miércoles, 8 de junio de 2011

MARGINAL Y VICIOSO (Parte 16)

-SOIS UNOS MONSTRUOS, SOIS PERVERSOS ¿CÓMO PODÉIS HACER ESO?. Joshua se había despertado y nos miraba horrorizado.
-¿NO VEIS QUE ESTÁN MALDITAS? QUEDARÉIS MALDITOS TAMBIÉN. TODOS LOS GENTILES IDÓLATRAS SOIS UNOS INDECENTES.
Luego de decir aquello se volvió y se fue dejando su preciado jugo calma-dolores. Ya no fue amigo de nosotros y pocas veces le volvimos a ver desde ese momento.
Nos acostamos debajo de la roca y comenzamos a beber la bebida amarga-dulce provocándonos una soñolencia extraña. "Ojo torcido" se colocó boca arriba y se frotaba el sexo con rapidez mientras miraba el culo a las crucificadas; su cara me producía hilaridad pues torcía los ojos y babeaba como una bebé. Por mi parte, noté que mientras más bebía de aquel brebaje, más risa me causaba cualquier accidente que ocurriera. Caí en el sueño y no desperté sino después de mucho rato. Cuando lo hice, la cabeza me daba vueltas y pude comprobar que a "Ojo torcido" le ocurría lo mismo ya que al caminar se balanceaba como el agua cuando sopla el viento sobre un mar. Ya era el atardecer y comenzaba a refrescar, el sol me pareció del color más rojo del que nunca había visto, la brisa se hizo presente y el cabello colgante de las bellas se mecía insoportablemente hermoso.
-"Ojo torcido", ¿veis lo que yo veo? mirad el cabello de las putas, mirad, es bellísimo, ¿no os parece? parecen nacerles estrellas.
-sí, sí, sí, jajajajajaja. Pero debemos salir de aquí.
-¿qué decís?
-que debemos salir de este lugar, se hace de noche y es un lugar de maldición, ¿no veis aquellas sombras?
Me señalaba un lugar al lado de la roca, mas yo nada veía ni tampoco le hallaba importancia a las prevenciones y miedos de mi amigo.
-Debemos salir, Khazim, las ratas nos atacarán, en la noche sale de entre la basura un ejército de ellas comandadas por un César, un César-rata, y armadas de lanzas.
-¿por un César? estáis loco.
-Noo, no estoy loco, es la verdad, hay un César de ratas que reclama su imperio en la noche y nos condenará a la cruz si no nos vamos.
-Sois un cobarde.
Sin replicarme volvió su espalda y se fue raudo por entremedio de las inmundicias. Me había quedado solo y me sentí bien por eso. Los cuerpos de las mujeres aún seguían sudorosos y palpitantes en su cruz. Todo el conjunto me parecía increiblemente bello. Pasé mi mano por sobre la cabeza de la esplendorosa de más edad y le di un sorbo de brebaje.
-¿Cómo os llamáis, bella mujer?-le susurré a su oído.
-Miryam- me respondió. Casi no podía articular palabras, su respiración era agitada y se agitó más al hablar. De improviso, y como saliendo de su sopor, abrió los ojos muy grandes y exclamó,
-¡OOOH¡ MIRAD, ES BELLO, MIRAD, MUCHACHO.
-¿qué veis, decídmelo, vamos, quiero saberlo?
-MIRAD, SON ÁNGELES, MIRAD, ESTÁN AHÍ.
-¿dónde, mujer?
-AHÍ.
-no los puedo ver, describídmelos, hacedlo, vamos.
-SON BELLÍSIMOS, BRILLAN, SU LUZ ES .......AAAAAAAAH, AAY, UF, UF, UF, AAAAAAAH .
La mujer gritó fuerte y desgarrado y por fin su cabeza cayó hacia atrás para ya no despertar jamás, había exhalado. Su reposo era el más bello de los que había visto. Eché tierra a las heces que había abajo de su cruz y me arrodillé abrazando sus piernas, acto seguido froté mi sexo y derramé mi simiente como ofrenda para ella. Sentía la dicha más grande de mi vida y reí como nunca en ese lugar, reí a carcajadas mientras la cabeza me daba vueltas como en un remolino, no podía sostenerme en pie mas no me importaba; caí y me dormí. A la alborada desperté y lo primero fue ver las cruces, la otra mujer todavía vivía e incluso gemía, parecía increíble. Dos cuervos estaban parados sobre el patíbulo pero nada le habían hecho a los ojos de ella. Me acerqué y le di un poco de agua, ya no me quedaba del jugo amargo-dulce; después de beber, la mujer comenzó a sollozar y le dije,
-sois una mujer fuerte, resistís mucho.
Como ya no quedaba agua y no había comido me propuse encontrar algo de comida en la ciudad y buscar agua para volver luego.

Luego de llenar el odre con agua de la fuente, me dirigí al mercado; siempre iba allí a robar frutas o vender lo que encontraba por ahí. Había caminado un poco buscando a alguien distraído a quien hurtar cuando una mano me tocó por detrás, me volví y era Marta la mujer misteriosa. Quedé perplejo pues jamás imaginé que la encontraría ni menos que se dirigiera a mí.
-Muchacho pecador ¿qué hacéis aquí?
-busco algo para comer.
-sin duda andáis robando a la gente honesta.
-no es así.
-Soy agradecida, incluso con extranjeros perversos como vos, por algo pertenezco a las "piadosas", no olvido el agua que me disteis ayer cuando el calor arreciaba, y como veo por vuestra cara demacrada que no habéis probado bocado, os daré algunas cosas.
De un cesto extrajo una hogaza de pan y dos dátiles de buen color, me los dio y se volvió haciendo ademán de marcharse. Cuando ya creía que los dioses se habían apiadado de mí, Marta regresó y, llamando a dos soldados que pasaban por ahí, me acusó de haber sido robada por mí.
-Detened a ése muchacho, me ha robado el pan y unos dátiles.
Los enormes romanos me tomaron de los brazos y se aprestaban a golpearme cuando una voz, la más dulce que he escuchado en mi vida, dijo,
-no es verdad, yo lo he visto todo, él no robó nada a ésa mujer, fue ella misma que le dio el pan y las frutas.
Era la más bella mujer que nunca había visto en mi vida, iba ricamente ataviada y con su hermosa cabellera negra ensortijada descubierta como hacen las gentiles romanas y griegas, la custodiaban dos enormes y musculosos hombres negros.
-¿Creeréis a una ramera?, su testimonio no sirve- dijo Marta.
-Debo llevarme al muchacho, el magistrado resolverá esto- dijo el soldado.
Me arrastraban aquellos dos y la dueña de la bella voz los detuvo con su sola presencia.
-Dejad ir al muchacho, yo pagaré dos veces las mercancías que dice la mujer, lo pagaré y ella no podrá negarse sin quedar como rencorosa, por lo demás, él es inocente.
-está bien- dijo el soldado.
A regañadientes Marta recibió el pan y los dátiles más el dinero equivalente y fui puesto en libertad.
CONTINUARÁ.

jueves, 2 de junio de 2011

MARGINAL Y VICIOSO (Parte 15)

El jornada transcurre siempre lenta en el basural y esto se notaba sobremanera ese día; para mí era el efecto del calor y la pestilencia consecuente que terminaban por hacer pesados todos los movimientos y hasta los pensamientos. Después de tres horas, las mujeres eran acosadas por las moscas que atraídas por la sangre y el sudor de ellas se posaban en sus rostros y sus espaldas y traseros lacerados. El hedor ya era de lo peor por lo que el comandante ordenó la retirada, considerando que la presencia de ellos eran innecesaria. Dieron el último trago de bebida y agua a la puta más vieja y la correspondiente piedra de sal a la otra y se alejaron. El comandante fue el último en montar su caballo y cuando se aprestaba a seguir a sus hombres se dirigió a Joshua y le extendió el odre con bebida amarga-dulce.
-Tomad, muchacho, para que practiquéis la piedad con esas perras y con vos mismo, jajajajajaja. No abuséis de la bebida o imaginaréis que os atacan los buitres y que las ratas se vuelven gigantes, jajajajajajajajaja. Adiós, miserables, sacad provecho de las rameras, no están mal y aún sirven para algo.
Apenas se hubo alejado el comandante, Joshua se echó el odre a la boca y bebió un trago, luego se acercó a las putas y compartió con ellas su jugo precioso. Por nuestra parte, "Ojo torcido" y yo hicimos otro tanto con el agua. Las mujeres parecían disfrutar de la frescura del líquido como nunca lo habían hecho. Una gran roca fue nuestro refugio contra el sol y a su sombra nos tiramos en el suelo polvoriento a descansar. Las mujeres no podían vernos ya que nos daban la espalda mostrándonos sus culos latigados; se estaban asando bajo ése implacable sol y el atardecer se veía lejano, como a unas seis horas más adelante el sol se pondría rojo al morir y yo esperaba ansioso ese momento que ahora tendría otro elemento agregado. Joshua bebía un pequeño trago tras otro tratando de ahorrar la bebida, para él era el líquido más preciado que existía. Le pedí que me dejara probar su sabor. No era fácil tragarla, la amargura era real, pero se sentía bien al irse garganta abajo, un dejo de dulzura. "Ojo torcido" también bebió un sorbo. Nos pusimos a dormir. Comencé a soñar y se recreaba en mi mente la crucifixión de aquellas putas en el momento en que eran clavadas, pero, ¡oh sorpresa¡ el que clavaba no era un soldado sino la tal Marta, ella se volteaba hacia mí y me miraba como furiosa. Desperté, miré hacia las cruces y allí estaban agonizando aún las mujeres, observé la lejanía y Marta estaba allí, ¿qué estaba haciendo todavía bajo ese calor endemoniado?, supuse que si no hubiéramos estado allí, ella se habría acercado a las cruces. Me levanté con el odre de agua en la mano y comencé a caminar hacia ella, no se movió, me pregunté si tal vez habría estado todo el tiempo esperando a que yo hiciera eso. Me acercaba y ella no se movía, yo esperaba su huida, estaba seguro de que lo haría o me insultaría, pero no se movía. Conforme avanzaba el rostro de ella se iba haciendo más nítido y revelaba sofocación por la alta temperatura; me veía directo a los ojos, los tenía claros, marrón claro y su nariz era grande como su boca, el velo negro cubría su cabeza sin mostrar el cabello.
-Vete, demonio- me dijo.
-¿qué hacéis aquí?
-¿qué os importa, muchacho de mala vida?, más bien ¿qué hacéis vos y vuestros amigos vagabundos?.
-creo que lo mismo que vos, buena mujer.
-sois un insolente, un atrevido, mas no os temo.
-nada os haré, soy amigo.
-vos no sois mi amigo, mis amigos no están dentro de los indeseables y miserables de baja reputación.
-habláis de reputación, pero os digo que una mujer de reputación no anda sola a estas horas en el lugar maldito.
-atrevido, VETE, ATREVIDO.
La sien de Marta dejaba ver una gota de sudor corriendo hacia abajo y atravesando su mejilla. Su actitud era inexplicable para mí, no tenía miedo, de eso estaba seguro, de lo contrario no se habría quedado en ese lugar de muerte, mas ¿por qué me insultaba de ese modo?, ¿tan amenazante parecía ser yo?. Le extendí el odre con agua indicándole que bebiera, me miró por un momento con esos ojos hostiles y luego tomó el odre y bebió como sedienta que estaba.
-No es lugar para vos.
-tenéis razón, es un lugar para los demonios como vosotros.
-no somos demonios, sólo pobres de Jerusalem.
-pobres y perversos, sé lo que venís a hacer acá.
-sé lo que vos hacéis acá, mujer.
-no sabéis nada de mí.
-os he visto en las crucifixiones, nunca faltáis.
-soy de la cofradía de las "Las mujeres piadosas de Jerusalem".
-sólo estáis vos acá y no has bajado a asistir a esas dos condenadas, no sois tan piadosa como decís.
-aquéllas son unas rameras pecadoras.
-como todos a los que crucifican. Sólo venís a mirar.
-como todos lo hacen.
-pero vos os quedáis por largo tiempo, os he observado.
-yo también os he observado y he visto las brujerías que hacéis en las tardes al pie de los crucificados.
-¿brujerías? JAJAJAJAJA, NO, sabéis que no soy brujo.
-no, sois un demonio.
-a vos os gusta mirar a los crucificados, os deleitáis con ello, mujer, hay lujuria en vos, y es una lujuria perversa.
-¿me estáis acusando, esclavo?
-no soy esclavo y sólo digo lo que veo.
-vos sois el perverso y bandido.
-si lo fuera ya habría dado cuenta de vos, si no sois lo que decís entonces ve y asiste a esas dos desdichadas junto a nosotros.
La mujer, se levantó y se fue apresurada. Mientras se alejaba se volvía hacia atrás cada tanto. Cuando bajé a la roca que nos daba cobijo contra el sol, "Ojo torcido"estaba acostado en el suelo boca abajo, mas no dormía, observaba el culo de las crucificadas. Joshua yacía al lado, dormido de tanto beber el jugo. Me dirigí hacia las mujeres y les di un poco de agua a cada una; cuando me volví hacia la roca, "Ojo torcido" estaba detrás de mí y me dijo,
-¡que bellas son¡
-sí, decís verdad- dije.
Se acercó hasta tocar el culo a la más joven y acarició sus nalgas, luego le dio dos palmadas en ellas lo que hizo remecer el cuerpo causando que la mujer reanudara sus gritos lo que había dejado de hacer hacía horas. Su llanto volvió, lo mismo su quejadera que era muy lastimosa.
-AAAAAAAH, AY, AY, AY, ADONAY, PIEDAD, AAAAH, AY, AY, AY.
Ya no se calló y encontré razón al fastidio que manifestara el comandante romano hacia ella. Para calmarla fui por la bebida y le dí un poco, sin embargo "Ojo torcido" había comenzado, ahora, a sobar su culo y los muslos, claro que ésta vez fue más suave. De pronto, se arremangó sus vestiduras y se descubrió la verga totalmente enhiesta y de la cual goteaba esperma; se la comenzó a agitar frotándola contra el cuerpo de la mujer y haciendo expresiones de placer.
-¿Qué hacéis?- le pregunté.
-lo que siempre hago cuando crucifican mujeres, ¿no oísteis lo que nos dijo el comandante al irse? debemos aprovechar, ellas ya están malditas y a nadie le importará.
Os confieso que lujuria era lo que me movía, sí, lujuria, aunque también otras cosas como ya os he tratado de explicar, mas no había pensado en hacer lo que "Ojo torcido" estaba haciendo. Mientras él se manoseaba con la joven, yo comencé a acariciar a la otra: toqué su pobre culo lastimado, lo mojé lavándole las heridas y luego seguí con su espalda, le eché agua sobre la cabeza y el rostro. Ella sólo movía la boca, una boca pequeña; le acaricié la frente y le di de beber el jugo amargo-dulce. La puta, al abrir su boca, reveló que le faltaba un diente, suspiraba profundo y me gustaban sus suspiros.
-Gracias, buen hombre- me dijo.
CONTINUARÁ.

sábado, 28 de mayo de 2011

MARGINAL Y VICIOSO (Parte 14)

Las dos crucificadas, exhaustas, yacían con la cabeza echada hacia atrás. Sus brazos estaban completamente estirados y de sus muñecas corría un hilo de sangre que, en un principio, pareció extremadamente abundante, pero que luego disminuyó. Los talones sangraban mucho más y las gotas iban encharcando el suelo de rojo alrededor de los stepes y de las heces expulsadas por aquellos culos de pobres mujeres fatigadas. Los soldados echaban suertes para repartirse el vestuario de las dos y asumían una actitud de descanso entremedio del trabajo; en verdad se merecían la tregua, hacía calor y nosotros, que sólo mirábamos, nos sentíamos muy agotados. El sólo ser espectador del suplicio nos había cansado sobremanera. La visión de ésas dos crucificadas de pecho dándonos la espalda, colgando de esas cruces, hizo que mi mente afiebrada se imaginara que ambas eran amantes, cada una, de su cruz. Esos dos amantes de madera eran abrazados por ellas y lo serían para siempre, sería definitivo ese amor mortal pero inmortal a la vez. Si un hombre y una mujer forman un uno al conocerse carnalmente, como una vez le escuché decir a un sacerdote del templo, esas putas habían formado un uno con sus amantes-cruz, árboles secos medio muertos, serían acompañados por esas bellas en el camino hacia la sequedad total; ellas serían generosas y humedecerían en algo, con sus sangres y sudores de hembras sufridas, la vejez de esos añosos troncos ya agónicos del basural. Se me ocurrió que ese había sido el destino trazado para ellas por desconocidos dioses. Yo me inclinaba reverente ante ellas.
Un grito medio ahogado, nos anunció que la puta joven había despertado de su desmayo.
-AAAAAAAAAH, OOOOOOH, UF, UF, UF, UF, AAAH ¡POR DIIIOSSS¡.
Un soldado, tomando el odre, iba a darle de beber cuando fue detenido por el comandante.
-Dije que no, bebida amarga-dulce NO.
-¿entonces agua, señor?
-NO, agua no.
-pero si no le dais agua pronto morirá, recuerdo haberos oído decir que queríais que sufriera el rigor de la cruz; con este calor y la sangre manada no resistirá por mucho.
-cuando estuve en Cirene aprendí de un viejo centurión un truco para estos casos.
Ordenó a Joshua que le alcanzara un morral que colgaba de la montura de su caballo, lo abrió y extrajo tres piedras blancas del tamaño de un limón que luego le dio al soldado.
-Cada vez que pida agua o diga tener sed, digo cada vez eh, partiréis estas piedras de sal y se las haréis tragar, así no morirá por falta de agua pero su sed se multiplicará por veinte, le será insoportable.
La mujer se estaba comenzando a quejar como antes lo hacía aunque esta vez claramente se notaba el desfallecimiento en su voz. La otra pareció despertar por los gritos de su compañera, mas quedó con la cabeza echada hacia un hombro, con los ojos cerrados y la boca abierta suspirando; el soldado se acercó a ella y sujetándole la cabeza con su mano le dio a beber agua y le mojó el rostro. La otra, al ver que su amiga se refrescaba, pidió a su vez agua, pero, como había ordenado el comandante, sólo consiguió que se le obligara a tragar un trozo de la piedra de sal; ella hizo un gesto de repulsión el que se volvió un grito estridente ya que el soldado, malintencionadamente, dio unos manotazos en sus piernas reavivando el dolor de tener los pies atravesados por clavos. Los demás reían y lanzaban burlas provocando más gimoteos de parte de la puta lo que sólo conseguía encender aún más la crueldad de sus verdugos. La horas transcurrieron lentas y el calor aumentó, la puta joven no dejó de gemir y tragar piedras de sal cada vez que hablaba de su sed o rogaba por agua al mismo tiempo que la otra bebía sorbos de bebida amarga-dulce. Los caminantes se detenían un rato y continuaban su marcha conscientes de que una crucifixión de mujeres en el basural era un evento del cual los soldados disfrutaban desatando su malévola lujuria. Las condenadas comenzaban a mostrar los primeros signos de ahogo al cumplirse una hora de su izamiento y era éste un momento esperado por los soldados como me lo dijo por lo bajo "Ojo torcido". Para poder llenar sus pulmones de aire y disminuir la sensación de asfixia y la incomodidad de su postura, las crucificadas procuraban levantar su colgado cuerpo hasta hacer que la cabeza sobrepasara el patíbulo; cuando lo lograban podían henchir sus pulmones, mas todo ello después de reavivar el suplicio de estar clavadas ya que debían apoyar todo el peso de su cuerpo en los pies. Tan sólo unos segundos se mantenían arriba para luego caer otra vez y quedar con los brazos estirados, reavivando ahora el dolor de sus muñecas; la desesperación de piernas ávidas de estirarse y la asfixia nuevamente. Volvía a repetirse, una y otra vez, el sube y baja del sufrimiento escapando de un dolor para meterse en otro. Los soldados gozaban observando esa etapa ya que era el cúlmine de su obra, la razón de ser de crucificar a alguien, eso era precisamente lo que se buscaba al ser artífice de una crucifixión, atrapar un cuerpo desnudo entre el dolor y el dolor avanzando con una insoportable lentitud hacia la muerte. La lucha de esos cuerpos femeninos excitaba, por lo demás, a los soldados, lo que se notaba en el brillo de sus ojos. La puta joven era la que llevaba la delantera en este punto fascinando a todos los que estábamos presenciando aquello con sus movimientos desesperados y el cuerpo bañado en sudor.
CONTINUARÁ.

jueves, 19 de mayo de 2011

MARGINAL Y VICIOSO (Parte 13)

La mujer de más edad seguía desvanecida sin recuperar el conocimiento cuando el comandante se acercó a ella y le echó agua sobre la cabeza. El agua mojó su cabello y escurrió por la espalda limpiando la sangre, a pesar de eso la mujer no despertó.
-Esta ramera no durará demasiado, le queda poco.
-¿la despierto, señor? puedo darle un leve golpecito en el tobillo y aullará como una cerda, será para reírse- dijo un soldado.
-no, dejadla. No me gusta aumentar el suplicio innecesariamente, ya tuvo bastante, se portó bien hasta ahora, se mostraba resignada a su suerte y eso lo valoro incluso en la gente de baja ralea; no soporto los bandidos que insisten en eludir sus culpas, ella asumió el castigo que tenía merecido, no fue desafiante ni rogó piedad y, por lo demás, vosotros os divertisteis mucho. Si vuelve a despertar dadle el jugo amargo-dulce. En cambio, la otra se merece todo el rigor de la cruz, nos ha dado gran trabajo con su llanto.
-¿nos divertiremos con ella, señor?.
-no, ella es mía, yo le daré su merecido.
La muchacha escuchaba el diálogo de los dos romanos de rodillas como estaba y amordazada; abría los ojos expresando miedo y desesperación. A mí también me había gustado la actitud de la mujer de más edad, pero no por las razones que daba el comandante; yo la veía sublime y bella en su victimización y entrega, y me habían gustado también sus alaridos y la expresión de dolor de su rostro; sus alaridos eran roncos cuando la clavaban, nadie diría que fueron bellos gritos de una mujer, nadie, os aseguro, lo podría apostar, mas a mí me eran deliciosos y lo fueron más cuando babeó y finalmente perdió el conocimiento quedando en un sueño profundo; se me figuró de repente, cuando el desmayo, que parecía una diosa, mas las diosas no eran sacrificadas de esa forma, sólo las mortales son sacrificadas así; eso me dije a mí mismo rebatiéndome en mi interior mis propios pensamientos y me respondí que si no era una diosa su sacrificio la convertía en tal y entonces se transformaba en diosa para siempre dentro de mi corazón, ya que nunca olvidaría la escena de ella en el suplicio y la agonía.
Yo quería ver lo que harían con la mujer joven, la actitud de ella era completamente diferente a la de la otra; seguro estoy de que la otra mujer sentía terror, mas estaba entregada a su suerte de condenada; ésta, en cambio, no podía domar su terror, no estaba resignada a sufrir de forma tan salvaje. El brillo en los ojos del comandante me hizo pensar que la preferida de él, en realidad, era ésta joven y que el miedo y horror que se veía sentía ella le producía verdadera excitación. Ordenó desnudar a la mujer. La juventud de la hembra se notaba en su cuerpo y lo hacía diferente al de su amiga ya fijada al madero: era más delgada, el vientre era plano y firme, sus carnes estaban apretadas y nada sobraba, sus tetas eran abultadas pero menudas a la vez, no eran colgantes como las de su amiga. Tenía las marcas del flagelo en su espalda y la transpiración le humedecía la cara, el cuello y el torso. El propio comandante le ató las manos por detrás y le quitó la mordaza. Lamió la cara de ella y luego le dijo:
-sufriréis, puta, sufriréis más que vuestra amiga que yace colgada.
-NOOOOOOOO, PIEDAD, MI SEÑOR, MATADME OS RUEGO, MATADME CON VUESTRA ESPADA, COLGADME MUERTA POR FAVOR.

El comandante tomó el látigo y ella al verlo dijo:
-NO ME AZOTÉIS, OS RUEGO.
-JAJAJAJAJAJA, no lo voy a hacer ¿creéis que os haré ese regalo?
Una lluvia de bofetadas hacían que la cabeza se volviera una y otra vez hacia los lados sin darle tiempo de quejarse. Un puñetazo en el vientre dio con ella en el suelo y de inmediato él la levantó tomándole del cabello; dio otro puñetazo brutal y de nuevo al suelo; su rostro se le llenó de polvo el que se metió dentro de su boca ya que la abría desmesuradamente procurando recuperar el aire que los golpes le habían expulsado de sus pulmones, eso hizo que ya no chillara por un rato a falta de aliento. Comenzó a toser cuando recibió una patada en la espalda haciéndola retorcerse; se llenó más de polvo. El comandante le arrojó agua encima y luego él mismo tomó un sorbo, miró a sus hombres y luego a nosotros; todos observábamos en silencio. Miré hacia la colina lejana y vi que Marta también veía el cruel castigo, ¿le habrían golpeado así los bandidos que la ultrajaron?. Cuando pareció que la joven se había recuperado en algo, el comandante la puso de pie y de un tirón arrancó una mata de vellos de su sexo, dando ella un grito; los negros pelos podían verse en la mano de él; le apretó las mejillas obligándola a abrir la boca y se los hizo tragar, casi no tuvo tiempo de toser ya que de nuevo hizo lo mismo, obligándola a comerse otra mata de pelos que le había arrancado; volvió a hacerlo una y otra vez hasta que casi le dejó el sexo totalmente pelado. La arrojó al suelo, sacó su verga el comandante y la frotó en contra de las tetas mientras ella lloraba sin parar, acto seguido la poseyó allí mismo. Cuando terminó le dijo a la mujer:
-ahora, perra, A LA CRUZ.
-NOOOOOO, NOO, PIEDAAAAD.
-me gusta ver a perras como vos siendo clavadas.
Las palabras del comandante desataron un frenético berrinche de pánico en ella, parecía sufrir un ataque de alguna enfermedad o haber sido poseída por demonios.
-Al parecer no tenéis suficiente, ramera.
Acto seguido le fue introduciendo los dedos dentro del agujero de su sexo; empujó fuerte y metió toda la enorme mano dentro hasta su muñeca empuñándola finalmente. La puta gritaba desconsolada.
-AAAAAH, AY, AY, AY, NOOO, ME DUELE, AAAAY, SACADLA POR FAVOR.
-JAJAJAJAJA, no te duele, puta, mentís, lo que viene ahora os dolerá de verdad.

El comandante extrajo su mano y fácilmente su fuerte brazo la arrojó de bruces encima del patíbulo; dos soldados le ataron los brazos a él. Lo que sigue fue, en casi todo, igual a lo que había pasado con la otra puta salvo que el comandante ordenó que el claveteo fuera muy lento, que hubiera un tiempo entre un martillazo y otro y que se le clavara una muñeca seguida de la otra para alargar así el suplicio. La puta enloqueció de dolor y terminó gritando incoherencias. Antes de que la subieran a la cruz ya su culo había soltado heces, y cuando fue finalmente clavada en los talones de sus pies, muy lentamente, volvió a defecar otra vez acompañado de un chorro de orines. Como su compañera perdió el sentido y quedó allí en reposo.
CONTINUARÁ.

miércoles, 4 de mayo de 2011

MARGINAL Y VICIOSO (Parte 12)

El comandante tenía razón, todos tenemos nuestros vicios y el mío era especial, eso creía, estaba seguro de ello, seguro de su excepcionalidad. Una vez había hablado a Joshua de lo que sentía en las tardes rojas del basural a la entrada de la noche, del gozo que me provocaba el paisaje siniestro y maldito, de la combinación fascinante de los colores, hedores, sombras, pájaros negros y los árboles secos, pero él no me había comprendido, me lo había dicho así precisamente: no os comprendo, habláis como un demente o un poseído por demonios. Ni pensar en contarle lo que había experimentado ante los crucificados, ni pensar en hablarle de mi deseo recóndito de sentir, aunque fuera por un segundo de mi vida, lo que experimentaba un hombre crucificado en medio del botadero y con el reflejo del sol rojo sobre mi cuerpo lacerado y escarnecido, ni pensar en revelarle mi curiosidad ávida de saber lo que veían, de lo que sufrían con la humillación, los condenados a la cruz. Todos teníamos nuestros vicios, es verdad, mas el mío era extraordinario, no era como el del borracho, el de frecuentar rameras o tomar de la bebida amarga-dulce. Algo me decía que la cruz entrañaba un misterio escondido en lo más hondo de mi corazón o de mi cabeza como si alguien lo hubiera sepultado allí para que nadie lo viera, pero que al final se me revelaría inevitáblemente a mí mismo por sí solo o por medio de aquél que lo sepultó en mi alma el cual un día, sin previo aviso, aparecería ante mí explicándome todo.
Comprendí la razón de la no presencia de mujeres en esa crucifixión; todos sabían lo que hacían los soldados cuando se crucificaban mujeres y lo sabían, por cierto, las mujeres de Jerusalem y también las "piadosas" de la ciudad. La vergüenza ajena, el pudor ajeno, el horror ante la lujuria propia de los machos cuando pueden desatarla sin ningún límite culpando a las costumbres gentiles de tales excesos como si no fuera cierto que los soldados habían tenido que echar con amenazas a la turba de hombres, casi todos hijos de Israel, que habían ido allí sólo para satisfacer su lujuria latente. No había mujeres salvo las dos condenadas. Mientras miraba cómo los soldados seguían con su entretenimiento, me acordé de aquella mujer de la que ya os he hablado, de la "piadosa" que tenía tirria a mi presencia, pensaba en ella cuando de pronto, cual golpe de magia, "Ojo torcido" levantó su mano y señaló hacia la lejanía.

-Mirad, Khazim, no somos los únicos mirones jajajaja.

Más allá del montículo en que nos habíamos refugiado antes, vi una figura negra que se movía. Aguzando más mi atención reparé en que se trataba de una mujer con la cabeza cubierta con un velo de ese color, era la "piadosa", mi piadosa, que estaba mirando la escena de lejos.

-Es Marta.
-¿la conocéis?- pregunté con una curiosidad furibunda.
-sí, es Marta, la hermana menor de Rubén el orfebre celote que vive en la calle de la cañada. Lo sé porque habitualmente duermo en la noche muy cerca de allí; hay un buen lugar oculto en la pared del templo que está al lado .......sólo yo conozco ese refugio.
-ella siempre viene con "las piadosas" a las crucifixiones, nunca la he dejado de ver.
-sí, lo sé, pero no creo que baje hasta acá.
-¿por qué?
-ha de darle vergüenza .
-si es así entonces ¿para qué viene?

"Ojo torcido" mueve sus hombros en señal de ignorancia. Sí, ya había pensado en eso de la vergüenza ajena por tratarse de la ejecución de mujeres, mas deseaba saber más de ella.

-Siempre la veo bajo las cruces, nunca ha faltado, pensé que en esta faltaría, pero allí está.
-yo también la he visto siempre- dijo Joshua.
-pues es una de las "piadosas " ¿no?, debe de ser compasiva, además, por lo que ella ha vivido sabe de dolores.

En las palabras de "Ojo torcido" supuse que estaba la solución al enigma de la misteriosa así que le pregunté.

-¿Qué es lo que ella ha vivido?, ¿acaso lo sabéis?, hablad.
-sólo sé lo que escuché por ahí. Marta vivía en Emaús y a los 14 años contrajo matrimonio con un mercader. Al cabo de dos años sin quedar ella embarazada, el marido decidió peregrinar hasta el templo de Jerusalem para pedirle al dios de los hebreos que le concediera la gracia de ser padre. En el viaje iban Marta y los padres de ésta y los propios padres del marido, todos habían decidido visitar la ciudad ya que no la conocían. En el camino fueron asaltados por unos bandidos desalmados que asesinaron a todos ante la vista de Marta y luego procedieron a ultrajarla. La dejaron abandonada a su suerte detrás de una colina, atada y desnuda en una cruz que hicieron en un árbol espinoso. Dicen que estuvo dos días allí sin que nadie se percatara hasta que un pastor que pasaba con sus chivos la encontró medio muerta de sed y quemada por el sol. Hace unos años llegó a Jerusalem con su hermano quien se hizo cargo de ella sin lograr hasta el momento encontrarle un esposo. Algunos dicen que nadie se quiere casar con ella por haber sido violada, pero ella es bella aún y joven, otros dicen que debido al ultraje ella perdió la capacidad para ser madre, mas tal vez nunca tuvo esa capacidad; la verdad, Rubén celote le ha arreglado ya dos compromisos con amigos suyos, buenos hombres, pero se dice que ella rogó a su hermano que desistiera, que aún no desea casarse; es una desgraciada que sufre de melancolía, pronto será vieja para que un hombre la quiera como esposa, sólo se dedica orar y a las obras pías.
Yo Sospeché de ésa su piedad, al menos la que se refería a la de los crucificados. Las "piadosas" no pasaban tanto tiempo asistiendo a los agónicos y menos quedarse al lado de uno en el basural solitario hasta que caía el alba. La mujer seguía siendo un misterio para mí. Apostaba a que no saldría de su escondite para acercarse a asistir a las dos condenadas y si no lo hacía ¿para qué había venido?. Había venido a mirar, de eso estaba seguro, mas no era novedad ser mirón de crucifixiones, muchos lo hacían, lo extraordinario era el tiempo que pasaba abajo de la cruz. La historia que había contado "Ojo torcido" aguzó mi curiosidad sobre la dicha Marta.

-¿Creéis que bajará hasta acá?
-Mmm, no sé, creo que no, nunca he visto a una mujer en las crucifixiones de mujeres, al menos no una que no sea parienta de la condenada.
-yo tampoco he visto, jamás - dijo Joshua.

El comandante dijo,
-basta, es suficiente, clavadla.
Los soldados arrojaron a la mujer al suelo y la arrastraron hasta que quedó boca abajo con el pecho sobre el patíbulo que estaba acostado cerca del tronco que haría de stepe. Le abrieron los brazos siguiendo el largo del tablón y los ataron a él fuertemente con unas sogas. Ella continuaba con su silencio resignado.
-Esta ramera ha sido colaboradora con nuestro trabajo y ha divertido a legionarios que sirven a Roma lejos de su hogar, por tanto seremos compasivos con ella. Dadle veinte latigazos, dadlos con fuerza para que sangre en abundancia.
Las palabras del comandante parecían contradictorias y una ironía cruel, mas eran muy en serio. Un soldado comenzó a vapulear a la mujer dirigiendo el látigo principalmente a su espalda la que ya había recibido, antes de salir de la ciudad, un flagelo contundente. La mujer gritó -por primera vez la escuchaba quejarse- gritaba fuerte, agudo y dejando escapar sollozos que eran interrumpidos por el siguiente golpe. El comandante, con un movimiento de los dedos, le indicó al azotador que se apresurara en la golpiza. Los azotes fueron cayendo furiosos y rápidos sobre el lomo, recrudeciendo los gritos y provocando salpicones de sangre. Al terminar, la frente de la mujer quedó pegada al madero; suspiraba hondo y movía las costillas que eran regadas por la sangre que manaba de la espalda. El ceño del comandante estaba fruncido, como preocupado por lo que hacían con la mujer. Se acercó a ella y dejó caer agua en las heridas de la espalda y en la cabeza. 
Las dos muñecas fueron clavadas simultáneamente y sólo entonces, la pobre mujer dio unos alaridos realmente espantosos, lanzados con toda la fuerza de sus pulmones. Con cada martillazo agitaba su cabeza y golpeaba su frente al patíbulo haciéndola sangrar. No paró de gritar hasta que terminaron de golpear los clavos, luego quedó bufando y con los ojos abiertos. Cuando la pusieron de pie entre tres soldados que la tomaron del patíbulo, volvió a lanzar un grito el que no se detuvo hasta que la levantaron en el aire y ajustaron el tablón al tronco. Quedó suspendida y con los pies colgando. Tanto fue su dolor que la cabeza se inclinó hacia atrás indicando que se había desmayado. Rápidamente le flectaron las piernas y se las ataron al stepe, a su alrededor, para fijarlas; clavaron entonces bajo sus tobillos lo que hizo que saliera de su sueño desfallecido y volviera a dar esos alaridos roncos y horribles. Su cuerpo entero temblaba y se cubría de brillante sudor mientras los soldados martillaban rápidamente. Al terminar su trabajo, cortaron las sogas que ataban sus brazos y piernas reagudizando otra vez los gritos ya que ahora el peso del cuerpo sólo fue sostenido por las muñecas y los pies horadados, entonces de su culo aparecieron las figuras marrones de tres mojones que cayeron al suelo; se cumplía lo que había dicho "Ojo torcido" acerca de la crucifixión de las mujeres. Se hundió de nuevo en el sueño del desmayo, cerró los ojos y quedó así con la boca semiabierta de la que salía abundante baba. Clavaron al tronco y sobre su cabeza una tablilla de madera que estaba escrita con letras griegas. Joshua preguntó al comandante qué decía. 
-Dice "me merezco el suplicio por asesina". 
-¿acaso dio muerte a alguien? 
-así es, dio muerte a otra puta como ella, le clavó un cuchillo en medio de una disputa por dineros; su amiga, la otra condenada, le ayudó en esta acción, es su cómplice. Así sois y así terminan la gentes de mala vida como vosotros JAJAJAJA. 
La otra condenaba, mientras observaba la escena de la crucifixión, estaba sumida en el horror y el miedo, ya se había orinado y desmayado sólo por el espanto y, en verdad, tenía razón: la crucifixión de las mujeres era más espantosa que la de los hombres, eso me parecía. Miré hacia el lugar desde donde espiaba la mujer llamada Marta y allí estaba todavía; me pregunté qué opinaría al respecto del asunto, pensé que era seguro que ella tendría una postura clara. 
CONTINUARÁ.

miércoles, 27 de abril de 2011

MARGINAL Y VICIOSO (Parte 11).

El cuerpo desnudo y flagelado de esa mujer y la docilidad que mostraba cuando era maltratada hicieron de mi falo una piedra que empujaba mis vestiduras hacia adelante, comprendí que a todos les pasaba eso: a mis amigos y a la muchedumbre de hombres que había seguido la senda de esas dos.
La mujer fue puesta de rodillas ante el pelotón de soldados, después de lo cual estos miraron a su comandante como esperando una orden; él, luego de otear a los alrededores del basural en sus cuatro puntos cardinales, les dijo,
-está bien, adelante.
Uno de ellos, el que hasta ese momento más había golpeado y zarandeado a la condenada se arremangó sus vestiduras y descubrió su sexo enhiesto y brillante en la punta. Sujetándole la cabeza a partir del cabello lo comenzó a fregar por la cara de la mujer mientras reía: se lo metía por la nariz, las mejillas, la frente y el cuello y ella, con los brazos caídos siempre, se mantenía dócil y con su mirada triste.
-Oled, puta, oled mi verga, ¿os gusta? JAJAJAJA. Ahora chupadla, mujer, vamos.

La mujer parecía no haberlo escuchado; tengo la convicción de que no lo había hecho, tanto era su arrobamiento.

-Chupad, vamos.

Una fuerte bofetada en la mejilla la hizo salir de su trance ensimismado y de inmediato tomó con sus manos el sexo y se lo metió en la boca. Lamía la cabeza y los alrededores persistente y mecánicamente, como ávida, pero se notaba que continuaba ensimismada y soportando todo sabiendo que daba lo mismo lo que pasara, que igual sería clavada a la cruz y moriría después de padecer horribles dolores.

-UF, UF, UF, AAAAH ¿no os dije?, ésta es una puta que conoce su oficio- decía el soldado dirigiéndose a los que estaban junto a él. Dos hombres que se encontraban con nosotros habían optado por retirarse, a partir de lo cual comenzamos lentamente a descender del montículo en que nos habíamos parapetado hasta ese momento. Nos fuimos acercando temiendo siempre que los romanos volvieran a lanzarse en contra nuestra, pero ciertos de que ya no lo harían. Repararon en nosotros mas continuaron con lo suyo. La mujer seguía chupando ávida la verga del soldado hasta que éste derramó su simiente blanca y viscosa la que corrió por la comisura de los labios de la condenada. Otro soldado la tomó entonces para que le hiciera a él lo mismo que a su compañero; lo hizo, lo mismo al tercero, mas el cuarto no lo permitió, éste optó por restregar su sexo entremedio de las tetas de la mujer hasta que también derramó sobre ellas y su rostro. El siguiente empujó a la mujer la que cayó al suelo boca arriba, acto seguido se acostó sobre ella penetrándola como poseído. Los demás comenzaron a bromear y reirse de la excitación de su compañero aplaudiendo festívamente. El comandante, reparando en nosotros, nos ordenó,
-vosotros, mendigos, venid muchachos hacia acá, venid, no temáis.

Le obedecimos seguros de que nada nos haría.
-Cuidad nuestros caballos, a ellos no les gusta este lugar y quieren marcharse, tomadlos de las riendas con fuerza para que no huyan.

Así llegamos muy cerca del espectáculo. Hacía un intenso calor a medida que el sol avanzaba en su camino hacia lo más alto del cielo, todos los que estábamos allí sudábamos y principiamos a sentir el hedor del basural que se activaba con el sol de mediodía; las moscas se hicieron presente. El cuerpo de la mujer se cubrió de sudor haciéndolo brillante ante nuestros ojos. Las moscas se le posaban en las heridas de los azotes y la boca que continuaba chupando las vergas, se le paraban sobre los ojos, la nariz y ella dócil era también con ellas, como si no le molestaran. La otra mujer fue amordazada ya que no paraba de chillar y aún continuaba arrodillada mirando lo que hacían a su compañera de suplicio. El comandante, luego de echarse a la boca un trago de agua, nos ofreció el odre.
-Bebed, muchachos, bebed, vamos, hace demasiado calor en este sitio.

Bebimos y el comandante nos simpatizó después de ese gesto de generosidad. Audazmente, Joshua le preguntó si tenían bebida amarga-dulce, ante lo cual, dándole una mirada curiosa, rió fuerte y dijo que sí, pero que era para las condenadas cuando estuvieran arriba de la cruz .

-Sé por qué preguntáis eso, sois un vicioso, muchacho, jajajajajaja. Os prometo que si sobra bebida os daré el resto a vos. Creo que sobrará, ése jugo irá sólo para una de estas perras, la otra nos ha causado demasiados problemas para merecerlo y creo que se seguirá comportando mal.

-NO, mi señor, no penséis que soy un vicioso, sólo os preguntaba para ver si seríais piadosos con éstas pobres mujeres.

-JAJAJAJA, dejadnos la piedad a nosotros, JAJAJAJA, mirad nuestra piedad para con ellas, muchacho, JAJAJAJAJA. No tengáis vergüenza, todos tenemos nuestros vicios JAJAJAJA, yo por ejemplo no me resisto ante el vino, y mis hombres miradlos, muchacho, ellos no se resisten a las sucias rameras.
CONTINUARÁ.

miércoles, 20 de abril de 2011

MARGINAL Y VICIOSO (Parte 10)

-Estáis cubierta de polvo, mujer, una buena sacudida os dejará limpia- dijo uno de los soldados y luego, con la palma de su enorme mano, golpeó en su cabeza a la altura del oído derecho. La pobre cayó al suelo aturdida, trató de levantarse, mas perdió el equilibrio. Ella seguía sin lamentarse ni llorar.
-Que comience la diversión- dijo el mismo soldado.
Entre varios la pusieron de pie fácilmente como si fuera extraordinariamente liviana y principiaron a manosearle por todas partes bruscamente.
-Desnudáos, puta.
La mujer, lentamente y casi a punto de perder el equilibrio, logró quitarse sus vestiduras polvorientas hasta quedar absolutamente desnuda. No hizo ningún ademán de cubrirse con sus manos. Nunca había visto a una mujer así, ¡por los dioses¡ estaba desnuda con su par de tetas y el sexo a la vista de todos los que mirábamos aquéllo. Los hombres que estaban a nuestro lado abrieron los ojos enormes. Una pequeña brisa hizo mover su cabello y un rizo de pelos que le sobresalía de su pubis, éstos eran negrísimos como los de su cabeza. Su espalda estaba atravesada por la rayas que habían dejado los latigazos, unas líneas sanguinolentas y desordenadas, lo mismo sus glúteos y piernas. Por delante también se veían las marcas del flagelo, pero en menor medida. Su vientre era abultado y tembloroso con cada movimiento, podía ver su ombligo -jamás había visto el ombligo de una mujer a excepción de aquellas etíopes que ya os he contado- las tetas eran grandes y bamboleantes, largas y caídas con los pezones oscuros, carnosos. Su cansancio era denunciado por la respiración que hacía subir y bajar rápidamente su pecho y abdomen alternativamente. Su culo era carnoso como sus tetas, vientre y muslos.
El soldado, tomándola del cabello y sacudiéndola, se volvió hacia los que mirábamos y preguntó,

-¿queréis una puta?, ¿alguien de vosotros desea una ramera? vamos, no seáis tímidos, yo sé que lo deseáis, no os costará nada, aprovechad, es gratis, aprovechad la ocasión, no seáis tontos, ahora podéis de verdad; hacedlo ahora antes de que la colguemos de la cruz. ¿Váis a desaprovechar ésta carne? no está mal esta perra.

Mientras hablaba, el soldado la zarandeaba del cabello y ella, con su mirada triste y baja, sólo estaba allí con sus brazos flojos y caídos en la actitud más sublime que yo había visto en mi vida. Uno de los hombres que miraban dijo, respondiendo a la oferta del soldado,
-es una puta maldita.
El soldado le respondió,
-JAJAJAJAJAJA, si no me equivoco, y corregidme si así lo hago, maldita ha de estar sólo después que muera. Sois una nación de estúpidos y cobardes, os quejáis de tantas cosas, mas cuando os dan regalos los rechazáis, ¡que tontos¡. ¿Sabéis? yo creo en vuestro gran dios del que tanto presumís, pero creo que os ha abandonado por ser un pueblo de imbéciles, sí, os digo bien, imbéciles e hipócritas. No me vais a convencer de que os es indiferente éste pedazo de carne que os ofrezco, mas sois hipócritas y no lo reconocéis; vosotros lo perdéis, por nuestra parte disfrutaremos.
Nadie dijo nada, ni se atrevieron a moverse. Creo que el romano tenía razón, yo mismo me habría adelantado a tomarla; sí, yo lo habría hecho pero para abrazarla y rendirle un homenaje por el cuerpo que tenía, por la entrega desesperanzada que mostraba, por su mirada de profunda desazón sin escándalo y le habría dicho que la amaba, y que amaba su cuerpo sereno, desnudo y latigado. Pero no podía hacer esa locura, habría quedado marcado y pronto tendría que haberme ido de Jerusalem ya que algo así se habría sabido.
El mismo soldado, torciéndole uno de sus brazos por detrás de la espalda, comenzó a besarla salvajemente en la boca y a lamerla como un perro en su rostro y cuello; ella cerró sus ojos y se arrobó. Comenzó otra vez a pasar de mano en mano por cada legionario, cada uno de los cuales le besaba sus pechos, o se los estrujaban con furia, o le daban palmadas en las nalgas o le sobajeaban el sexo.

-¡vaya¡ ¡que puta sóis¡, estáis mansa, como se nota que esta era vuestra ocupación de todos los días JAJAJAJAJAJA.

Luego, dirigiéndose a la otra mujer que aún se encontraba de rodillas y lloriqueando, espetó,
-y vos, ¿sóis igual de puta?

La muchacha nada contestó y sólo aumentó su llanto.

-Contestad cuando os pregunto- La bofetada que le lanzó sólo aumentó los chillidos de la mujer por lo que el comandante, estrujando salvajemente una teta la hizo levantar del suelo y comenzó darle de puñetazos en el vientre; cayó al suelo nuevamente; abría su boca desesperadamente procurando recuperar el aliento.

-¿Me lo diréis?- la joven, haciendo un esfuerzo por articular palabra dijo en voz baja,
-sí
.
-no os oigo.
-sí, soy puta como ella.
-JAJAJAJAJA, espléndido, entonces recibiréis vuestro merecido como corresponde.

Mientras, la otra mujer seguía en las manos de los demás soldados que parecían gozar en demasía de ella. El comandante levantó su mano y sus hombres detuvieron el juego, luego hablo a la gente que miraba.

-Retiraos, idos de aquí, ya que rechazasteis el regalo de vuestros amigos, idos.

La gente no se movía, el comandante entonces dió otra señal y los soldados, arrojando a la mujer desnuda al suelo, tomaron sus lanzas y cargaron contra la multitud la que corrió despavorida hacia todos lados. La dispersión fue total y muchos se fueron, mas nosotros y unos pocos más corrimos hasta una pequeña colina y desde ahí observamos. El ataque de la soldadesca no fue en serio, de eso nos percatamos nosotros desde el principio por las carcajadas de ellos así que no temimos otro ataque a pesar de que ellos sabían que estábamos en la cima del montículo ya que nos veían fácilmente y nos hacían señas que simulaban ser amenazantes.

-Khazim, observad bien lo que viene ahora y sabréis por qué los soldados nos espantaron, deseaban quedar solos- dijo "Ojo torcido".
-¿qué pasará? ¿qué harán, las clavarán ahora, eso es?
-sí, pero antes mirad lo que viene.

"Ojo torcido" ya había presenciado muchas crucifixiones de mujeres por lo que conocía todas las rutinas de los romanos a ese respecto.

-Casi siempre hacen lo mismo, al menos cuando crucifican acá en el botadero, hay poca gente por estos lugares. En la colina del Gólgota no se atreverían, está muy cerca de la ciudad.
CONTINUARÁ.

miércoles, 13 de abril de 2011

MARGINAL Y VICIOSO (Parte 9)

Aquel día se presentaba especialmente caluroso y, por ende, el hedor del contorno del camino que seguían aquellas condenadas adornaba tenebrosamente el futuro próximo de esas pobres almas. Una caminaba tras la otra a paso lento y arrastrando los pies en la tierra que levantaba polvo como nunca lo había visto antes; la cantidad de hombres que las seguían contribuía a ello.
Reparé en que sólo había hombres y no mujeres en la turba; comencé a buscarlas con la vista y no las encontré, y no encontraba además a las "mujeres piadosas de Jerusalem", me extrañó esta última circunstancia ya que sagradamente ellas siempre se habían hecho presente cuando una ejecución. Seguimos la fila de curiosos al mismo lento paso de todos.
Las mujeres tenían el cabello revuelto, desgreñado y cubierto también de polvo; se adivinaba más de una caída por lo sucio de sus túnicas. Una iba descalza y la otra con sandalias. La descalza se quejaba regularmente con pequeños gemidos que se suponían provocados por las piedras que estaba obligada a pisar con la planta desnuda, iba considerablemente encorvada en relación a su compañera como si su patíbulo fuera unas diez veces más pesado; claramente estaba muy fatigada, tal vez fuera porque era o se veía de más edad aunque no podría decir cuanta, de seguro por sobre los treinta. La otra, la más joven, sólo cargaba el madero con gran esfuerzo, pero nada hacía suponer un cansancio extremo. Las dos llevaban una expresión triste y derrotada. En verdad os digo que me inspiraron en ese instante gran piedad aunque, a la vez, la misma curiosidad de la que ya os he hablado, la de saber lo que pasaba por sus cabezas y corazones.
El lugar de los troncos secos parecía más desolado y tétrico que nunca, era así o eso quise creer. Las hileras de ellos formaban un grupo de seis. Uno de aquellos troncos era una cruz de la que colgaba el cadáver de un crucificado ahora convertido en unas osamentas cubiertas de una como cáscara. Era para no creer que ésos huesos un día habían sido parte de un hombre vivo, parecía una figura hecha de madera.
Al llegar al sitio de la crucifixión, la caravana se detuvo por orden del romano que hacía de comandante y las mujeres se pararon. Se les quitó de inmediato de sobre sus hombros aquellos pesados tablones como si los soldados estuvieran con intenciones de aliviarles su padecer. Mientras ellos trabajaban disponiendo los patíbulos y arreglando los troncos seleccionados para trasformarlos en los stepes de las cruces, ellas se quedaron una junto a la otra paradas con la vista baja y sin decir palabra. La mujer vieja respiraba con agitación y su frente expedía un profuso sudor, tenía arrugas que surcaban sus mejillas y una herida en un pómulo; la otra estaba erguida y miraba con notorio nerviosismo el trabajo de los soldados, se sobaba sus manos persisténtemente y movía su boca como si estuviera hablando en voz baja. Cuando estuvieron listos los stepes y patíbulos, el comandante echó una mirada a la turba que los había seguido hasta ese momento, a todo el contorno solitario del lugar y luego a sus hombres; sonrió e hizo un gesto con la mano como dando una autorización a algo que los soldados hubieran estado esperando con ansiedad por mucho tiempo. La soldadesca rodeó a las mujeres poniendo éstas miradas de terror. Dos hombres tomaron por detrás a la más joven, le jalaron la desordenada cabellera y golpeando con sus lanzas las piernas la hicieron arrodillar; ella dio un quejido tímido y le comenzó a temblar el labio inferior. El comandante mirándola le habló.

-Vuestra amiga será la primera, veréis lo que le haremos a ella y que será lo mismo que, luego, os haremos a vos.
La mujer mayor no parecía asustada sino más bien entregada y resignada a su suerte; sus ojos cansados estaban adormecidos y sus hombros caídos. Un soldado comenzó golpeándola con su puño en el vientre, luego otro hizo lo mismo, un tercero la abofeteó fuertemente en las mejillas, el siguiente le tironeó salvajemente del cabello enmarañado y así fue pasando por todo el pelotón de los ocho soldados que allí se encontraban. La mujer parecía una muñeca vieja y maltratada por niños traviesos, no decía ni se quejaba de nada y cerraba sus ojos. Un hilillo de sangre comenzó salir de la comisura de sus labios. Los hombres no paraban de jugar con ella mientras la otra, arrodillada, era espectadora sollozante de lo que se le avecinaba. La entrega y resignación de la mujer me deleitaron en extremo, pensé que ella era de aquellas que pronto se dan cuenta de que en la vida todo se vuelve inevitablemente soportable, hasta lo más atroz. Me imaginé a mí mismo entre esos soldados y que cuando me tocaba el turno para golpearle, la tomaba entre mis brazos y le preguntaba al oído lo que estaba pasando por su mente. Me imaginé besándola mientras ella no hacía el más mínimo esfuerzo por impedirlo o protestar así como lo estaba haciendo en ese momento, y me imaginé algo inaudito, extravagante incluso para mí, extravagante y absurdo, imaginé que le decía, os amo, mujer sufriente, os amo porque sois así entregada e indiferente a vuestra suerte, os amo por ser condenada, sois de las mías, sois de la malditas inmundas como yo.
CONTINUARÁ.

miércoles, 6 de abril de 2011

MARGINAL Y VICIOSO (Parte 8).

Cuando tenía 15 años ocurrió algo que definitivamente invadió mi espíritu con fuerza inusitada. Desde la cima de un montículo nos asomábamos agazapados con Joshua y "Ojo torcido" -un muchacho griego de 16 años de edad- acechando a dos buitres que comían abajo de nosotros. Formaba parte de una diversión cruel el cazarles con boleadoras cuando estaban en tierra comiendo; era muy fácil hacerlo ya que esas aves son muy glotonas cuando comen y no pueden volar con sus buches llenos de carroña. Cuando "Ojo torcido" se aprestaba a lanzar la boleadora, los buitres corrieron tratando de escapar. Pensamos que se habían percatado de nuestra presencia, mas pronto nos dimos cuenta que el motivo de su espanto era un grupo de soldados de a caballo que arriaban, como si fuera ganado, a dos mujeres que cargaban, cada una, un madero sobre sus hombros. La abrupta aparición me desconcertó y por un instante no reparé en lo que veía.
-Crucificarán a esas mujeres- dijo Joshua. Atrás de los soldados venía un grupo de hombres levantando polvo por su gran número. La cantidad de soldados también era grande comparado con lo que yo había observado en las crucifixiones.
Son mujeres- dije en alta voz lo que en realidad pensaba para mí.
-Sí, son mujeres, Khazim.
-¿cómo es posible?
-¿qué preguntáis, Khazim?, ¿no sois vos el que dice que todo es posible, hasta lo insoportable?, cometieron algún delito y los romanos las crucifican, eso es todo.

Una perturbación que antes no había experimentado me subió desde abajo hasta la cabeza. La cruz es un suplicio horrible y .......¿las mujeres también han de vivirlo?. Sí, también pueden llegar a ser criminales y condenadas y víctimas, y los azotes, los clavos, la sangre manando, la cruz áspera sobre su piel, su desnudez, su desnudez, sus vergüenzas de mujer expuestas, desnuda y humillada una mujer ¡por los dioses¡ me dije temblando. Sentí un leve mareo en mi cabeza y tragué saliva.

-Y ¿las crucifican como a los hombres? quiero decir ¿las flagelan?, ¿las desnudan?.
-Jajaja, pues sí, ¿os impresiona?, ¿no lo sabíais?
-no, nunca vi a una mujer ser crucificada, sólo a hombres.
-las flagelan antes, las hacen cargar el patíbulo a veces, las desnudan y las clavan a la cruz como a los hombres. En realidad no lo hacen igual, aunque a veces sí, nunca se sabe con los romanos son muy caprichosos. En la mayoría de las crucifixiones de mujeres que yo he visto las crucifican de pecho.
-¿de pecho? ¿cómo es eso?
-el hombre es colgado de espalda, su cara está mirando a los que observan, la cruz está atrás de él. La mujer, en cambio, es colgada de pecho, da la espalda al público mirón, muestra su culo desnudo. Pero no significa que lo vayan a hacer siempre así. He visto hombres crucificados de pecho como una mujer y mujeres colgadas como un hombre de espaldas. A veces los colocan de cabeza, o sin patíbulo. Seguramente a éstas las crucificarán como siempre, de pecho, es lo más probable, ya veréis.
-¿y por qué hacen esa variación?, ¿a las mujeres de pecho?
-hacéis demasiadas preguntas, pagano, ¿qué os importa?.
-¿no lo sabéis? es para humillarlas- dijo "Ojo torcido".
-a los hombres también los humillan, pero los crucifican de espalda- dije yo.
-la cruz siempre es para degradar, para maldecir y dejar infame al desdichado, que los dioses os libren de esa muerte, Khazim, y a todos nosotros. El hombre es despojado de sus vestiduras y puesto de espalda para que todo el que pase por el frente de la cruz vea sus vergüenzas colgando; para que vean que se mea de miedo y dolor y para que vean finalmente cómo se le pone enhiesto el sexo cuando ya está a punto de morir, entonces el ultraje es mayor y objeto de burlas.
-eso ya lo sé, "Ojo torcido", mas la mujer ¿por qué es colgada de pecho?
-para humillarla también, verás, la mujer al ser crucificada expone su culo desnudo y azotado. Como las mujeres son débiles y sin fuerzas, la fatiga y el dolor que sienten es atroz, yo creo que superan al del hombre, de modo que la mayoría de ellas, por no decir todas, se cagan a los ojos de aquellos que las están mirando. A los hombres rara vez les sucede eso, a las mujeres casi siempre, así tenéis que cada cual sufre lo suyo, cada cual es degradado allí donde más es débil y bajo y donde más le duele.

Las palabras de "Ojo torcido" me parecieron escalofriantes y fascinantes a la vez. Supe que era algo que había esperado toda mi vida para ver y deleitarme. Pocas veces había visto la desnudez de una mujer. Cuando niño, a la edad de siete años recordaba haber visto un pecho a mi madre que se le había salido por accidente cuando buscaba agua en un oasis, y al visitar el reino Sabeo pude apreciar las tetas desnudas de unas mujeres negras de Etiopía. Le había oído a mi padre decir, en esa oportunidad, que allá en Etiopía los negros andaban desnudos sin ningún tipo de vergüenza y que, a pesar de seguir al dios de los hebreos, no tenían demasiado pudor en relación a la exhibición de sus cuerpos argumentando el mucho calor que hay en aquél país. Desde siempre había visto mujeres cubiertas desde la cabeza a los pies por lo que la crucifixión de aquéllas dos me produjo una gran curiosidad y agitación. Los ojos de mis compañeros demostraban la misma ansiedad y sin decírnoslo siquiera nos dirigimos abajo para seguir el camino de las dos mujeres condenadas.
CONTINUARÁ.

miércoles, 30 de marzo de 2011

MARGINAL Y VICIOSO. (Parte 7).


Al día siguiente, apenas amaneció, corrí al lugar maldito para ver si el hombre seguía vivo. Quería comprobar lo dicho por aquel viejo de que el crucificado resistiría muchos días antes de morir. Con sorpresa comprobé que era cierto, el hombre aún estaba moviéndose, me maravillé.

-Otra vez vos, mocoso ¿acaso os burláis de mí, os gusta verme humillado y moribundo?-me dijo. Nada contesté y le dí de beber el agua que había llevado. Me dio las gracias y cerró sus ojos. Algunos peregrinos que pasaban se detenían un instante y luego continuaban su camino. Los buitres ya se habían posado no muy lejos de allí esperando su futuro alimento. Llegaron otra vez las "mujeres piadosas", esta vez eran tres, no eran las del día anterior excepto la mujer misteriosa. Le mojaron la cabeza y rostro, le dieron de beber agua y el jugo amargo-dulce y luego se retiraron. Se fueron con excepción de la mujer aquélla que quedó mirando como embobada la cruz. Siguió con su piedad hacia el hombre hasta que, a mediodía cuando el tránsito por el lugar se extinguía, se volvió y comenzó a insultarme.


-Sois un muchacho cruel, un demonio ¿qué hacéis aquí?

-lo mismo que vos, mi señora, sólo soy piadoso con un desgraciado.

-mentís, queréis robarme.

-no, mi señora, vos sabéis que no, lo sabéis muy bien, no robaría a una mujer decente.

-atrevido, insolente, ¿qué insinuáis?.


Furiosa comenzó a arrojarme piedras y yo me alejé a una prudente distancia. La presencia de la mujer hizo que fuera a dar una vuelta dentro de la ciudad. Al atardecer volví y con sorpresa comprobé que ella aún estaba allí. Comencé a contemplarla de lejos para ver qué hacía, mas nada pude ver fuera de lo común. Se marchó antes de caer la noche. Los días siguientes ya no se presentaron "las piadosas" salvo la mujer de siempre que se quedaba hasta el ocaso, así lo hizo todos los días que duró la agonía del hombre. Yo no podía acercarme sino cuando ella se iba con la caída del alba. Al tercer día, el hombre había perdido su ojo derecho y tenía picado el otro; los cuervos no esperaban como los buitres a que los crucificados murieran y les apetecían los ojos de las personas. Increíblemente el pobre hombre seguía con vida, pero la mayor parte del tiempo estaba desmayado, sólo su respiración entrecortada revelaba que no estaba muerto. Al quinto día murió y ya fue alimento de las ratas y los buitres. Os cuento con detalles los acontecimientos de la crucifixión y de las sensaciones que me asaltaban en la gran hondonada del basural de Jerusalem porque esos hechos importan por ser los iniciadores de mi "vicio"que se fue conformando a medida que el botadero y sus cruces de castigo y el atardecer rojo entraban en mi alma de manera extraña e inquietante haciéndose presente hasta en sueños y pesadillas absurdas y tenebrosas que colmaron mis noches y siestas de días de calor. Pasaron los meses y presencié más crucifixiones de condenados y conforme miraba aprendía las variantes del sufrir y morir en una cruz. Siempre las "piadosas" se hacían presente, pero tan sólo hasta el segundo día. La mujer extraña no dejaba de presentarse en cada ejecución, jamás faltó causándome una profunda intriga y a la vez perplejidad en el alma. Ella continuaba observándome hostil y claramente se incomodaba con mi presencia.
 Mi vida de vagabundo continuó igual, con la rutina diaria de robar frutas en el mercado durante la mañana y de vender en la calle de "La roca" morrales de cuero que yo mismo hacía a partir de los despojos de algún animal muerto que encontraba en el basural o cazaba cuando iba a los desiertos a las afueras de la ciudad. Si sabía de una crucifixión en el basural entonces procuraba seguirla de principio a fin o contemplaba a los ejecutados en el atardecer rojo de la agonía solar. Como en la mayoría de los casos, la mujer "piadosa" se presentaba. Yo no me atrevía a acercarme sino en la tarde cuando ya la gente y la mujer no estaban. El panorama del atardecer sobre el basural y la cruz era, ya os lo he dicho, lo que me complacía.Temía a ésa mujer, no sabía por qué. Sospechaba de ella, mi intuición me decía que ella compartía mi sentir o al menos se le parecía. Ella, como yo, no era como los demás mirones, es decir, éramos mirones también, pero por alguna razón los suplicios nos atraían de forma especial. ¿Creéis que estoy loco o que me ha poseído algún demonio o genio maligno?, probablemente tengáis razón. Yo pienso que si alguna vez fue así la posesión o locura ya acabó. Ya os contaré más adelante, no seáis impacientes. Los años transcurrieron, fui creciendo sin tener esperanza de que mi vida cambiara y sin ganas de que hubiera cambio, no era buena vida, pero yo sabía que todas las vidas que pudiera vivir serían iguales para mí, no me importaba nada salvo tener para comer, dormir y presenciar una crucifixión en el basural de tarde como única distracción. Cierto es que a menudo iba con Joshua o algún otro a las montañas o desiertos a cazar y que nos divertíamos en eso, pero el basural era más fascinante en su variedad de formas, olores y colores inmundos.

CONTINUARÁ.

miércoles, 23 de marzo de 2011

MARGINAL Y VICIOSO (Parte 6)

Después de dos horas, los únicos presentes éramos los soldados, yo y un grupo de cuatro mujeres cubiertos con velos sus rostros; éstas hacían de plañideras, gimoteando, poniendo cara de congoja y asistiendo al crucificado con paños húmedos en la cara y dándole en la boca lo que yo supuse era agua fresca. Pensé en ese momento que eran parientes del condenado.

-Tengo sed, dadme agua por favor, dadme agua, no lo soporto- decía el condenado mientras temblaba. Las mujeres, entonces, sin que los soldados se lo impidieran, se acercaban a la cruz y de un odre le daban de beber, más bien de dos odres: primero de uno y luego del otro; me pregunté el por qué y luego recordé lo que me había dicho Joshua: un odre contenía agua y el otro era una bebida amarga-dulce que tenía propiedades para adormecer el cuerpo de modo que el dolor no fuera sufrido en toda su intensidad, ésa bebida era preparada por un grupo de las llamadas "mujeres piadosas de Jerusalem" que se organizaban en una especie de cofradía compasiva realizando diversas actividades, todas de carácter piadoso: consuelo a deudos de muertos, asistencia en el trance de la muerte, plañideras en funerales de menesterosos, limosnas a necesitados y ésta de dar la bebida dulce-amargo a los condenados a la pena infame. Joshua conocía bien de aquéllo ya que el vicio particular de él era beber de ese brebaje sin necesidad de tener alguna herida o dolencia. Singular me resultaba el hecho de que cada cierto tiempo el hombre crucificado rogaba a gritos, a los soldados, que le ultimaran con un golpe de espada o con la lanza, mas nunca rechazaba los odres que le ofrecían las mujeres para calmar su dolor o sed, nunca, a pesar de que esto sólo le prolongaba el sufrimiento; deseaba una muerte pronta para dejar de sufrir pero no rechazaba lo que, precisamente, le alargaba la tortura. Si los romanos habían ideado esa manera para castigar a alguien habían sido muy inteligentes; lograban un suplicio enloquecedor porque ciertamente un crucificado enloquecía al querer morir para no sufrir más pero, al mismo tiempo, deseaba con desesperación alejar el dolor que le llevaría a su pronta muerte tan deseada. Yo tenía razón: lo insoportable se vuelve soportable y se prefiere hasta lo aborrecible. Cuando transcurrieron tres horas, los soldados se fueron después de lo cual las mujeres piadosas decidieron irse también salvo una que siguió por un tiempo más. Esta me miró hostilmente cuando se percató de mi presencia atrás de ella, mas nada dijo. Siguió orando arrodillada en el suelo y mirando al condenado y a cada tanto, dándole a beber y mojándole la cabeza. Parecía joven aún comparada con sus amigas. Era extraño verla en ese lugar tétrico: una mujer fuera del hogar debía ser acompañada de un hombre (su hijo, padre o marido) o de otra mujer, mas nunca andar sola. Por el velo supe que era casada. Después de un rato se volvió hacia mí y dijo,
-niño, éste lugar no es para vos, sois demasiado pequeño, ve a vuestra casa.
-no tengo hogar, soy huérfano, soy un pobre, mi señora. ¿No tenéis algo que darme por el amor de Adonay misericordioso?
-no molestéis, pequeño ladronzuelo, conozco a los de vuestra ralea, siempre prestos a robar, ¿acaso no os vasta mirar cómo terminan su vida los vagabundos como vos? así terminaréis, en la cruz.
Resultaba tan extraño que dicha mujer no se mostrara asustada de quedar sola conmigo a su lado sino enfadada, ciertamente deseaba verse sola al pie del crucificado. Los caminantes habían dejado de pasar puesto que a esa hora del día el calor aumentaba y no pasarían hasta el día próximo debido a que, al atardecer y la noche, el basural era muy temido por todos. De mi morral extraje una fruta que había robado el día anterior y me eché a dormir en un rincón no muy lejos de ahí esperando los arreboles que tanto me gustaba contemplar. Cuando desperté atardecía y la mujer aún estaba allí, había pasado casi todo el día junto al condenado. Debe ser una pariente del hombre, me dije. Al verme regresar, la mujer se levantó y se fue rauda lanzándome una mirada de desprecio. Llegué junto a la cruz y me acerqué casi hasta tocar al hombre. Seguía suspirando y gimoteando en susurros. La penumbra lo cubrió todo tiñendo de rosado o rojo lo que podía contemplar con mis ojos; la brisa pequeña se dejó caer a la misma hora de siempre y miré al colgado. De pronto, sin razón aparente, el hombre se comenzó a convulsionar como en un ataque, abriendo sus ojos y su boca y ahogando sus gritos. La sangre manó profusamente de los orificios que atravesaban sus antebrazos y talones al moverse con tanta violencia terminando por caer en la inconsciencia. Quedó con su cara inclinada. Parecía descansar pacíficamente. Yo cerré los ojos y luego los abrí: la brisa, los colores y el crucificado se combinaron de una forma que me pareció fascinante. Envidié al condenado en ése preciso instante, envidié su suerte de agonizar en medio de la inmundicia y de los colores de aquel atardecer, envidié el brillo de su cuerpo sudoroso que reflejaba el sol que moría.

CONTINUARÁ.

jueves, 17 de marzo de 2011

MARGINAL Y VICIOSO (Parte 5)

Al cabo de unos días, una mañana muy temprano en que saludé al sol desde el borde de la muralla norte, el barullo de una turba y los cascos de unos caballos que salían por la puerta de la ciudad, llamaron mi atención. Eran los soldados que llevaban a un hombre cargando el patíbulo sobre sus hombros; los seguían muchas personas algunas de las cuales parecían ser sus parientes atendido el lloriqueo que mostraban; también había otros que iban insultando y arrojando frutas podridas al condenado. El hombre iba mirando el suelo y no parecía fatigado. Así como el hecho llamó mi atención, lo hizo con otras personas que compraban en la pequeña feria que hay en la puerta norte de modo que algunas de ellas comenzaron a unirse a la turba formando una multitud más grande. Debía adelantarme para obtener un buen lugar por lo que corrí hacia el basural, hacia el lugar de los troncos ruinosos, ya que estaba cierto de que para allá se dirigían.
Cuando llegaron,  el hombre parecía tranquilo y sin miedo. Los soldados le quitaron el patíbulo de los hombros y le ordenaron se desnudara. El se quitó la túnica que llevaba encima, muy colaborador, y quedó tan sólo con el taparrabos. Un soldado lo miró fijo a los ojos,  mirada que él correspondió interrogante. Una fuerte bofetada en la mejilla con toda la palma y luego un puñetazo en la barriga dieron con el desnudo al suelo. Entre dos soldados lo patearon fuerte, mas el hombre no se quejó.-Os dije desnudáos, sucio ladrón-dijo el soldado; acto seguido le arrancaron el taparrabos e instintívamente el hombre se cubrió sus vergüenzas con la mano, su rostro se afligió y dijo,-Nooo por favor.
-os avergonzáis ahora, mas no teníais vergüenza cuando asaltábais a vuestros paisanos en los caminos o ¿acaso tenéis el sexo de una niña?
Los seis soldados que formaban el pelotón rieron ante la pregunta de su compañero y más aun cuando el hombre empezó a llorar.
-jajajajaja, mirad como llora, teníais razón, parece ser una niña.
La burla sólo estimuló más al condenado en su gimoteo. La gente guardaba silencio y ya no insultaban.
Antes de clavar las muñecas, el soldado palpó con los dedos el lugar preciso y golpeó el clavo con fuerza. El hombre gritó agudamente y se estremeció; volvió a gritar una vez más y a estremecerse con el segundo clavo en su otra muñeca. Los espectadores miraban con los ojos muy redondos y quietos. Al atravesar los talones debajo del tobillo, el grito fue realmente espantoso; eso debe doler, me dije. El hombre, acostado de espalda, seguía gritando aún después de terminar el soldado el claveteo. Rápidamente lo levantaron y fijaron el patíbulo al tronco. El hombre entonces quedó colgado de sus muñecas hasta que el madero travesaño fue totalmente ajustado; luego tomaron sus piernas, las flectaron y clavaron sus tobillos, ya atravesados, al tronco; nuevamente más gritos desgarradores hasta que se desmayó. La sangre comenzó a manar en hilos por la morena piel. La multitud comenzó nuevamente con sus insultos y a arrojarle cosas, por lo que los guardias lanzaron algunas estocadas para hacer que se calmaran. Del cuello le colgaron una tablilla con una inscripción en letras griegas. Pregunté lo que decía la tablilla y nadie lo sabía; de pronto, un hombre viejo dijo,

-dice, "Así terminan los asaltantes de caminos". Este delincuente durará mucho en su agonía, observad, casi no lo azotaron, debió de ser muy malvado para que los soldados le vapulearan tan suave.
-No comprendo, señor- dije.
-Un duro flagelo ayuda para una muerte rápida, los soldados acostumbran a flagelar superficialmente a aquéllos que han sido malvados para que su agonía se prolongue por muchas horas, hasta por días. Este hombre se ve fuerte y musculoso, su tortura será interminable, ya lo veréis.

En verdad fue así, tan sólo al cabo de cinco días el crucificado murió. Cuando ya había pasado una hora de haber sido colgado la gente comenzó a irse del lugar perdiendo interés. El hombre había despertado de su desmayo y vuelto a caer en la inconsciencia repetidas veces dentro de esa hora, entremedio de gritos y suspiros, y conforme el sol iba ascendiendo por el cielo, éstos aumentaban su frecuencia así como el sudor. Las lágrimas manaban de sus ojos y el hombre los cerraba para no mirar a la gente que lo observaba, parecía que el pudor que sentía era la mayor tortura para él; gran curiosidad me producía eso, era como un dolor del alma, me decía a mí mismo y me imaginaba sintiendo esa vergüenza insoportable, pero no era insoportable sino soportable y he ahí lo terrible de ser hombre, así era la vida, todo al final terminaba siendo soportable. Era estremecedor ver todo aquello, pero al parecer la gente gozaba con ello. Es cierto que muchos lloraban, ponían caras de horror, se tapaban los ojos, pero estaban allí viendo de todas formas, sometidos a una especie de lujuria; en cambio, aquellos que se mostraban burlones o que insultaban al condenado, me parecía que no gozaban, para éstos la crucifixión era tan sólo un hecho que era visto con algún sentimiento de crueldad, mas no de deleite como en los anteriores. Al cabo de un rato ya no me interesó tanto el crucificado como los espectadores. El instante previo a ser colgado y la clavada misma e izamiento eran lo que concitaba el mayor interés el cual iba decreciendo de a poco después de esto; la gente se marchaba. Transcurrido media hora, los lamentos, gemidos y retorcimientos de cuerpo del colgado se espaciaban en el tiempo mucho más con largos "descansos" entremedio lo que hacía que las personas se aburrieran. Los caminantes que, de cuando en cuando, pasaban por el basural para acortar camino a la ciudad, se detenían, mas pronto se iban. ¿Qué era lo que yo experimentaba? ¿era acaso esa especie de lujuria que observaba en los demás?. Seguía mirando al hombre en su terrible agonía y me preguntaba tantas cosas, hubiera querido acercarme a él, interrogarlo sobre sus sentires, dolores e impresiones, o con la ayuda de algún poder divino o brujeril leer sus pensamientos o, más aún, poder entender lo que acontecía en su cuerpo y alma al sufrir de esa manera, poder transformarme yo en el crucificado. También me fascinaba otro tanto lo que acontecía dentro del alma de los mirones, ¿qué cosas les evocaba lo que estaban observando?, ¿su cara de horror, de dónde venía?, ¿tenían la misma curiosidad que yo?, ¿qué buscaban al ver la tortura de un hombre?, ¿sentían miedo?, ¿era deleite?, me hacía preguntas que no podía hilvanar con palabras, ansiedades que no alcanzo a expresar ni comprender.
CONTINUARÁ.

miércoles, 9 de marzo de 2011

MARGINAL Y VICIOSO (Parte 4).

Comenzaba a atardecer y el espectáculo del basural en la penumbra roja ya se anunciaba. Joshua comenzó a temer; la perspectiva de quedar en la oscuridad absoluta en el mismo lugar donde habían crucificado a alguien no le agradaba; para los hebreos, y para la gente en general, un muerto insepulto comienza a deambular lamentándose horrorosamente, buscando la compañía de otro ser ya sea vivo o muerto, búsqueda inútil por lo demás ya que de todos los lugares sería expulsado por su condición de maldito. Ser testigo de dicho sufrimiento y lamentación es algo que espanta a cualquiera, tal vez porque nos recuerda que nadie está completamente libre de sufrir semejante tortura. Pero a mí no me espantaba, yo ya era un ser maldito sin remedio, ya vagaba sin hogar ni compañía, había perdido el miedo. Si las cosas de la vida temporal me eran indiferentes, ¿cómo habrían de inquietarme las de la vida ultraterrena? si moría, aunque no fuera en cruz, nadie reclamaría mi cuerpo para la sepultación y las autoridades, viendo mi extranjería, se limitarían a incinerarme para evitar pestes, quedando maldito por siempre; así, de todas maneras estaba perdido.

Joshua se fue dejándome junto al crucificado. Esperaba algo, pero no sabía qué. Hasta que el arrebol del ocaso tiñó el basural y con él el cuerpo del hombre colgado. Su estado lamentable, su cara de espanto, su cuerpo humillado por la desnudez adquirió algo así como un estado de reposo, de profundo sueño plácido sin perturbaciones ni inquietudes. El patetismo de la muerte se esfumó, la brisa se despertó y se enredó en mi cabello; de pronto, casi sin darme cuenta, cerré los ojos e incliné la cabeza, luego los abrí y me ví con los brazos extendidos en cruz. Los colores de todo en rededor eran tan intensos que decidí acostarme boca arriba en el suelo continuando con mis brazos en cruz y mirando el cielo que empezaba a oscurecer de a poco. Tal vez me dormí en ése lugar de muerte ya que un rumor me hizo sobresaltar, los rumores eran decenas, cientos y miles, pero la oscuridad ocultaba a sus autores; eran las ratas (mis compañeras) que reclamaban su lugar en el territorio de los malditos y yo retrocedí; respetaba el tiempo de ellas en la noche, así que me fui.

El evento de encontrar aquel cadáver del condenado hizo que aumentara mis expediciones al basural. Deseaba ver una crucifixión, quería ver cómo era que un hombre enfrentaba aquel castigo cruel. Habría sido fácil ir al Gólgota ya que a menudo crucificaban bandidos allí y los había tantos en los alrededores de la ciudad así como en los caminos. Eran hombres temibles aquéllos bandidos, incommovibles, crueles y ladrones; tenían una vida turbulenta, pero las muertes que encontraban también eran turbulentas. Yo no me animé a ir ya que algo me decía que lo buscado no sería hallado, así que esperé, esperaba de la mañana a la tarde en el basural deambulando por las cercanías de los olivos secos que era el lugar más apto para una crucifixión ya que se aprovechaba el grueso tronco como stepe o poste. Los troncos secos de los olivos que aún se mantenían en pie eran los restos de un bosque que había existido en épocas inmemoriales. Era fácil reconstruir con la imaginación el vergel que había ocupado el basural: el pequeño arroyo ahora extinto porque había sido desviado para que la ciudad aprovechara sus aguas y las granjas y viviendas cuyas ruinas todavía se asomaban por sobre la basura; los pastores y campesinos de antes habían sido cambiados por miserables como yo, y los chivos y corderos por ratas y buitres.
CONTINUARÁ.

miércoles, 2 de marzo de 2011

MARGINAL Y VICIOSO (Parte 3)

Cierto día, recorría cabizbajo el botadero junto a Joshua cuando, al levantar la cabeza, divisé a lo lejos algo diferente en uno de los troncos de olivos secos; fue la semana siguiente a la de haber descubierto el basural. Nadie me había hablado de aquello, tal vez por no considerarlo importante, tal vez por pensarlo ya sabido.
-Allá hay algo, Joshua.
-¿Dónde ?
-Allá, en el viejo olivo seco.
-Aaaah, es un crucificado.
Nos dirijimos en su dirección. Para mí era otra novedad de la que no estaba enterado y yo deseaba conocer todos los secretos de mi pestilente mundo. Llegamos junto a él; estaba muerto. Su cuerpo lucía completamente desnudo, incluso sus vergüenzas; tenía marcas de azotes por todos lados, sus muñecas estaban atravesadas por clavos que lo mantenían colgando con los brazos abiertos; sus piernas flectadas y abiertas estaban también fijadas al tronco a través de sus talones los que ennegrecían alrededor del clavo, su trasero estaba apoyado en una protuberancia minúsclula fijada al tronco. La sangre que se suponía derramada desde sus heridas ya estaba seca y no manaba. Los ojos del muerto estaban abiertos y saltones, la expresión de dolor o de horror se acentuaba con la boca abierta. No se veía pálido y los buitres aún acechaban cuando llegamos junto a la cruz.
-Cuando murió, gritó- dije yo.
-No.
-Sí, tiene la boca abierta y los ojos de espanto, estaba gritando cuando murió y quedó así, ya lo he visto otras veces.
-No, Khazim, no estaba gritando, más bien se ahogaba y trataba de respirar. Vos no habéis visto crucifixiones antes, en cambio yo las he visto desde que recuerdo.
-tenéis razón, no he visto, es la primera vez que veo una en donde se cuelga con clavos y desnudo al condenado.
-éste murió hace poco, no duró mucho. Ayer no lo ví, eso quiere decir que lo crucificaron esta mañana. Hay hombres que duran vivos días, hasta siete días, mas éste era débil.... ....mejor para él. Los buitres todavía no han comenzado a comérselo, ni hay ratas alrededor.
El sexo del muerto estaba erguido; le pregunté a Joshua la razón; él se ruborizó y me dijo que cómo me atrevía a preguntar eso, que se notaba que era extranjero.
-Al final de la agonía de los hombres el falo se levanta; para eso los cuelgan desnudos, para que todo el mundo vea eso, para que sea objeto de mofas y de humillación, para que quede maldito hasta más allá de la muerte.
-¿por qué no me habíais mostrado esto, Joshua? no sabía que en éste lugar se crucificaba gente.
- En este lugar no se hacen crucifixiones sino en la colina de la calavera, el "Gólgota", al otro lado de la ciudad en la muralla sur. Cuando hay demasiadas cruces allá o así lo deciden por otra razón, entonces lo hacen aquí que es el lugar más maldito de todos y el más tétrico. Si tuviérais que morir en la cruz, khazim, créeme, preferiríais hacerlo en el Gólgota, aunque te viera la multitud más numerosa; por acá pocos vienen porque apesta y eso es más humillante y triste aún. ¿Para qué os iba a deciros lo de la cruz? los muertos en la cruz están malditos, no se van al Seol, no se deben tocar y si lo hacéis quedáis maldito también, además no tiene provecho, nada sacáis de un crucificado, le quitan las vestiduras de las que se adueña el soldado que lo crucificó, ésa es su paga para éste trabajo ingrato y terrible.
Joshua tenía razón, nada se saca de un crucificado, sólo más pestilencia y hedor. Los colgados quedan ahí, expuestos hasta que su cuerpo se corrompe o los quitan para crucificar a otros hombres y luego arrojarlos a lo profundo del botadero. Nosotros vagábamos por el basural buscando siempre algo para aprovechar y de la muerte no sale nada ¿o tal vez sí?. De la muerte volvía a salir vida, pero una vida pequeña e inferior, el muerto se mosqueaba, se agusanaba y volvía a vivir en formas bajas y diminutas como las heces hacían con las larvas de las moscas, así la vida de los hombres se va degradando a vidas más pequeñas y miserables .
CONTINUARÁ.