Esta sensación de extranjería ¿es una psicopatía? tal vez yo no sea un tipo tan interesante como pensé. Tengo las manos, y sobre todo los dedos, helados, tan helados que casi no los siento y se me dificulta enormemente el escribir. Me gustaría que el sólo hecho de escribir en éste cuaderno con mi lápiz de ti y pensando en ti provocara tu aparición inmediata ante mí para que me dieras cuenta de tus actos y tus razones y fundamentos y-sobre todo por eso- para volver a escuchar tu voz. Yo no te ví como una fémina especialmente complicada como otras que conozco por ahí. ¡Vamos¡ quiero verte de pie, en sólo sostenes y calzones, con esa lencería violeta ¿o era fucsia el color? quiero abrazarte, sentir el calor que desprende tu cuerpo ¡Vamos¡ toca mis dedos, siéntelos, caliéntame estas manos ¿fuiste tú la que se quejó de mis manos permanentemente heladas? ¿o fui yo mismo el que te lo señaló? creo que fui yo.
-debajo de mis tetas se te calentarán- me dijiste y resultó ser tan cierto. Ya se me paró ¿ves? lo tengo tieso y duro como esa vez. Para compensar tu gentileza quiero calentar tus pies helados, me es fácil hacerlo. ¡Por dios, te extraño¡ ¿no me sientes? ya no me sientes, te aburriste de mí, tengo esa capacidad de aburrir a las mujeres, más bien de cansarlas. Todos se cansan y yo sigo corriendo, nadie entiende las razones de esa carrera. Pero volvamos a ti; te digo que te extraño y lo de siempre: que me gustaría abrazarte, besarte, tomarte de las manos, entrelazar los dedos, chupar tus pechos, decirte cochinadas y palabras locas por libre asociación: tetona, tetona, oscuridad, tu boca, quejidos, quiero comerte, saca la lengua, sonidos guturales y absurdos, berridos de perro, gemidos de chancho.
¿Por qué ya no estás?, eras la única con quien hablaba de verdad, no había simulación; ya no estás, ya no estás.
Volar en círculos
Hace 1 semana
Sin duda quería decirme algo pero la dejé ahí casi colgada y con su culo helado. Continuó la estufa encendida, apagué las luces y salí de la cabaña. Eran las 10 de la noche y corría una brisa. Caminé por la oscuridad hacia la playa. Cuando llegué a la costa me dirigí a la casa de Pablo Neruda. Nunca había estado allí. Caminé a su alrededor. Se me antojó que si Neruda hubiera conocido a la dolorosa, con seguridad le habría inspirado un poema, "Oda a la Dolorosa" o algo así se intitularía, es más, cualquier artista se habría inspirado en ella. Seguí caminando y descubrí un bar; entré. Estaba lleno de gente, muchos de ellos extranjeros; pedí una cerveza. Se me acercó una gringa bonita que entró a dialogar. La cerveza fue borrando mi timidez y aumentando la locuacidad de ella y la mía. Ya más tarde, comenzó a cantar una mina acompañada de una guitarra. Mientras escuchábamos, tomé la mano de la gringa sin temor al rechazo, ella puso su cabeza en mi hombro por respuesta. Seguimos bebiendo, pasaron las horas. El bar fue cerrado y prácticamente fuimos expulsados del lugar. Fuimos a la playa y nos tiramos en la arena contemplando el cielo estrellado completamente ebrios. En medio de la somnolencia alcohólica apareció la dolorosa, la había dejado sola, colgando y con el culo taponeado ¡Dios mio¡ ¿qué hice? miré a la gringa, estaba durmiendo su mona; ya casi iba a amanecer. Corrí hacia la cabaña, no paré de correr. Esta vez el maratón era para rescatar a la dolorosa, mi princesa dolorosa. Mientras corría pensaba en lo estúpido que era en todos los sentidos: en seguir el juego de Claudia, en dejarme manipular por ella, en pretender estar enamorado de esa impúdica, en querer darle una lección y en dejarla sola con ese cubo en el cuerpo. Aceleré el paso, me sentía lleno de energía, era extraño y más aún sin haber dormido y con todo ese alcohol en mi sangre. Llegué a la cabaña y ahí estaba, colgando y hermosa como siempre. Sus ojos cerrados, desmayada. Había algo que le chorreaba por los muslos ¡Dios mío¡ se había cagado; tal vez intentó expulsar el cubo o fue producto de un desajuste intestinal causado por enfriamiento. La desaté, le saqué las pinzas de los pechos, le hablé; apenas abrió lo ojos. 