonaron los primeros martillazos en las muñecas de la mujer y ésta arqueó su cuerpo de una forma tan impresionante que me hizo dudar de la firmeza de las ataduras al tablón. Junto con el grito la mujer lanzó, además, desde su boca, unas gruesas gotas de saliva que mojaron el rostro del romano que clavaba el cual, una vez terminado con el primer clavo, dio dos bofetones en el rostro de ella insuficientes para acallar su berrido de desesperación. La crueldad del soldado que no toleró ni siquiera un salivazo ante un castigo tan terrible me dejó perplejo pero a la vez excitado, la pobre condenada estaba atrapada entre el dolor y el dolor sin salida ni posibilidad de una muerte próxima y liberadora, y sobre un castigo le daban otro encima. Luego siguió la otra muñeca. Los arroyos de sangre emanaron enrojeciendo el patíbulo y luego la tierra pedregosa. La primera clavada de las muñecas había concluido y el sube y baja acelerado del pecho de ella y el sudor que abrillantaba su cuerpo daban cuenta de su lucha para controlar el dolor. La segunda etapa, la más terrible, vendría ahora. Los martillazos en los talones debajo del tobillo; y sin embargo no era lo más terrible ya que la eterna agonía que comenzaría en breve era el verdadero castigo, entonces el tiempo se detendría en un eterno presente, porque eso es el dolor, un presente que no acaba nunca, pero ella soportaría por muchas horas sin entregarse. Ya sé que os preguntáis el por qué os doy tantos detalles, mas yo sé que vosotros los solicitáis, sí, aunque no os entiendo, aunque no hablo vuestra lengua algo me dice que me pedís más detalles y que me entendéis todo lo que os hablo.
Todos los soldados colaboraron para levantar del suelo a la mujer clavada, lo hacían con mucho cuidado como si procuraran que ella no se lastimara. Al izarla en el stepe, la suspensión hizo que la mujer lanzara otro grito desgarrador que terminó con un desmayo. Fijaron el patíbulo, ataron fuertemente sus piernas flectadas, sentaron su culo en la protuberancia del tronco y colgaron sobre la cabeza de ella la tablilla que informaba del delito cometido. La mujer parecía profundamente dormida. Cuando clavaron debajo de los tobillos, volvió a gritar saliendo de su sueño. Esta vez sí el sufrimiento era estremecedor. Sus ojos se volvieron enormes y redondos como si fueran a salirse de sus órbitas, rojos en lágrimas y miles de gotas de sudor perlaron su cabeza pelada y el rostro; su boca se volvió un pozo oscuro e insondable que se me antojó lo más sublime que había visto en mi vida, mas aquéllos ojos eran tan bellos y yo los conocía, lo mismo ésa boca y luego la nariz ¡por los dioses¡ era Claudia, la diosa Claudia. Un sudor helado me embargó, sentí un mareo en la cabeza. Esos sueños que había tenido se estaban haciendo realidad, supe que tendría las respuestas que esperaba, que sabría todo lo que había detrás, ¿detrás de qué? no sabía, pero estaba cierto que dentro de poco sería partícipe de una maravilla, la más grande maravilla jamás vista. Después de terminar, los soldados, de horadar los talones y cortar las amarras de brazos y piernas, Claudia siguió unos segundos más con la cara de espanto y temblando el cuerpo hasta que volvió a caer en la inconsciencia. Su cuerpo se veía maravilloso, sus pechos eran bellos y excitantes: grandes, fértiles; un vellón negro cubría su sexo, y sus axilas estaban depiladas como puta que era. El reposo que le daba la fatiga era el más hermoso de los adornos que yo le había visto, toda ella era armoniosa. Ni las marcas de los azotes ni los arroyuelos de sangre que dimanaban de sus orificios lograban hacer mella en su belleza divina y cada espacio de su cuerpo tenía su misterioso encanto: el hueco de sus sobacos depilados y transpirados, la areola y pezones temblorosos, el abultamiento de sus tetas, sus frágiles brazos estirados, sus flectadas piernas apetitosas, el ombligo en el que estaba desaguando un hilo de sangre proveniente de su muñeca izquierda, ni la cabeza infamantemente afeitada ni su sexo peludo y orinado a la vista de todos ni ninguna de las cosas que se le habían hecho para afrentarla eran aptas ni suficientes para borrar el encanto que una diosa como ella obsequiaba a la vista. Si se pretendía darle una muerte oprobiosa para humillarla y maldecirla, había sido un fracaso ya que ni la agonía en la cruz lograba siquiera atenuar sus dones, más bien descubrían otro ángulo de su eterna belleza. Me había convencido de que Claudia era la diosa de la que mis ancestros hablaban, mas me preguntaba con qué fines se había vuelto hembra carnal; vosotros ahora, tal vez me lo podéis decir, decídmelo no seáis egoístas, decídmelo, no estoy loco ¿o vos también lo creéis?, ¿quiénes sois?, ¿ángeles, genios, dioses? no me lo decís, mas sé que tenéis una sabiduría superior, lo presiento, mi instinto de nómade me lo dice.
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